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Posverdad

La posverdad designa una forma de comunicación pública en la que los hechos objetivos pierden peso frente a las emociones, las convicciones subjetivas, la identidad colectiva o la conveniencia política. Desde la perspectiva católica, no constituye únicamente un problema periodístico o tecnológico: afecta a la relación de la persona con la realidad, con los demás y con Dios. La Iglesia responde mediante la búsqueda honesta de la verdad, la formación de la conciencia, la responsabilidad en la comunicación y el reconocimiento de Jesucristo como plenitud de la verdad.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePosverdad
CategoríaTérmino
DescripciónAmbiente cultural que prioriza la adhesión emocional sobre la correspondencia con los hechos. Forma de comunicación pública donde los hechos objetivos pierden peso frente a emociones, convicciones subjetivas, identidad colectiva o conveniencia política. Fenómeno cultural y comunicativo que privilegia la emoción, la identidad y la conveniencia sobre la evidencia objetiva, ampliado por la era digital y vinculado al relativismo y al subjetivismo
Referencias
  • Juan 8,32
  • Juan 14,6.
  • Encíclica Lumen fidei
  • enseñanzas de Benedicto XVI
  • declaraciones de Francisco sobre la verdad y la comunicación.
Aplicación MoralVerificar la información antes de compartir, rectificar errores, respetar la fama ajena y promover una comunicación que favorezca la comunión.
Contexto CulturalRelativismo, subjetivismo y postmodernismo; proliferación de medios digitales que facilitan la difusión rápida de información.
Contexto HistóricoEmergencia en la primera década del siglo XXI con la expansión de internet y redes sociales.
EnseñanzasBuscar la verdad con honestidad, formar la conciencia, asumir responsabilidad al comunicar, reconocer a Jesucristo como plenitud de la verdad.
Impacto HistóricoTransforma la manera de difundir noticias y la percepción pública de la verdad, generando polarización y desconfianza.
Importancia EclesialAfecta la verdad natural y revelada; influye en la misión evangelizadora y la vida comunitaria de la Iglesia.
ObservacionesNo equivale a simple mentira; incluye difusión deliberada de falsedades, manipulación de datos y omisión parcial.
TipoTérmino teológico, Concepto
Vicio ContrarioRelativismo, escepticismo, orgullo.
VirtudesPrudencia, Justicia, Fortaleza, Humildad, Caridad.

Tabla de contenido

Concepto y significado

La palabra posverdad describe un ambiente cultural en el que la influencia de un mensaje depende menos de su correspondencia con los hechos que de su capacidad para provocar adhesión emocional. Una afirmación puede adquirir amplia difusión porque confirma los prejuicios de un grupo, despierta indignación o refuerza una identidad, aunque carezca de fundamento suficiente.

La posverdad no equivale simplemente a la mentira. La mentira pretende comunicar como verdadero aquello que quien habla sabe falso. La posverdad comprende un fenómeno más amplio:

  • la difusión deliberada de falsedades;
  • la presentación parcial de hechos verdaderos;
  • la manipulación de imágenes, estadísticas o testimonios;
  • la confusión entre hechos, interpretaciones y opiniones;
  • la repetición de afirmaciones sin pruebas;
  • la apelación sistemática al miedo, al resentimiento o a la indignación;
  • la renuncia a corregir un error cuando la rectificación perjudica a un grupo o una causa.

El problema alcanza también a quienes comparten una información falsa sin haber comprobado su contenido. La responsabilidad moral depende entonces de factores como el conocimiento del error, la negligencia, la intención, el daño causado y la posibilidad real de verificar la información.

La comunicación forma parte de la vocación humana a la comunión. El ser humano, creado a imagen de Dios, puede expresar y compartir lo verdadero, lo bueno y lo bello; pero el orgullo y el egoísmo también pueden deformar esa capacidad. La comunicación digital ha amplificado la circulación de noticias falsas y exige una responsabilidad personal renovada.1

Origen cultural de la posverdad

Relativismo y subjetivismo

La posverdad encuentra un terreno favorable en el relativismo, que rechaza la existencia de una verdad objetiva válida para todos. El relativismo no siempre niega todos los hechos particulares; con frecuencia concede valor a los datos técnicos o científicos, pero considera que las cuestiones decisivas sobre el bien, la dignidad humana, la moral y el sentido de la vida pertenecen únicamente al ámbito de las preferencias individuales.

La encíclica Lumen fidei describe una cultura que tiende a identificar la verdad con aquello que la técnica consigue construir, medir o hacer funcionar. En el extremo opuesto, admite «verdades subjetivas» válidas únicamente para cada individuo. Entre ambos polos desaparece la verdad capaz de iluminar la vida personal y la convivencia social.2

La expresión «cada uno tiene su verdad» puede indicar legítimamente que cada persona posee una experiencia y una perspectiva particulares. Sin embargo, adquiere un sentido incorrecto cuando afirma que la perspectiva, la educación, el temperamento o el sentimiento crean la verdad misma. La realidad deja entonces de medir el conocimiento y queda subordinada a la conciencia individual o colectiva.3

La posverdad lleva este subjetivismo al espacio público. Una comunidad política, una institución o una red de comunicación pueden actuar como si la repetición de un mensaje transformase una opinión en un hecho. La popularidad sustituye a la evidencia; la identificación emocional reemplaza al razonamiento; la presión del grupo ocupa el lugar de la responsabilidad personal.

Escepticismo y pérdida de confianza en la razón

El escepticismo sostiene que la mente humana carece de capacidad suficiente para conocer la realidad con seguridad. El relativismo posmoderno radicaliza esta sospecha y presenta todo conocimiento como una construcción dependiente de la perspectiva, del lenguaje, de la cultura o de las relaciones de poder.

La filosofía católica reconoce las limitaciones humanas, la posibilidad del error y la necesidad de revisar los juicios. No convierte, sin embargo, el error en una prueba de que la verdad resulte inaccesible. La posibilidad de corregir un juicio presupone precisamente que existe una realidad capaz de medirlo. Cuando una persona rectifica una equivocación contra sus propios deseos, reconoce que la realidad posee prioridad sobre sus preferencias.4

La posverdad aparece así como una consecuencia práctica de la sospecha radical hacia la verdad. Si ningún juicio puede alcanzar la realidad, todas las versiones parecen equivalentes y vence la que dispone de mayor poder emocional, económico o propagandístico.

La verdad en la tradición católica

Verdad, realidad e inteligencia

La concepción católica de la verdad no reduce la verdad a una sensación subjetiva ni a la utilidad de una afirmación. La verdad implica una relación adecuada entre la inteligencia y la realidad. Santo Tomás de Aquino explica que el entendimiento alcanza la verdad cuando su conocimiento se conforma con aquello que conoce. Por eso, la verdad no depende de que una afirmación agrade, sea popular o produzca ventajas inmediatas.5

La tradición escolástica resume esta doctrina mediante la expresión adaequatio rei et intellectus, es decir, adecuación entre la realidad y el entendimiento. La mente humana puede equivocarse, pero también puede conocer, razonar, comparar testimonios, reconocer evidencias y corregir sus juicios.

Santo Tomás distingue además entre la verdad presente principalmente en el entendimiento y la verdad de las cosas en cuanto expresan el orden recibido de Dios. Las realidades naturales poseen una inteligibilidad propia porque proceden del entendimiento divino. El ser humano no inventa arbitrariamente la naturaleza de las cosas, aunque pueda describirla de modo incompleto o erróneo.5

Esta doctrina evita dos extremos:

  • el dogmatismo ingenuo, que confunde una opinión personal con la verdad absoluta;
  • el escepticismo relativista, que considera imposible conocer la realidad.

La humildad intelectual exige reconocer los límites del conocimiento. La humildad no autoriza a tratar la verdad y el error como equivalentes.

Verdad y bien

Para la Iglesia, conocer la verdad no constituye un ejercicio puramente técnico. La verdad orienta hacia el bien y compromete la totalidad de la persona. Benedicto XVI enseñó que la verdad significa más que la acumulación de datos: conduce al descubrimiento del bien e invita a responder con toda la existencia. La verdad del Evangelio posee una dimensión transformadora; no informa únicamente, sino que cambia la vida.6

Una comunicación puede contener datos verdaderos y, al mismo tiempo, servir a una intención injusta. La selección maliciosa de hechos, la humillación de una persona o la incitación al odio deforman moralmente el acto comunicativo. El papa Francisco explicó que incluso un argumento impecable puede perder su carácter auténticamente veraz cuando utiliza hechos correctos para herir, desacreditar o dividir.7

Verdad natural y verdad revelada

La distinción entre verdad natural y verdad revelada resulta fundamental para comprender la respuesta católica a la posverdad.

La verdad natural

La verdad natural comprende aquellas realidades que la persona puede conocer mediante la experiencia, la razón, la investigación y el testimonio humano. Incluye hechos históricos, principios lógicos, conocimientos científicos, normas básicas de la ley moral natural y verdades filosóficas accesibles a la inteligencia.

La razón humana puede conocer que existe un orden objetivo en la realidad y que ciertas acciones corresponden a la dignidad humana mientras otras la contradicen. La conciencia no crea el bien y el mal; juzga los actos a la luz de la verdad moral, aunque pueda formarse de manera deficiente.

El Concilio Vaticano I distinguió dos órdenes de conocimiento: el conocimiento natural, alcanzable mediante la razón, y el conocimiento sobrenatural, recibido por la fe en la revelación divina. Ambos órdenes tienen fuentes y objetos propios, aunque no pueden contradecirse porque toda verdad procede, en último término, de Dios.8

La posverdad afecta a la verdad natural cuando:

  • niega hechos comprobables por motivos ideológicos;
  • presenta una opinión como si fuera un dato;
  • desacredita toda institución que aporte pruebas;
  • sustituye la argumentación por consignas;
  • manipula la memoria histórica;
  • convierte la moral en una preferencia privada;
  • atribuye a la mayoría el poder de determinar lo real.

La defensa de la verdad natural exige respetar la evidencia, distinguir grados de certeza, consultar testimonios cualificados y aceptar la corrección cuando los hechos contradicen una opinión previa.

La verdad revelada

La verdad revelada comprende los misterios que Dios comunica libremente al ser humano y que superan la capacidad natural de la razón. El centro de la revelación cristiana no consiste en un conjunto abstracto de proposiciones, sino en Jesucristo, Verbo encarnado, mediador y plenitud de la revelación.9

La fe no nace de una preferencia emocional ni de una construcción cultural privada. Dios revela la verdad para entrar en relación con la humanidad y conducirla a la salvación. La Iglesia conserva, transmite e interpreta el depósito de la fe bajo la asistencia del Espíritu Santo. La comprensión de las realidades y palabras transmitidas puede crecer mediante el estudio, la experiencia espiritual y la enseñanza de los obispos, sin alterar la plenitud de la revelación realizada en Cristo.9

La posverdad afecta a la verdad revelada cuando:

  • reduce la fe a una opinión personal entre muchas;
  • interpreta el Evangelio según las preferencias del momento;
  • separa a Cristo de la verdad objetiva que Él comunica;
  • selecciona únicamente las enseñanzas cristianas compatibles con los deseos individuales;
  • presenta la doctrina católica como una estrategia de poder;
  • confunde el desarrollo legítimo de la doctrina con el cambio arbitrario de la revelación;
  • utiliza textos bíblicos fuera de contexto para justificar posiciones previamente adoptadas.

La fe católica no identifica la certeza de la revelación con la certeza propia de las ciencias experimentales. La ciencia estudia realidades observables mediante métodos determinados; la fe responde a la iniciativa de Dios y descansa en su autoridad. La razón puede reconocer la credibilidad de la revelación mediante signos y argumentos, pero el acto sobrenatural de fe procede de la gracia y de la adhesión a Dios que revela.

Relación entre ambos órdenes

La verdad natural y la verdad revelada no forman dos mundos incomunicados. La razón puede alcanzar verdades sobre el ser humano, el mundo y Dios; la revelación ilumina esas verdades y ofrece respuestas sobre el origen, el destino y la salvación que la razón no podría alcanzar por sus propias fuerzas.

Benedicto XVI explicó que la misión de la Iglesia en la búsqueda de la verdad incluye purificar la razón, mantenerla abierta a las cuestiones últimas e iluminar los fundamentos de la moral y de la ética. La verdad debe fundamentar la acción, y no quedar subordinada a una práctica política o social que pretenda fabricar su propia legitimidad.6

Posverdad, libertad y conciencia

La posverdad no libera a la persona. Una persona sometida a mensajes manipuladores pierde capacidad de juicio y acaba reaccionando según estímulos diseñados por otros. La libertad requiere conocimiento de la verdad, dominio de las pasiones y capacidad de elegir el bien.

Cristo relaciona la verdad con la libertad: «La verdad os hará libres» (Jn 8,32). Para el cristianismo, la verdad posee una dimensión relacional: permite apoyarse en Dios, confiar en los demás y vivir sin dividir interiormente la propia existencia. El papa Francisco recuerda que la verdad bíblica no significa únicamente descubrir datos ocultos; también expresa firmeza, fidelidad y confianza.7

La conciencia moral necesita una formación permanente. Una conciencia no decide por sí misma qué es verdadero, sino que aplica la verdad conocida a una situación concreta. La educación católica debe ayudar a superar el positivismo, que reduce la realidad a lo mensurable, y el relativismo, que convierte el deseo individual en criterio último.6

La persona que comparte información falsa puede actuar contra la verdad de varios modos:

  • con malicia, cuando conoce la falsedad y pretende engañar;
  • con negligencia, cuando difunde un contenido sin realizar una comprobación razonable;
  • con ligereza, cuando comparte una acusación por diversión o impulso;
  • con parcialidad, cuando oculta datos decisivos para favorecer una conclusión;
  • con temeridad, cuando atribuye delitos o conductas graves sin pruebas suficientes.

La gravedad moral aumenta cuando la falsedad daña la fama, provoca violencia, manipula elecciones, perjudica a inocentes o confunde deliberadamente a personas vulnerables.

La posverdad en los medios de comunicación

Noticias falsas y manipulación

La información falsa puede adoptar formas diversas. Una imagen auténtica puede acompañar una noticia inventada; una declaración antigua puede presentarse como reciente; una cifra real puede interpretarse fuera de su contexto; una hipótesis puede convertirse en certeza; una experiencia individual puede utilizarse como prueba universal.

La velocidad de los medios digitales favorece la reacción inmediata. La persona recibe innumerables mensajes, a menudo breves y emocionalmente intensos. La posverdad explota esa rapidez para impedir la reflexión y convertir la indignación en una forma de consumo informativo.

El papa Francisco pidió recuperar la dignidad del periodismo y la responsabilidad personal de quienes comunican la verdad. La comunicación social debe contribuir a la memoria histórica, a la comprensión de los acontecimientos y al bien común.1

Algoritmos, polarización y comunidades cerradas

Las plataformas digitales tienden a mostrar contenidos semejantes a aquellos que una persona ya ha leído, compartido o valorado. Este mecanismo puede crear comunidades cerradas, en las que todos reciben mensajes similares y cada miembro interpreta la repetición como confirmación.

La polarización convierte al adversario en enemigo moral. En lugar de discutir argumentos, la persona descalifica la intención, la inteligencia o la dignidad de quien sostiene una opinión diferente. La verdad deja de funcionar como horizonte común y queda subordinada a la victoria del propio grupo.

La Iglesia propone distinguir la defensa firme de la verdad de la agresividad. La fidelidad doctrinal no justifica la calumnia, la burla o el desprecio. La comunicación cristiana debe unir verdad, bondad y belleza, y presentar los acontecimientos dentro de su contexto y de sus relaciones con otras realidades.10

Posverdad y vida eclesial

La posverdad puede afectar a la vida de la Iglesia tanto desde fuera como desde dentro. Los cristianos pueden sufrir campañas de difamación, simplificaciones injustas o interpretaciones hostiles de la doctrina. También pueden contribuir al problema cuando difunden rumores, atribuyen intenciones sin pruebas o presentan opiniones particulares como enseñanzas oficiales.

Una actitud católica madura exige distinguir:

  • el dogma definido de una opinión teológica;
  • la doctrina universal de una disciplina prudencial;
  • una declaración oficial de un comentario personal;
  • una crítica legítima de una acusación calumniosa;
  • un hecho comprobado de una interpretación;
  • una cuestión abierta de una enseñanza obligatoria.

La comunión eclesial no exige aceptar todos los juicios de un católico sobre cuestiones políticas, históricas o científicas. Sí exige respeto por la verdad, honestidad intelectual y adhesión a la doctrina de la Iglesia cuando el Magisterio enseña con autoridad propia.

La evolución de la comprensión doctrinal no equivale a una adaptación de la fe a cualquier cambio cultural. La Iglesia avanza hacia una comprensión más plena de la verdad divina, pero permanece vinculada a la revelación recibida de Cristo y transmitida por los apóstoles.9

Criterios católicos para discernir la información

La lucha contra la posverdad requiere hábitos intelectuales y morales concretos.

Comprobar antes de compartir

Antes de difundir una noticia conviene comprobar:

  1. quién la publica;
  2. cuándo ocurrió el hecho;
  3. cuál es la fuente original;
  4. si otros medios fiables aportan confirmación;
  5. si el titular refleja realmente el contenido;
  6. si la imagen o el vídeo pertenecen al acontecimiento;
  7. si los datos incluyen contexto suficiente;
  8. si el lenguaje pretende informar o provocar una reacción impulsiva.

El Dicasterio para la Comunicación pide transmitir información verdadera tanto al crear contenidos como al compartirlos y actuar como una fuente digna de confianza.11

Distinguir certeza, probabilidad y opinión

No todo conocimiento posee el mismo grado de certeza. Una persona responsable diferencia:

  • hechos comprobados, respaldados por evidencias suficientes;
  • hipótesis, que requieren investigación;
  • interpretaciones, que relacionan hechos con un marco explicativo;
  • opiniones, que expresan un juicio personal;
  • rumores, cuya veracidad no ha sido confirmada.

La honestidad exige utilizar un lenguaje proporcionado. Quien solo dispone de indicios no debe hablar con la seguridad propia de quien posee una prueba concluyente.

Corregir los errores

La corrección no humilla a quien reconoce un error; manifiesta respeto por la realidad. La persona que descubre que ha compartido una falsedad debe retirarla, rectificarla y, cuando haya causado un daño concreto, reparar la reputación afectada.

La persistencia en el error por orgullo transforma una equivocación inicial en una injusticia voluntaria. La búsqueda católica de la verdad incluye la conversión intelectual: abandonar una afirmación falsa y aceptar aquello que contradice los propios intereses.

Considerar los frutos de la comunicación

El papa Francisco propone atender a los frutos de las palabras. Algunos mensajes fomentan reflexión madura, diálogo constructivo y resultados beneficiosos; otros alimentan la división, la resignación y la disputa permanente. La reacción emocional de una audiencia no demuestra por sí misma la falsedad de un mensaje, pero una comunicación que busca sistemáticamente destruir la comunión revela una grave desordenación moral.7

Virtudes necesarias frente a la posverdad

La respuesta cristiana no consiste únicamente en adquirir técnicas de verificación. También exige cultivar virtudes.

Prudencia

La prudencia permite deliberar antes de juzgar y actuar. Ante una noticia sorprendente, la persona prudente evita la precipitación y busca información suficiente.

Justicia

La justicia concede a cada persona el derecho a su buena fama. La acusación pública sin pruebas, la insinuación maliciosa y la difusión de rumores lesionan ese derecho.

Fortaleza

La fortaleza ayuda a sostener la verdad cuando una opinión mayoritaria presiona para ocultarla o deformarla. También permite reconocer una verdad incómoda cuando perjudica al propio grupo.

Humildad

La humildad intelectual reconoce la posibilidad del error. No equivale a indecisión permanente, sino a la disposición para aprender, revisar un juicio y aceptar la autoridad de quienes poseen competencia acreditada.

Caridad

La caridad ordena la comunicación hacia el bien de la persona y de la comunidad. La verdad cristiana nunca legitima la crueldad. Una corrección puede ser firme sin convertirse en desprecio.

Jesucristo, verdad y comunión

La respuesta definitiva de la fe cristiana a la posverdad no consiste en una ideología alternativa. Jesucristo afirma: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn 14,6). La verdad cristiana posee rostro personal porque el Hijo eterno de Dios ha entrado en la historia y ha manifestado el amor del Padre.

En el contexto de la posverdad y de la información engañosa, el Dicasterio para la Comunicación presenta a Jesucristo como principio de la comunión con Dios y con los demás. La verdad protege la relación entre las personas; la mentira rompe esa relación al negar que todos formen parte de un mismo cuerpo.10

La comunicación cristiana debe reflejar esa comunión. No basta con acertar en un dato aislado. Hace falta hablar con lealtad, respetar la dignidad de los interlocutores, evitar la manipulación y buscar el bien común. La verdad sin caridad puede convertirse en arma; la caridad separada de la verdad degenera en sentimentalismo o complicidad con el error.

Valoración moral

La posverdad posee una dimensión ética porque afecta a bienes fundamentales:

  • la verdad, necesaria para la vida personal y social;
  • la fama y el honor de las personas;
  • la libertad de conciencia;
  • la justicia en la vida pública;
  • la paz social;
  • la confianza entre los miembros de una comunidad;
  • la capacidad de tomar decisiones responsables.

No toda afirmación errónea constituye pecado grave. La responsabilidad moral requiere valorar el grado de conocimiento, la libertad, la intención, la materia del acto y sus consecuencias. Sin embargo, la indiferencia habitual ante la verdad puede formar una disposición interior contraria a la honestidad y al amor al prójimo.

La calumnia, la difamación, el falso testimonio y la manipulación deliberada contradicen la dignidad humana y la ley moral. La persona no puede utilizar la mentira como instrumento legítimo para alcanzar un fin político, religioso o social aparentemente beneficioso.

Educación católica y cultura de la verdad

La educación constituye uno de los ámbitos principales para responder a la posverdad. Una formación integral debe incluir:

  • capacidad de lectura crítica;
  • conocimiento de la lógica elemental;
  • distinción entre hechos y opiniones;
  • comprensión de los métodos científicos;
  • formación histórica;
  • educación moral;
  • respeto por la libertad y la dignidad de cada persona;
  • familiaridad con la Sagrada Escritura y la doctrina cristiana;
  • hábitos de diálogo y escucha.

La educación católica no pretende formar personas incapaces de cuestionar. Pretende formar personas capaces de preguntar con rigor, investigar con honestidad y orientar el conocimiento hacia el bien. Benedicto XVI relaciona la educación para la verdad con la formación de una conciencia capaz de encontrar un camino seguro hacia la paz interior y el respeto a los demás.6

Conclusión

La posverdad transforma la opinión en criterio de realidad, la emoción en prueba y la repetición en aparente evidencia. Su raíz más profunda aparece en el relativismo que desconfía de la capacidad humana para conocer la verdad y reduce las cuestiones decisivas a preferencias individuales.

La fe católica afirma que la realidad no depende de los deseos humanos, que la inteligencia puede conocerla y que la verdad conduce al bien. La razón natural permite conocer muchas verdades sobre el mundo, la persona y la moral; la revelación divina comunica los misterios de Dios y alcanza su plenitud en Jesucristo. La posverdad puede deformar ambos órdenes cuando sustituye la realidad por la subjetividad y la revelación por una interpretación moldeada según las preferencias del momento.

Frente a ella, el cristiano debe unir veracidad, prudencia, justicia, humildad y caridad. Comprobar antes de compartir, rectificar los errores, respetar la fama ajena y buscar una comunicación que construya comunión forman parte de la responsabilidad moral. La verdad cristiana no es una simple colección de datos: es fidelidad a la realidad, apertura al bien y adhesión a Jesucristo, que libera al ser humano de la falsedad.

Citas y referencias

  1. Papa Francisco. Día Mundial de la Comunicación LII, 2018, Introducción (2018). 2
  2. Capítulo dos - Fe y verdad, Papa Francisco. Lumen Fidei, 25 (2013).
  3. J. Polo-Carrasco. El futuro cristiano de la juventud española, 8 (1983).
  4. Ángel Pérez-López e Israel Pérez-López. Conciencia católica y desobediencia civil: La primacía de la verdad, 7 (2022).
  5. Primera parte - De la verdad - ¿Reside la verdad sólo en el intelecto? , Tomás de Aquino. Summa Theologiae, I, Q. 16, A. 1, co. (1274). 2
  6. Viaje apostólico a los Estados Unidos: Reunión con educadores católicos en la sala de conferencias de la Universidad Católica de América en Washington, Papa Benedicto XVI. Viaje apostólico a los Estados Unidos: Reunión con educadores católicos en la Sala de Conferencias de la Universidad Católica de América en Washington (17 de abril de 2008), 1 (2008). 2 3 4
  7. B3. «La verdad os hará libres» (Jn 8,32), Papa Francisco. Día Mundial de la Comunicación LII, 2018, 3 (2018). 2 3
  8. Certeza. Enciclopedia Católica, Certeza (1913).
  9. B1. Diálogo interreligioso - 2. El lugar del diálogo interreligioso en la misión evangelizadora de la Iglesia - Hacia la plenitud de la verdad divina, Dicastería para el Diálogo Interreligioso. Diálogo y proclamación (1991), 37 (1991). 2 3
  10. IV. Un estilo distintivo: Amor ... y vivirás (cf. Lc 10,27-28). - El qué y el cómo: La creatividad del amor, Dicastería para la Comunicación. Hacia la plena presencia: Una reflexión pastoral sobre el compromiso con los medios sociales, 66 (2023). 2
  11. IV. Un estilo distintivo - El qué y el cómo: La creatividad del amor, Dicastería para las Comunicaciones. Una reflexión pastoral sobre el compromiso con los medios sociales, 66 (2023).
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