La predicación es una dimensión vital de la misión de la Iglesia, que ha recibido el Evangelio como una proclamación de alegría y salvación1. Su identidad más profunda reside en evangelizar1. Desde los tiempos apostólicos, la Iglesia se ha identificado con la historia de esta proclamación, buscando siempre la mejor manera de hacer resonar el misterio de Jesús para que llegue a todos los que deben escucharlo2.
El objetivo principal de la predicación es invitar a las personas a la comunión con Dios y entre sí, a medida que reciben el Espíritu, quien es vida y comunión3. No es un mero discurso sobre un tema abstracto, ni un ejercicio de exégesis bíblica detallada, ni una instrucción puramente catequética, ni un testimonio personal del predicador4. Más bien, la predicación busca proclamar cómo la Palabra de Dios se cumple aquí y ahora4, revelando la contribución central de los textos bíblicos para iluminar la fe y estimular el progreso de la vida cristiana, tanto a nivel comunitario como individual5,6.
La predicación católica es una ciencia que trata de la composición y pronunciación de un sermón u otro discurso religioso7. Incluye todas las formas de predicación, como el sermón, la homilía y la instrucción catequética7. Es un acto profundamente eclesial que convoca a todos los que trabajan en el Evangelio, según sus carismas y ministerios individuales1.
