La muerte es el final de la vida terrenal y el punto de partida para el encuentro con Dios1. La Iglesia enseña que la muerte es una consecuencia del pecado original, pero que, a través de la muerte y resurrección de Jesucristo, se ha transformado en un paso hacia la vida eterna1. Para el cristiano, la muerte no es el fin absoluto, sino una transición hacia una nueva existencia.
Es crucial que los moribundos reciban atención y cuidado para vivir sus últimos momentos con dignidad y paz2. La Iglesia insta a los familiares a asegurar que los enfermos reciban a tiempo los sacramentos que los preparan para encontrarse con Dios vivo2.
El Sacramento de la Unción de los Enfermos
La Unción de los Enfermos es un sacramento instituido por Jesús para fortalecer a quienes se encuentran gravemente enfermos o en peligro de muerte por enfermedad o vejez3,4,5. Este sacramento no es solo para quienes están a punto de morir, sino para cualquier fiel que comience a estar en peligro de muerte4,5. Su propósito es fortalecer al enfermo en su tiempo de enfermedad y prepararlo para la muerte5.
El sacramento confiere una gracia especial del Espíritu Santo que ayuda a la persona enferma en su salvación, infundiéndole confianza en Dios y fortaleza contra las tentaciones del maligno y la angustia de la muerte6,5. De este modo, el enfermo puede soportar valientemente los sufrimientos, luchar contra ellos y, si conviene a su salud espiritual, incluso recuperar la salud corporal6,5. También, si es necesario, otorga el perdón de los pecados y la consumación de la penitencia cristiana6.
El rito esencial de la Unción de los Enfermos consiste en la unción de la frente y las manos del enfermo con aceite bendecido por el obispo o, si es necesario, por el mismo sacerdote celebrante7,8. Esta unción va acompañada de la oración litúrgica del celebrante que pide la gracia especial de este sacramento7. Solo los sacerdotes (presbíteros y obispos) pueden administrar válidamente este sacramento8,9.
La Iglesia, a través de la Unción de los Enfermos, encomienda a los enfermos al Señor sufriente y glorificado, pidiendo que alivie su sufrimiento y los salve4. Exhorta a los enfermos a unirse libremente a la pasión y muerte de Cristo, contribuyendo así al bienestar de todo el Pueblo de Dios4. El sacramento es un signo eficaz de alivio y perdón, ya que Cristo hace suya la fragilidad del hombre y la rescata10.
El Viático
El Viático es la recepción de la Sagrada Eucaristía por parte de quienes están en peligro de muerte3,11. Es considerado el «pan espiritual» que sostiene al cristiano en su peregrinación mortal y lo prepara para el paso a la gloria y felicidad eternas11. La Eucaristía como viático es uno de los «sacramentos que preparan para la patria celestial» o «que completan la peregrinación terrenal»1.
Existe un precepto divino que obliga a recibir la Sagrada Eucaristía cuando se está en peligro de muerte11. En este momento, el comulgante está exento del ayuno tradicional11. El Viático puede ser recibido repetidamente por el moribundo durante su enfermedad11.
El Concilio de Trento se refirió a la Unción de los Enfermos como el «sacramento de los que parten» (sacramentum exeuntium)12. La relación entre la Unción de los Enfermos y el Viático se hace evidente en situaciones de enfermedad grave, donde la comunión en el Cuerpo y la Sangre de Cristo aparece como semilla de vida eterna y poder de resurrección3.
