La expresión preliminares designa los gestos y comportamientos que preceden inmediatamente a la unión conyugal y que favorecen la preparación corporal, afectiva y espiritual de los esposos. Pueden incluir muestras de cariño, palabras de amor, caricias, abrazos, besos y otras manifestaciones de ternura propias de la intimidad matrimonial.
La tradición católica no considera el cuerpo como un instrumento ajeno a la persona. La sexualidad alcanza su sentido plenamente humano cuando queda integrada en una relación de entrega completa y duradera entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio. La castidad conyugal exige, por tanto, la integridad de la persona y la totalidad del don mutuo.1
Los preliminares cumplen una función preparatoria, pero su significado no se reduce a la preparación fisiológica para la unión sexual. Expresan y fortalecen la amistad conyugal, ayudan a que cada esposo acoja al otro como persona y manifiestan corporalmente el amor que ambos han prometido vivir. El Concilio Vaticano II describe el amor matrimonial como una entrega mutua que impregna toda la vida de los esposos, incluidos sus sentimientos y gestos de ternura.2
