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Preliminares en el acto conyugal

Los preliminares en el acto conyugal comprenden las expresiones de afecto, ternura, comunicación y cercanía que disponen a los esposos para la unión íntima. Desde la perspectiva católica, no constituyen un añadido secundario ni una búsqueda aislada de placer, sino una dimensión de la entrega personal de los cónyuges, que debe respetar su dignidad, la libertad de ambos y la apertura propia del matrimonio a la vida.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePreliminares en el acto conyugal
CategoríaTérmino
DescripciónExpresiones de afecto, ternura, comunicación y cercanía que disponen a los esposos para la unión íntima
ReferenciasConcilio Vaticano II, Pablo VI, Pontificio Consejo para la Familia
Enseñanzas PrincipalesLos preliminares son una dimensión de la entrega personal que debe respetar la dignidad, la libertad y la apertura a la vida.
Tema
TipoDoctrina

Tabla de contenido

Concepto y significado

La expresión preliminares designa los gestos y comportamientos que preceden inmediatamente a la unión conyugal y que favorecen la preparación corporal, afectiva y espiritual de los esposos. Pueden incluir muestras de cariño, palabras de amor, caricias, abrazos, besos y otras manifestaciones de ternura propias de la intimidad matrimonial.

La tradición católica no considera el cuerpo como un instrumento ajeno a la persona. La sexualidad alcanza su sentido plenamente humano cuando queda integrada en una relación de entrega completa y duradera entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio. La castidad conyugal exige, por tanto, la integridad de la persona y la totalidad del don mutuo.1

Los preliminares cumplen una función preparatoria, pero su significado no se reduce a la preparación fisiológica para la unión sexual. Expresan y fortalecen la amistad conyugal, ayudan a que cada esposo acoja al otro como persona y manifiestan corporalmente el amor que ambos han prometido vivir. El Concilio Vaticano II describe el amor matrimonial como una entrega mutua que impregna toda la vida de los esposos, incluidos sus sentimientos y gestos de ternura.2

Fundamento antropológico

La persona no es un objeto

La intimidad matrimonial afecta a la totalidad de la persona. Por esta razón, los preliminares pierden su sentido cuando uno de los cónyuges utiliza al otro como medio para alcanzar satisfacción individual. Incluso una conducta que no alterase la estructura biológica del acto conyugal podría resultar moralmente desordenada si redujera al cónyuge a un objeto de deseo y prescindiera del amor.3

La ternura auténtica reconoce el misterio personal del otro. La intimidad corporal permite que los esposos compartan aspectos profundamente reservados de su existencia, pero esa confianza no elimina el respeto. Al contrario, el amor hace posible una cercanía más profunda precisamente porque conserva la delicadeza ante la dignidad del cónyuge.4

La entrega recíproca

El acto conyugal pertenece al lenguaje corporal de la entrega. Los gestos que lo preceden deben concordar con ese lenguaje y expresar una disposición real a darse y recibirse mutuamente. La intimidad matrimonial no consiste en un contacto físico aislado, sino en una comunicación personal en la que cada cónyuge ofrece y acepta el don del otro.5

Los preliminares contribuyen a que la unión no aparezca como una acción mecánica o unilateral. Preparan una comunión en la que ambos participan de forma libre, consciente y afectuosa. Por ello, la solicitud mutua y la atención al estado físico y emocional del cónyuge forman parte de la responsabilidad moral de los esposos.

Relación con la castidad conyugal

La castidad no equivale a ausencia de sexualidad

La castidad matrimonial no exige renunciar a la sexualidad propia del matrimonio. Constituye una virtud que ordena el deseo y el uso de la sexualidad hacia el amor verdadero. En la vida conyugal, requiere respeto, amor lleno de ternura y una orientación espiritual hacia Dios.4

Desde esta perspectiva, los preliminares no son incompatibles con la castidad. Pueden expresar una afectividad limpia, alegre y delicada cuando integran el deseo corporal en la entrega de las personas. La castidad protege la intimidad frente al egoísmo, la brusquedad, la manipulación y la búsqueda de placer desligada del bien del matrimonio.

Una formulación clásica de esta doctrina afirma que no existe un amor humano pleno, franco y alegre en el matrimonio sin la virtud de la castidad, porque esta respeta el misterio de la sexualidad y lo ordena a la fecundidad y a la entrega.3

Respeto, amor y delicadeza

La tradición moral católica reconoce tres disposiciones esenciales para la pureza de la vida matrimonial:

  • Respeto, porque el cuerpo manifiesta la persona y la intimidad pertenece al ámbito más reservado de la existencia.
  • Amor, porque la unión corporal debe proceder de una verdadera entrega y no de la mera satisfacción del instinto.
  • Delicadeza, porque la cercanía matrimonial exige naturalidad, atención y consideración hacia la sensibilidad del otro.

La delicadeza no significa frialdad ni temor ante la expresión corporal del amor. Significa tratar al cónyuge de acuerdo con su dignidad, evitando toda forma de imposición o instrumentalización. Los gestos de afecto adquieren así un valor personal: no buscan simplemente provocar una reacción, sino comunicar amor y preparar una entrega compartida.

Libertad y consentimiento de los esposos

La reciprocidad

Los preliminares deben respetar la libertad de ambos cónyuges. El matrimonio no convierte a ninguno de ellos en propiedad del otro ni elimina la necesidad de un consentimiento actual para cada relación íntima. La igualdad de dignidad personal exige que la unión sea verdaderamente recíproca.

La doctrina católica rechaza el acto conyugal impuesto sin considerar la situación concreta y los deseos legítimos del otro cónyuge, porque una imposición así contradice la naturaleza del amor.3

Esta exigencia también alcanza a los preliminares. Una conducta aparentemente afectuosa puede resultar injusta si pretende vencer la resistencia del cónyuge, presionarlo emocionalmente o conducirlo a una unión que no desea. El amor matrimonial invita y acoge; no fuerza.

Atención a la situación concreta

La caridad conyugal reclama tener en cuenta el cansancio, la enfermedad, la tristeza, el embarazo, el posparto, la edad, las dificultades psicológicas y las circunstancias familiares. La consideración del otro no destruye la espontaneidad del amor, sino que la hace más humana.

En algunas ocasiones, la verdadera expresión de amor consiste en abstenerse de la unión sexual. La abstención puede manifestar un amor auténticamente unitivo cuando responde a una necesidad real y nace de la solicitud mutua, no del desprecio, del castigo o de la indiferencia.6

Unidad y apertura a la vida

Los dos significados del acto conyugal

La enseñanza católica vincula inseparablemente dos significados del acto conyugal:

  • El significado unitivo, por el que los esposos expresan y profundizan su comunión.
  • El significado procreador, por el que la unión corporal permanece abierta a la transmisión de la vida.

Pablo VI enseñó que la estructura íntima del acto conyugal une profundamente a los esposos y, al mismo tiempo, los hace aptos para la generación de nuevas vidas. La conservación de ambos aspectos permite que el acto mantenga íntegro el sentido del amor mutuo y su orientación a la paternidad.7

El papel de los preliminares

Los preliminares no constituyen por sí mismos el acto conyugal en sentido pleno. Su valoración depende de su relación con la totalidad de la unión matrimonial. Cuando preparan una entrega corporal auténtica, respetuosa y abierta a la vida, participan del lenguaje amoroso propio del matrimonio.

No corresponde atribuir a los preliminares una obligación de fecundidad aislada de la unión conyugal. Sin embargo, tampoco conviene separarlos deliberadamente de la verdad del acto al que conducen. La intimidad matrimonial forma una unidad moral y afectiva: los gestos previos, la unión corporal y la actitud posterior deben concordar con la entrega total de los esposos.

La apertura a la vida no significa que cada relación matrimonial tenga que producir efectivamente un hijo. Significa que ningún acto conyugal debe cerrarse voluntariamente a la transmisión de la vida mediante una intervención anticonceptiva. La doctrina católica enseña que todo acto conyugal debe conservar su apertura a la vida y que el significado unitivo no puede separarse del procreador.7,1

El placer y su ordenación al amor

El placer puede acompañar legítimamente la unión matrimonial, pero no constituye su significado fundamental. El sentido del acto conyugal reside en la comunicación personal y en la entrega recíproca, mientras que el placer, aunque pueda ser intenso, es pasajero.5

Esta doctrina permite comprender correctamente el lugar de los preliminares. El placer no debe despreciarse como si fuera indigno, pero tampoco puede convertirse en el criterio supremo de la conducta matrimonial. Los gestos de afecto son moralmente buenos cuando sirven a la comunión de los esposos y respetan la estructura propia del amor conyugal.

El egoísmo aparece cuando uno de los cónyuges busca exclusivamente su propia satisfacción, ignora la disposición del otro o convierte la intimidad en un derecho absoluto sobre el cuerpo ajeno. En cambio, el amor considera el bien integral de ambos y procura que la cercanía corporal sea expresión de una relación verdaderamente personal.

Criterios morales

Criterios positivos

Los preliminares corresponden a la moral cristiana del matrimonio cuando:

  • Expresan amor sincero y respeto.
  • Cuentan con la participación libre de ambos esposos.
  • Tienen lugar dentro del matrimonio.
  • Favorecen una entrega recíproca y no unilateral.
  • Respetan la dignidad corporal y espiritual de cada cónyuge.
  • Excluyen la violencia, la manipulación y el desprecio.
  • Permanecen integrados en la totalidad del acto conyugal.
  • Respetan la apertura propia del matrimonio a la vida.

La moralidad no depende solo de la intención subjetiva. El Concilio Vaticano II relaciona la conducta matrimonial con criterios objetivos derivados de la naturaleza de la persona y de sus actos, que deben conservar tanto el sentido de la entrega mutua como la ordenación a la procreación.3

Conductas incompatibles con la dignidad matrimonial

Resultan contrarias al amor conyugal las conductas que:

  • Imponen contacto o intimidad contra la voluntad del cónyuge.
  • Buscan deliberadamente la humillación o el dominio.
  • Utilizan al esposo o a la esposa como objeto.
  • Introducen violencia o coacción.
  • Ignoran una enfermedad, un sufrimiento o una necesidad grave.
  • Separan conscientemente la sexualidad de la entrega personal.
  • Convierten el placer en un fin cerrado sobre sí mismo.
  • Emplean la intimidad como instrumento de chantaje o castigo.

La existencia del matrimonio no legitima cualquier comportamiento entre los esposos. La alianza matrimonial funda una comunidad de vida y amor, pero precisamente por eso exige un trato conforme con la igual dignidad de ambos.

Dimensión espiritual

El matrimonio cristiano posee una dimensión sacramental. Cristo elevó el matrimonio a una dignidad nueva y otorgó a los esposos una gracia particular para vivir su comunión de amor y de vida.1

Los preliminares pueden integrarse en esa espiritualidad cuando expresan gratitud por el cónyuge, fidelidad a la alianza y acogida del don corporal. La intimidad no queda fuera de la vida cristiana: forma parte de la vocación matrimonial y puede convertirse en una forma concreta de entrega, servicio y renovación del amor.

La oración, la comunicación sincera y la formación de la conciencia ayudan a los esposos a superar tanto el rigorismo que considera sospechosa toda expresión corporal como el permisivismo que reduce la sexualidad a placer. La virtud de la castidad ofrece un camino de integración: une cuerpo, afectividad, voluntad, inteligencia y gracia.

Comunicación entre los esposos

La comunicación resulta esencial para vivir los preliminares con madurez. Cada matrimonio posee una historia, una sensibilidad y unas circunstancias propias. Los esposos necesitan hablar con respeto sobre sus necesidades, límites, cansancios, dificultades y expectativas.

Una comunicación adecuada evita dos extremos:

  • El silencio que produce malentendidos y distancia.
  • La exigencia de que el otro satisfaga inmediatamente todos los deseos propios.

La conversación conyugal debe proteger la confianza. La intimidad no puede convertirse en un examen permanente ni en un espacio de reproches. Los esposos progresan cuando aprenden a escuchar, agradecer, pedir perdón y expresar afecto sin manipulación.

Cuando aparecen dificultades persistentes -dolor, rechazo, miedo, falta de deseo, conflictos graves o experiencias traumáticas- conviene buscar ayuda pastoral y profesional respetuosa con la visión cristiana de la persona y del matrimonio.

Relación con la paternidad responsable

La apertura a la vida forma parte de la identidad del matrimonio. El amor conyugal no termina en la relación de los esposos, sino que está ordenado también a la procreación y educación de los hijos. El Concilio Vaticano II presenta a los cónyuges como cooperadores del amor creador de Dios e intérpretes de ese amor en la transmisión de la vida.8

Los preliminares no deben entenderse como una técnica para conseguir un resultado corporal, sino como una manifestación de la comunión matrimonial. La paternidad responsable exige una actitud positiva ante la fecundidad y un discernimiento moral sobre las circunstancias familiares. Antes de considerar cualquier método, importa la rectitud del fin y la disposición interior de los esposos ante el don de la vida.8

La responsabilidad cristiana no autoriza a separar voluntariamente los significados unitivo y procreador del acto conyugal. El amor matrimonial conserva su verdad cuando la entrega corporal permanece abierta a aquello que pertenece a su estructura propia: la comunión de los esposos y la posibilidad de una nueva vida.

Valor pastoral

Una adecuada comprensión de los preliminares ayuda a presentar la moral católica de manera equilibrada. La Iglesia no propone una visión negativa del cuerpo ni identifica la castidad con la represión de los afectos. Defiende una sexualidad integrada en la persona, protegida por el amor y ordenada a la entrega.

También evita reducir la intimidad matrimonial a una obligación biológica. El amor conyugal necesita ternura, tiempo, atención y conocimiento mutuo. Los gestos de afecto pueden renovar la cercanía de los esposos y ayudarles a superar la rutina, siempre que mantengan el respeto y la libertad.

La madurez matrimonial no consiste en buscar constantemente experiencias intensas, sino en aprender a convertir la intimidad en una expresión verdadera de la alianza. En ocasiones, la entrega se manifiesta mediante la unión corporal; en otras, mediante la paciencia, el cuidado, la renuncia temporal o la atención a las necesidades del cónyuge.

Síntesis doctrinal

Los preliminares en el acto conyugal poseen un valor humano y moral cuando preparan y expresan una entrega matrimonial auténtica. Su bondad depende de varios elementos inseparables:

  1. La dignidad de la persona, que excluye toda utilización del cónyuge.
  2. La libertad y reciprocidad, que rechazan la imposición.
  3. La castidad conyugal, que integra el deseo en el amor.
  4. La unidad del matrimonio, que sitúa la intimidad dentro de una alianza exclusiva y fiel.
  5. La apertura a la vida, que impide separar voluntariamente los significados unitivo y procreador.
  6. La ternura y la delicadeza, que permiten expresar corporalmente la entrega personal.

Así entendidos, los preliminares no son un elemento marginal de la vida matrimonial. Forman parte del lenguaje corporal mediante el cual los esposos manifiestan amor, respeto, gratitud y disponibilidad para una comunión plena, conforme a la dignidad del matrimonio cristiano.

Citas y referencias

  1. Introducción - 2. La castidad conyugal en la doctrina de la Iglesia, Pontificio Consejo para la Familia. Vademécum para confesores sobre algunos temas de moral conyugal, 2 (1997). 2 3
  2. Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Una caro. Elogio de la monogamia. Nota doctrinal sobre el valor del matrimonio como unión exclusiva y pertenencia mutua (25 de noviembre de 2025), 14 (2025).
  3. P. Rodríguez. Matrimonio y familia: cuestiones pastorales, 35 (1980). 2 3 4
  4. José M. Martínez Doral. La santidad de la vida conyugal. Reflexiones al margen sobre algunos puntos de Camino, 13 (1989). 2
  5. C. Burke. Inseparabilidad de los aspectos unitivo y procreativo del acto conyugal, 3 (1989). 2
  6. P. Rodríguez. Matrimonio y familia: cuestiones pastorales, 34 (1980).
  7. P. Rodríguez. Matrimonio y familia: cuestiones pastorales, 36 (1980). 2
  8. P. Rodríguez. Matrimonio y familia: cuestiones pastorales, 38 (1980). 2
Modificado el 20 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.73Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/0m3vm60pv

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