El texto presenta una estructura ordenada, aunque su redacción posee un estilo poético y solemne.
Invitación a la alegría
El pregón comienza convocando a la alegría a toda la creación. El coro de los ángeles, la asamblea celestial, la tierra y la Iglesia participan en una misma celebración. La Pascua no aparece como un acontecimiento privado, sino como una victoria destinada a toda la humanidad y al universo entero.
El inicio latino invita a que exulten los ejércitos celestiales, que resuene la trompeta de la salvación y que la tierra se alegre al quedar iluminada por el resplandor del Rey eterno. También la Iglesia, presentada como madre, participa en la alegría y hace resonar el templo con las voces del pueblo.,
Súplica por el ministro
Después de la invitación inicial, el diácono pide la misericordia de Dios. Reconoce que desempeña el ministerio de forma inmerecida y solicita recibir la luz necesaria para proclamar dignamente la alabanza del cirio.
Esta súplica manifiesta que el pregón no depende únicamente de la capacidad musical o literaria del ministro. La proclamación litúrgica exige una gracia recibida de Dios y un servicio humilde en favor de toda la asamblea.,
Diálogo solemne
El pregón incorpora el diálogo litúrgico tradicional entre el ministro y la asamblea:
- «El Señor esté con vosotros».
- «Y con tu espíritu».
- «Levantemos el corazón».
- «Lo tenemos levantado hacia el Señor».
- «Demos gracias al Señor, nuestro Dios».
- «Es justo y necesario».
Este diálogo vincula el Exsultet con la gran acción de gracias eucarística. La Iglesia reúne la voz del diácono y la respuesta del pueblo en una única alabanza dirigida al Padre por medio de Jesucristo.
Acción de gracias al Padre y al Hijo
El pregón proclama que resulta justo alabar a Dios Padre y a Jesucristo, su Hijo unigénito. La alabanza no se dirige a una fuerza anónima ni a una luz puramente natural, sino al Dios invisible y todopoderoso y a Cristo, Señor de la historia.
La Pascua aparece así como una acción de Dios: el Padre manifiesta su gloria en la obra salvadora del Hijo, y la Iglesia responde mediante la alabanza y la acción de gracias.
Alabanza de la noche santa
Uno de los elementos más característicos del Exsultet es la alabanza de la noche. La noche pascual deja de representar únicamente oscuridad o ausencia de luz. En ella acontece la liberación, la resurrección y la reconciliación.
La tradición litúrgica canta esta noche como el momento en que las realidades terrenas y celestiales quedan unidas, el pecado pierde su poder y la humanidad recibe la posibilidad de volver a la amistad con Dios. La noche santa transforma el lenguaje ordinario de la oscuridad: aquello que normalmente simboliza temor y pérdida se convierte en el marco de la victoria divina.
El pecado de Adán y la redención
El pregón incluye una paradoja célebre al referirse al pecado de Adán como una falta que, dentro del designio redentor de Dios, permitió la manifestación de una redención tan grande. Esta expresión no aprueba el pecado ni presenta el mal como bueno. La Iglesia proclama que Dios puede sacar un bien infinitamente superior de una tragedia provocada por la desobediencia humana.
El centro de la noche pascual no reside en la caída, sino en la sobreabundancia de la gracia. Cristo no se limita a restaurar una situación anterior: conduce a la humanidad a una comunión renovada con Dios.
La historia de la salvación
El Exsultet contempla la Pascua dentro de la historia completa de la salvación. El éxodo de Israel, el paso de la esclavitud a la libertad y la columna de fuego encuentran su plenitud en Cristo.
La columna del éxodo aparece como figura antigua de la luz pascual. La llama del cirio recuerda la presencia de Dios que guía a su pueblo y anticipa la luz definitiva del Resucitado. El pregón no separa el Antiguo y el Nuevo Testamento, sino que interpreta las antiguas obras de Dios como preparación y anuncio de la Pascua de Cristo.