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Posesión demoníaca

La posesión demoníaca designa, en la doctrina y en la práctica pastoral de la Iglesia católica, una forma extraordinaria de dominio del demonio sobre el cuerpo y las facultades sensibles de una persona, sin que el demonio pueda apoderarse de su alma ni destruir su libertad espiritual. La Iglesia reconoce la posibilidad de este fenómeno, pero lo considera raro, exige una investigación prudente y distingue cuidadosamente la posesión de las enfermedades físicas o psicológicas, de la tentación, de la vejación y de la infestación de lugares u objetos. El exorcismo mayor pertenece al ministerio litúrgico de la Iglesia y sólo puede celebrarlo legítimamente un sacerdote autorizado expresamente por el obispo diocesano.1,2,3

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePosesión demoníaca
CategoríaTérmino
DescripciónDominio extraordinario del demonio sobre el cuerpo y los sentidos, sin afectar el alma. Forma extraordinaria de dominio del demonio sobre el cuerpo y las facultades sensibles de una persona, sin que el demonio apodere su alma ni destruya su libertad espiritual. La posesión demoníaca es reconocida por la Iglesia como un fenómeno raro que implica un dominio del demonio sobre el cuerpo y las facultades sensoriales de la persona, distinto de enfermedades, tentación o vejación. Requiere investigación prudente y, de confirmarse, se trata mediante el exorcismo mayor, un rito sacramental autorizado por el obispo diocesano
Referencias
  • Los Evangelios narran que Jesús expulsó demonios, como en el caso del hombre de Gerasa y el muchacho arrojado al fuego y al agua.
  • El Catecismo distingue demonio de enfermedad psicológica
  • la Congregación para la Doctrina de la Fe emite directrices sobre discernimiento y autorización de exorcismos.
Autoridad EclesiásticaObispo diocesano, que concede la licencia especial al sacerdote autorizado.
ContextoDoctrina y práctica pastoral católica sobre la demonología y los sacramentales.
Contexto HistóricoPresente desde la tradición cristiana primitiva; codificado en el Ritual Romano de Exorcismo y en el Código de Derecho Canónico (Can. 1172).
EjemplosExpulsión del hombre poseído por una legión en Gerasa; liberación del muchacho que era arrojado al fuego y al agua.
ImportanciaAfirma la realidad del mal, protege la dignidad humana y orienta la pastoral mediante la prudencia, la medicina y la autoridad eclesial.
TipoTérmino teológico, Acción demoníaca de dominio corporal, Posesión, diferenciada de vejación y de infestación de lugares u objetos
Uso LitúrgicoRito del exorcismo mayor, clasificado como sacramental, que solo puede celebrarlo un sacerdote con licencia del obispo.

Tabla de contenido

Concepto teológico

La Iglesia enseña que Satanás y los demás demonios son criaturas espirituales personales, ángeles caídos que actúan contra Dios y contra la salvación del ser humano. Su acción no equivale al pecado: el pecado constituye un acto personal del ser humano, mientras que el demonio intenta inducirlo al mal y mantenerlo en él. La persona conserva la responsabilidad moral de sus actos cuando presta libremente su consentimiento a la tentación.4

La posesión constituye una forma extraordinaria y particularmente intensa de influencia diabólica. En ella, el demonio puede ejercer un dominio sobre el cuerpo y sobre determinadas manifestaciones sensibles de la persona, hasta el punto de obstaculizar temporalmente el uso ordinario de sus facultades corporales. La tradición teológica distingue este dominio de la persona misma: el alma humana no queda convertida en propiedad del demonio ni pierde la imagen de Dios.1,5

El poder demoníaco permanece siempre subordinado a la providencia divina. La tradición cristiana afirma que el demonio no puede actuar sin los límites permitidos por Dios, como muestra el relato bíblico de Job. Esta afirmación no atribuye a Dios la malicia demoníaca, sino que proclama la soberanía de Dios incluso en el contexto del misterio del mal.6

Distinción entre tentación, pecado y posesión

La actividad ordinaria del demonio adopta principalmente la forma de tentación, es decir, una incitación al pecado que no elimina la libertad humana. El demonio puede sugerir, engañar o estimular una inclinación desordenada, pero la persona conserva la posibilidad de aceptar o rechazar esa sugestión.4

El pecado tampoco equivale a una posesión. Una persona puede cometer pecados graves sin estar poseída, y una persona afectada por una perturbación extraordinaria no tiene por qué haber cometido pecados que hayan causado esa situación. Los relatos evangélicos muestran, además, casos de personas afectadas desde la infancia, lo que impide establecer una relación automática entre posesión y culpa personal.7

La doctrina católica evita dos errores opuestos:

  • Negar por principio toda acción demoníaca, como si la realidad espiritual no formara parte de la fe cristiana.
  • Atribuir al demonio cualquier sufrimiento, conducta extraña o enfermedad, sustituyendo el discernimiento por la credulidad.

La Iglesia mantiene simultáneamente la realidad del demonio y la obligación de examinar cada caso con prudencia. El Catecismo distingue expresamente la enfermedad, especialmente la enfermedad psicológica, de la acción del Maligno y exige determinar, antes de practicar un exorcismo, si existe realmente una presencia demoníaca.8

Manifestaciones descritas en la tradición cristiana

Los Evangelios describen personas sometidas a diversas perturbaciones: pérdida del habla, incapacidad para ver, convulsiones, violencia contra sí mismas y conductas autodestructivas. El relato del muchacho presentado a Jesús incluye caídas, espuma, rechinar de dientes y ataques que lo arrojaban al fuego o al agua.1

Estas descripciones no permiten elaborar una lista automática de síntomas. Ningún signo aislado demuestra una posesión demoníaca. Una enfermedad neurológica, un trastorno psiquiátrico, un trauma, una intoxicación u otras causas médicas pueden producir comportamientos parecidos. La tradición pastoral de la Iglesia, por este motivo, reclama una evaluación seria y evita convertir los fenómenos llamativos en pruebas concluyentes.2

La tradición también ha considerado que, en ciertos casos, la influencia demoníaca puede obstaculizar temporalmente el funcionamiento normal de los sentidos o de los órganos. Esta interpretación no autoriza a prescindir de la medicina ni permite concluir que toda discapacidad o enfermedad tenga un origen diabólico.7

Posesión, vejación e infestación

La Iglesia distingue varias formas de acción extraordinaria del demonio. La terminología puede variar entre autores y tradiciones, pero la diferencia pastoral resulta fundamental.

Posesión demoníaca

La posesión implica un dominio extraordinario del demonio sobre el cuerpo y sobre determinadas expresiones sensibles de una persona. El exorcismo mayor se dirige específicamente a la expulsión del demonio o a la liberación de una persona de la posesión demoníaca.2

La posesión no significa que el demonio se convierta en el alma de la persona ni que la persona deje de ser responsable de su dignidad y de sus derechos. El poder del Maligno no puede borrar la imagen de Dios presente en el ser humano.1,9

Vejación u obsesión diabólica

La vejación, llamada también obsesión en parte de la literatura espiritual, consiste en ataques o perturbaciones que afectan desde fuera a una persona. Puede incluir sufrimientos físicos, alteraciones externas, opresiones, perturbaciones persistentes o agresiones extraordinarias sin que exista un dominio interno del cuerpo comparable al que caracteriza la posesión. La tradición distingue este tipo de sufrimiento de la posesión propiamente dicha.1,10

El Ritual Romano describe la vejación u obsesión como una forma particular de sufrimiento que puede afectar incluso a una persona incorporada a la Iglesia y orientada a vivir como hija de la luz. La Iglesia responde con oración, acompañamiento, vida sacramental y otras ayudas pastorales; no identifica automáticamente estos casos con la posesión ni aplica sin discernimiento el rito mayor.10

Infestación de lugares u objetos

La infestación se refiere a una perturbación extraordinaria vinculada a un lugar, una vivienda, un objeto u otra realidad material. La tradición católica admite que los demonios, dentro de los límites permitidos por Dios, pueden actuar sobre el mundo material y perturbar ciertos lugares u objetos.11

La oración destinada a un lugar o a un objeto no equivale al exorcismo mayor de una persona. El Ritual Romano contiene oraciones exorcísticas y súplicas distintas para situaciones relacionadas con cosas o lugares; estas oraciones no deben confundirse con el rito solemne dirigido a la liberación de una persona poseída.2

Comparación pastoral

FenómenoRealidad afectadaRespuesta ordinaria
TentaciónLa voluntad y la inteligencia mediante una sugestión moralOración, vigilancia, conversión y vida sacramental
Vejación u obsesiónLa persona, mediante ataques o perturbaciones extraordinariasAcompañamiento pastoral, discernimiento y oración
PosesiónEl cuerpo y las facultades sensibles bajo un dominio extraordinarioInvestigación eclesial y, si procede, exorcismo mayor
InfestaciónUn lugar, objeto o realidad materialOración o bendición autorizada para esa situación

La tabla resume distinciones pastorales tradicionales; ningún diagnóstico puede establecerse sólo por la descripción de síntomas o por la interpretación subjetiva de la persona afectada.10,2

Fundamento bíblico

El ministerio de liberación de Jesús forma el fundamento bíblico del exorcismo cristiano. Los Evangelios narran que Jesucristo expulsó demonios y ejerció autoridad sobre ellos. También muestran que confió a sus discípulos una participación en esa misión, siempre en su nombre y no mediante un poder autónomo.2

Entre los episodios evangélicos relacionados con la expulsión de demonios aparecen:

  • La liberación de personas privadas del habla o de la vista.
  • La expulsión de espíritus impuros.
  • La liberación del hombre de Gerasa, asociado a la expresión «Legión».
  • La curación del muchacho atormentado por un espíritu que lo arrojaba al fuego y al agua.
  • La enseñanza de Jesús sobre la necesidad de la fe y de la oración.

La finalidad de estos relatos no consiste en satisfacer la curiosidad sobre el mundo demoníaco, sino en proclamar la victoria de Cristo sobre Satanás y el poder del Reino de Dios. La Iglesia continúa esa misión invocando el nombre de Jesucristo y pidiendo la liberación del mal.2,6

La victoria de Cristo

La posesión demoníaca, incluso cuando reviste una gravedad extraordinaria, no constituye una derrota definitiva para Cristo. El centro de la fe cristiana no es el poder del demonio, sino la victoria pascual de Jesucristo. La acción exorcística de la Iglesia participa de esa victoria y remite a la autoridad que Cristo confió a su Iglesia.10

El Bautismo incorpora al creyente a la muerte y resurrección de Cristo, libera del pecado y lo introduce en la libertad de los hijos de Dios. Los exorcismos bautismales, tanto en la iniciación de adultos como en el bautismo de niños, expresan la lucha espiritual contra el poder del demonio y preparan para recibir la gracia del Salvador.12

La existencia de una tentación o de una perturbación extraordinaria tampoco permite concluir que Cristo haya abandonado a la persona afectada. La Iglesia acompaña al sufriente, invoca la protección de Dios y recuerda que el poder del demonio permanece limitado.6,10

El exorcismo en la Iglesia católica

El exorcismo es una oración específica con la que la Iglesia pide, pública y autorizadamente, en el nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto quede protegido frente al poder del Maligno y sea sustraído de su dominio. No constituye una fórmula mágica ni una técnica de control espiritual. La eficacia del rito procede de Dios y de la autoridad de Cristo, no de las capacidades personales del ministro.2,12

Exorcismos menores

Los exorcismos menores forman parte de la preparación catecumenal y de la celebración del Bautismo. También existen oraciones de súplica que los fieles pueden utilizar privadamente en su lucha contra el mal, siempre dentro de la disciplina litúrgica y pastoral de la Iglesia.2

Estos exorcismos no implican que la persona bautizada esté poseída. Expresan la petición de liberación del pecado, de fortalecimiento espiritual y de protección frente a las insidias del demonio.12

Exorcismo mayor

El exorcismo mayor, llamado también solemne, constituye un rito litúrgico dirigido a expulsar demonios o liberar a una persona de una posesión demoníaca. Pertenece a los sacramentales, no a los sacramentos.2,10

El exorcismo mayor:

  • No perdona los pecados.
  • No sustituye a la confesión sacramental.
  • No produce la gracia propia del Bautismo, la Eucaristía o la Penitencia.
  • No actúa como un procedimiento mágico.
  • No debe celebrarse como espectáculo.
  • Necesita la autoridad de la Iglesia y un discernimiento previo.

El sacramento de la Penitencia reconcilia al pecador con Dios y con la Iglesia, renueva la gracia bautismal y fortalece la lucha contra el pecado. El exorcismo, en cambio, es un sacramental que dispone a la persona para la gracia y pide protección o liberación frente al poder diabólico.2

Sacramentos y sacramentales

La distinción entre sacramentos y sacramentales resulta esencial.

Los sacramentos

Los siete sacramentos fueron instituidos por Jesucristo y comunican la gracia de modo propio en la vida de la Iglesia. Entre ellos, el Bautismo incorpora a Cristo y la Penitencia reconcilia al pecador arrepentido con Dios y con la comunidad eclesial.

Los sacramentales

Los sacramentales son signos sagrados instituidos por la Iglesia para santificar diversas circunstancias de la vida. El exorcismo pertenece a esta categoría. Su celebración expresa la oración pública de la Iglesia y obtiene, mediante la intercesión eclesial, efectos principalmente espirituales.2,10

Por tanto, nadie debe presentar el exorcismo como un «sacramento secreto», una iniciación especial o un sustituto de la Misa, de la confesión o de la vida cristiana. Tampoco resulta correcto atribuir eficacia automática a objetos bendecidos, fórmulas aisladas o prácticas privadas desligadas de la fe, de la disciplina litúrgica y de la comunión eclesial.

Autoridad del obispo y disciplina canónica

El Código de Derecho Canónico establece una norma precisa:

«Nadie puede legítimamente realizar exorcismos sobre los posesos, a no ser que haya obtenido licencia especial y expresa del Ordinario del lugar».3

El obispo diocesano sólo puede conceder esa licencia a un sacerdote que posea piedad, ciencia, prudencia e integridad de vida.3

La norma canónica protege varios bienes:

  • La dignidad de la persona afectada.
  • La seguridad física y psicológica.
  • La correcta administración de los sacramentales.
  • La comunión con el obispo y con la Iglesia particular.
  • La prevención del fraude, la superstición y el sensacionalismo.
  • La adecuada coordinación con profesionales de la salud.

El exorcista actúa como ministro de la Iglesia, no como sanador independiente ni como líder de un grupo privado. Su misión exige obediencia al obispo, formación específica, prudencia pastoral y una vida arraigada en los sacramentos.2,2

El exorcismo no es una práctica privada o carismática

La Iglesia reconoce que todos los fieles pueden pedir a Dios que los libre del mal y pueden rezar con las palabras del Padrenuestro: «líbranos del mal». Sin embargo, esa posibilidad no concede a cualquier persona la facultad de realizar un exorcismo mayor ni de utilizar fórmulas litúrgicas reservadas.13,13

La Congregación para la Doctrina de la Fe advirtió que los fieles no pueden utilizar legítimamente fórmulas de exorcismo contra Satanás y los ángeles caídos tomadas de antiguos formularios pontificios. También pidió a los obispos que impidan reuniones dirigidas por personas sin la facultad necesaria, especialmente cuando incluyen invocaciones para interrogar directamente a los demonios o descubrir su identidad.13

Las oraciones privadas de protección, la invocación del nombre de Jesús, el rezo de los salmos y la petición de la intercesión de la Virgen María y de los santos pertenecen a la vida espiritual de los fieles. Pero esas prácticas no deben confundirse con el rito litúrgico del exorcismo mayor ni presentarse como una autorización para actuar en nombre de la Iglesia sin mandato del obispo.13

Discernimiento e investigación de los casos

La Iglesia no acepta un diagnóstico de posesión basado exclusivamente en la autopercepción, en el relato de familiares, en vídeos o en conductas llamativas. La persona que afirma estar poseída puede sufrir una enfermedad, una crisis psicológica, un trastorno psiquiátrico, una adicción, una situación traumática o una combinación de factores espirituales y médicos.2

La evaluación pastoral debe incluir, cuando resulte necesario:

  1. Entrevistas prudentes con la persona y con quienes la acompañan.
  2. Valoración médica, especialmente ante convulsiones, pérdida de conciencia, lesiones, intoxicaciones o alteraciones neurológicas.
  3. Valoración psicológica y psiquiátrica cuando existan síntomas compatibles con un trastorno de salud mental.
  4. Examen de la historia personal y religiosa, sin convertir prácticas culturales o religiosas en pruebas de posesión.
  5. Acompañamiento sacerdotal, bajo la responsabilidad del obispo diocesano.
  6. Discernimiento sobre la existencia de signos verdaderamente extraordinarios, valorados en conjunto y nunca de forma aislada.

El propósito de la investigación no consiste en desacreditar al sufriente, sino en protegerlo de diagnósticos precipitados y de intervenciones dañinas. La evaluación médica y psicológica no contradice la fe: forma parte de la prudencia que la Iglesia exige antes de iniciar un exorcismo.8,2

Criterios de prudencia pastoral

Los relatos populares suelen atribuir a la posesión signos espectaculares. La Iglesia, en cambio, procede con cautela y evita alimentar una mentalidad sensacionalista. Los casos auténticos, aunque posibles, no deben convertirse en espectáculos públicos ni en ocasiones de curiosidad morbosa.2

El exorcista debe evitar:

  • Interrogar al supuesto demonio por curiosidad.
  • Buscar nombres, jerarquías o informaciones ocultas.
  • Grabar o difundir imágenes sin necesidad pastoral.
  • Permitir la presencia de espectadores.
  • Suspender tratamientos médicos prescritos.
  • Emplear violencia, humillación, amenazas o prácticas supersticiosas.
  • Atribuir automáticamente la culpa moral a la persona afectada.
  • Presentar el caso como una prueba de poder personal.

La dignidad humana permanece intacta durante todo el proceso. La Iglesia debe tratar a la persona con respeto, confidencialidad, paciencia y caridad pastoral, evitando toda forma de explotación religiosa o económica.

Preparación y celebración del rito

El sacerdote encargado necesita preparación específica para este ministerio. La formación debe integrar teología, espiritualidad, conocimiento de la disciplina canónica, prudencia pastoral y capacidad para trabajar con profesionales de la salud. La vida sacramental y la dirección espiritual también forman parte de la preparación del exorcista.2

El rito debe celebrarse conforme al Ritual Romano, De Exorcismis et Supplicationibus Quibusdam, promulgado como libro litúrgico reformado después del Concilio Vaticano II. La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos promulgó este rito para sustituir los formularios anteriores y ordenar la celebración conforme a la renovación litúrgica.14,15

La celebración dirige la oración a Dios y proclama la autoridad de Jesucristo. El ministro no actúa por poder mágico propio, sino en virtud del ministerio que la Iglesia recibe de Cristo. La oración litúrgica invoca al Espíritu Santo y pide la liberación del fiel afectado.10,12

La reiteración del rito, cuando resulta necesaria, queda sometida al discernimiento del exorcista y a las orientaciones del obispo. La duración de un proceso no constituye por sí misma una prueba de autenticidad. Tampoco garantiza la autenticidad del caso la presencia de fenómenos extraordinarios durante una celebración.

Vida cristiana y liberación del mal

La Iglesia no reduce la lucha contra el demonio al exorcismo mayor. La vida cristiana ordinaria ofrece los medios principales para permanecer en la libertad de los hijos de Dios:

  • Participación en la Santa Misa.
  • Recepción digna de la Eucaristía.
  • Celebración frecuente del sacramento de la Penitencia.
  • Oración personal y comunitaria.
  • Lectura orante de la Sagrada Escritura.
  • Práctica de la caridad.
  • Renuncia a la superstición, la magia y el ocultismo.
  • Acompañamiento pastoral.
  • Vida sobria y vigilancia espiritual.

El Ritual Romano recuerda que los fieles, incluso después del Bautismo, afrontan tentaciones y necesitan perseverar en la oración, la sobriedad y la confianza en Dios. Los sacramentos, especialmente la Penitencia, fortalecen el camino hacia la libertad plena.10

La devoción mariana, la invocación de los santos y el uso piadoso de sacramentales aprobados por la Iglesia pueden formar parte de la espiritualidad católica. Su sentido no consiste en una eficacia automática, sino en conducir a la fe en Dios, a la conversión y a la confianza en la victoria de Cristo.

Errores frecuentes

«Toda enfermedad mental es una posesión»

Esta afirmación contradice la prudencia católica. El Catecismo distingue la enfermedad psicológica de la acción del Maligno y asigna su tratamiento a la medicina. La Iglesia exige descartar primero las causas médicas y psicológicas.8

«La persona poseída ha cometido necesariamente un pecado grave»

La posesión no demuestra por sí misma culpa personal. La tradición cristiana reconoce casos en los que la persona afectada no había provocado voluntariamente la situación, y la conducta exterior alterada no permite juzgar automáticamente la conciencia.7

«Cualquier sacerdote puede practicar un exorcismo mayor»

El derecho canónico exige una licencia especial y expresa del Ordinario del lugar. La autorización corresponde al obispo diocesano, quien debe escoger a un sacerdote dotado de piedad, ciencia, prudencia e integridad de vida.3

«Los laicos pueden dirigir exorcismos en nombre de la Iglesia»

Los fieles pueden rezar privadamente para pedir protección y liberación del mal, pero no pueden asumir por iniciativa propia el rito reservado ni utilizar fórmulas litúrgicas de exorcismo sin la facultad correspondiente.13

«El exorcismo sustituye a la confesión»

El exorcismo es un sacramental; la Penitencia es un sacramento. Cada realidad posee una naturaleza y una finalidad diferentes. La confesión perdona los pecados y reconcilia con la Iglesia; el exorcismo pide protección o liberación frente al poder del demonio.2

«Los fenómenos espectaculares prueban la posesión»

Ningún fenómeno aislado permite establecer un diagnóstico. La Iglesia exige una evaluación global, prudente y multidisciplinar antes de remitir el caso al exorcista para su discernimiento final.2

Significado espiritual

La doctrina católica sobre la posesión demoníaca no pretende fomentar el miedo ni la curiosidad. Su finalidad consiste en proclamar varias verdades fundamentales:

  1. El demonio existe y actúa contra la salvación, pero no posee un poder ilimitado.
  2. Cristo ha vencido al pecado, a la muerte y al Maligno.
  3. La dignidad de la persona humana permanece, incluso en situaciones de extrema perturbación.
  4. La Iglesia acompaña y protege mediante la oración, los sacramentos, los sacramentales y la atención pastoral.
  5. La prudencia forma parte de la caridad, porque evita abandonar a la persona enferma o someterla a prácticas abusivas.
  6. El exorcismo pertenece a la Iglesia, no a la iniciativa privada, al espectáculo ni al protagonismo personal.

La posesión demoníaca constituye, dentro de la comprensión católica, una posibilidad extraordinaria y poco frecuente. La respuesta adecuada combina la fe en la autoridad de Jesucristo, la obediencia a la disciplina de la Iglesia, la comunión con el obispo diocesano, el recurso responsable a la medicina y la atención respetuosa a la persona que sufre.

Citas y referencias

  1. Posesión demoníaca. Enciclopedia Católica, Posesión demoníaca (1913). 2 3 4 5
  2. Preguntas sobre el exorcismo - Introducción, Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos. Exorcismo, 1 (2023). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20
  3. Can. 1172, Código de Derecho Canónico, 1172 (1983). 2 3 4
  4. Una dificultad actual, Congregación para la Doctrina de la Fe. Fe cristiana y demonología, 1 (1975). 2
  5. Parte dos - La oración de la Iglesia - II. La oración de la comunidad eclesial - D. Oraciones ocasionales especiales, bendiciones y consagraciones - 3. Exorcismo, Sínodo de la Iglesia Greco-católica ucraniana. Catecismo de la Iglesia Católica ucraniana: Cristo - Nuestro Pascha, 522 (2016).
  6. El Padrenuestro - La sexta petición: «no nos metas en tentación» - Importancia de la instrucción sobre esta petición, Papa Pío V. Catecismo del Concilio de Trento, El Padrenuestro - La sexta petición (1566). 2 3
  7. Demoniacos. Enciclopedia Católica, Demoniacos (1913). 2 3
  8. Capítulo cuatro otras celebraciones litúrgicas, Catecismo de la Iglesia Católica, 1673 (1992). 2 3
  9. Parte dos - La oración de la Iglesia - II. La oración de la comunidad eclesial - D. Oraciones ocasionales especiales, bendiciones y consagraciones - 3. Exorcismo, Sínodo de la Iglesia Greco-católica ucraniana. Catecismo de la Iglesia Católica ucraniana: Cristo - Nuestro Pascha, 523 (2016).
  10. Sagrada Congregación para el Culto Divino. De Exorcismis et Supplicationibus Quibusdam (Exorcismos y otras súplicas), 10 (1999). 2 3 4 5 6 7 8 9
  11. Exorcismo. Enciclopedia Católica, Exorcismo (1913).
  12. II, Sagrada Congregación para el Culto Divino. De Exorcismis et Supplicationibus Quibusdam (Exorcismos y otras súplicas), 9 (1999). 2 3 4
  13. Congregación para la Doctrina de la Fe. Carta a los obispos ordinarios sobre normas del exorcismo, 1 (1985). 2 3 4 5
  14. Rituale romanum, Sagrada Congregación para el Culto Divino. De Exorcismis et Supplicationibus Quibusdam (Exorcismos y otras súplicas), 1 (1999).
  15. Congregatio de cultu divino et disciplina sacramentorum, Sagrada Congregación para el Culto Divino. De Exorcismis et Supplicationibus Quibusdam (Exorcismos y otras súplicas), 3 (1999).
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