La distinción entre verdad natural y verdad revelada resulta fundamental para comprender la respuesta católica a la posverdad.
La verdad natural
La verdad natural comprende aquellas realidades que la persona puede conocer mediante la experiencia, la razón, la investigación y el testimonio humano. Incluye hechos históricos, principios lógicos, conocimientos científicos, normas básicas de la ley moral natural y verdades filosóficas accesibles a la inteligencia.
La razón humana puede conocer que existe un orden objetivo en la realidad y que ciertas acciones corresponden a la dignidad humana mientras otras la contradicen. La conciencia no crea el bien y el mal; juzga los actos a la luz de la verdad moral, aunque pueda formarse de manera deficiente.
El Concilio Vaticano I distinguió dos órdenes de conocimiento: el conocimiento natural, alcanzable mediante la razón, y el conocimiento sobrenatural, recibido por la fe en la revelación divina. Ambos órdenes tienen fuentes y objetos propios, aunque no pueden contradecirse porque toda verdad procede, en último término, de Dios.
La posverdad afecta a la verdad natural cuando:
- niega hechos comprobables por motivos ideológicos;
- presenta una opinión como si fuera un dato;
- desacredita toda institución que aporte pruebas;
- sustituye la argumentación por consignas;
- manipula la memoria histórica;
- convierte la moral en una preferencia privada;
- atribuye a la mayoría el poder de determinar lo real.
La defensa de la verdad natural exige respetar la evidencia, distinguir grados de certeza, consultar testimonios cualificados y aceptar la corrección cuando los hechos contradicen una opinión previa.
La verdad revelada
La verdad revelada comprende los misterios que Dios comunica libremente al ser humano y que superan la capacidad natural de la razón. El centro de la revelación cristiana no consiste en un conjunto abstracto de proposiciones, sino en Jesucristo, Verbo encarnado, mediador y plenitud de la revelación.
La fe no nace de una preferencia emocional ni de una construcción cultural privada. Dios revela la verdad para entrar en relación con la humanidad y conducirla a la salvación. La Iglesia conserva, transmite e interpreta el depósito de la fe bajo la asistencia del Espíritu Santo. La comprensión de las realidades y palabras transmitidas puede crecer mediante el estudio, la experiencia espiritual y la enseñanza de los obispos, sin alterar la plenitud de la revelación realizada en Cristo.
La posverdad afecta a la verdad revelada cuando:
- reduce la fe a una opinión personal entre muchas;
- interpreta el Evangelio según las preferencias del momento;
- separa a Cristo de la verdad objetiva que Él comunica;
- selecciona únicamente las enseñanzas cristianas compatibles con los deseos individuales;
- presenta la doctrina católica como una estrategia de poder;
- confunde el desarrollo legítimo de la doctrina con el cambio arbitrario de la revelación;
- utiliza textos bíblicos fuera de contexto para justificar posiciones previamente adoptadas.
La fe católica no identifica la certeza de la revelación con la certeza propia de las ciencias experimentales. La ciencia estudia realidades observables mediante métodos determinados; la fe responde a la iniciativa de Dios y descansa en su autoridad. La razón puede reconocer la credibilidad de la revelación mediante signos y argumentos, pero el acto sobrenatural de fe procede de la gracia y de la adhesión a Dios que revela.
Relación entre ambos órdenes
La verdad natural y la verdad revelada no forman dos mundos incomunicados. La razón puede alcanzar verdades sobre el ser humano, el mundo y Dios; la revelación ilumina esas verdades y ofrece respuestas sobre el origen, el destino y la salvación que la razón no podría alcanzar por sus propias fuerzas.
Benedicto XVI explicó que la misión de la Iglesia en la búsqueda de la verdad incluye purificar la razón, mantenerla abierta a las cuestiones últimas e iluminar los fundamentos de la moral y de la ética. La verdad debe fundamentar la acción, y no quedar subordinada a una práctica política o social que pretenda fabricar su propia legitimidad.