En la antigüedad cristiana, el presbiterio era el área de la iglesia destinada a los sacerdotes (presbíteros) que se sentaban en semicírculo alrededor del obispo durante las funciones litúrgicas1. Este espacio era conocido por varios nombres que aludían a su forma o función. Se le llamaba ábside, exedra o concha por su configuración semicircular, y bema debido a que estaba elevado unos pocos escalones sobre el nivel de la nave1. El término tribuna también se usaba, comparándolo con los tribunales civiles donde los magistrados impartían justicia1.
Durante la Edad Media, estos nombres fueron reemplazados en gran medida por el término coro, el cual, a su vez, cedió paso al término moderno santuario en la Iglesia Occidental1. El presbiterio se separaba del resto de la iglesia mediante barandales, conocidos como cancelli, una característica descrita por Eusebio en su Historia Eclesiástica, donde el «Santo de los Santos, el altar» estaba cercado para hacerlo «inaccesible a la multitud»1.
La práctica de restringir el acceso al presbiterio era estricta. En Constantinopla, los emperadores podían permanecer dentro del presbiterio durante la liturgia, pero en Occidente esto no estaba permitido, como se evidencia en el episodio de Teodosio el Grande y San Ambrosio1. El Concilio de Trullo (canon LXIX) hizo una excepción específica para el emperador, pero la norma general era que el presbiterio estaba reservado al clero, lo que llevó al uso del término adyta (inaccesible)1.
El término «presbiterio» también se utilizaba para referirse a un cuerpo colectivo de sacerdotes1. En la actualidad, en algunos lugares, la casa parroquial donde reside el clero también es conocida como presbiterio1.
