Configuración con Cristo Sacerdote
El presbiterado pertenece al sacramento del Orden. La ordenación imprime en el sacerdote un carácter especial y lo configura con Cristo Sacerdote, de modo que pueda actuar sacramentalmente en nombre de Cristo Cabeza.
Esta configuración no convierte al presbítero en una figura autónoma frente a la Iglesia. Al contrario, lo incorpora más profundamente a la misión de Cristo y lo destina al servicio del Pueblo de Dios. El sacerdote actúa en nombre de Cristo precisamente dentro de la comunión eclesial y para edificarla.
El presbítero presta su inteligencia, voluntad, voz y manos al ejercicio del ministerio de Cristo, pero la eficacia sacramental no procede de sus cualidades personales. Procede de Cristo, que actúa en la Iglesia por el Espíritu Santo. Por ello, la santidad, la competencia pastoral y la madurez humana del sacerdote son necesarias para un ministerio fecundo, aunque no constituyen el fundamento sacramental de su autoridad.
Relación con el obispo
El presbítero recibe su misión en comunión con el obispo. El obispo posee la plenitud del sacramento del Orden y preside la Iglesia particular; los presbíteros participan con él en la misión apostólica y ejercen su ministerio como sus cooperadores.
Esta relación no representa una simple dependencia administrativa. Expresa la naturaleza jerárquica y sacramental de la Iglesia. El presbítero no recibe una misión privada ni actúa como representante independiente de una comunidad local. Su ministerio pertenece al único sacerdocio de Cristo y participa de la misión apostólica confiada a la Iglesia.
La obediencia al obispo, entendida dentro de la comunión eclesial, protege al sacerdote de dos deformaciones opuestas: el autoritarismo individualista y la reducción del ministerio a una función democrática equiparable a cualquier cargo comunitario. La autoridad sacerdotal debe ejercerse con humildad, espíritu de servicio y comunión.
El presbiterio diocesano
Todos los presbíteros de una diócesis forman, junto con su obispo, un único presbiterio. Aunque desempeñen tareas distintas -parroquiales, docentes, misioneras, académicas o administrativas-, todos participan en el mismo ministerio sacerdotal al servicio de los hombres.
La diversidad de funciones no rompe la unidad del sacerdocio. Un párroco, un capellán, un profesor de teología o un sacerdote dedicado a una tarea misionera no poseen sacerdocios diferentes. Cada uno ejerce, según la misión recibida, el único ministerio presbiteral de la Iglesia.
Esta doctrina impide comprender al sacerdote como un profesional religioso aislado. Su identidad incluye necesariamente tres relaciones:
- Con Cristo, que lo configura sacramentalmente.
- Con el obispo, de quien recibe la misión concreta.
- Con los demás presbíteros, con quienes comparte la fraternidad sacramental y la responsabilidad apostólica.