Populorum Progressio fue promulgada en un período de creciente conciencia global sobre las disparidades económicas y sociales entre el Norte y el Sur del mundo. El Concilio Vaticano II había profundizado la comprensión de la Iglesia sobre su papel en el mundo moderno, y esta encíclica se convirtió en una expresión concreta de las exigencias del Evangelio en el ámbito del desarrollo humano1. El Papa Pablo VI, con una clara conciencia de estas demandas, consideró su deber ayudar a todas las personas a explorar este grave problema en todas sus dimensiones y a comprender la necesidad de una acción concertada1.
El Papa Benedicto XVI, más de cuarenta años después, calificó a Populorum Progressio como la «Rerum Novarum de la era actual», destacando su importancia para iluminar el camino de la humanidad hacia la unidad y el desarrollo humano integral2. La encíclica Rerum Novarum de León XIII (1891) había abordado la «cuestión obrera» y las relaciones entre capital y trabajo, sentando las bases de la Doctrina Social de la Iglesia3,4. Populorum Progressio expandió esta perspectiva, afirmando que la cuestión social había adquirido una dimensión mundial5.
