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Presentación de la Virgen María en el templo

La Presentación de la Virgen María en el templo es una fiesta mariana que conmemora, según una antigua tradición cristiana, la entrega de María a Dios por sus padres, Joaquín y Ana, cuando todavía era una niña. La celebración, fijada el 21 de noviembre, nació en Oriente y llegó progresivamente a la Iglesia latina. Su sentido litúrgico no depende de la historicidad demostrable de todos los detalles narrativos, sino de la contemplación de María como mujer consagrada al Señor y como templo vivo de Dios.

Presentation of the Virgin in the Temple
Ver información de la imagenPresentación de María. c. 1641. Galería Web de Arte: Imagen Información sobre la obra "t/testa/presenta", Pietro Testa, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePresentación de la Virgen María en el templo
CategoríaEvento
DescripciónFiesta mariana que conmemora la entrega de María a Dios por sus padres, Joaquín y Ana, cuando era niña. Contemplación de María como mujer consagrada al Señor y como templo vivo de Dios
ReferenciasProtoevangelio de Santiago
Fecha de Celebración21 de noviembre
HistoriaNació en Oriente, celebrada en Constantinopla entre los siglos VII y VIII, introducida en Occidente en el siglo XIV por Gregorio XI y en el calendario romano en 1585 por Sixto V.
OrganizadorPapa Gregorio XI, Sixto IV, Sixto V, Manuel Comneno
OrigenOriente, probablemente en Siria
Personas RelacionadasJoaquín, Ana, María
TipoFiesta litúrgica
UbicaciónOriente, Constantinopla, Aviñón, Roma

Tabla de contenido

Naturaleza de la fiesta

La Presentación de María en el templo no debe confundirse con la Presentación del Señor, que la Iglesia celebra el 2 de febrero. La primera recuerda litúrgicamente la dedicación de María a Dios; la segunda conmemora la presentación de Jesucristo en el templo de Jerusalén, cuarenta días después de su nacimiento, junto con el encuentro con Simeón y Ana.1

La fiesta mariana recibe diversos nombres en las tradiciones cristianas orientales y occidentales, entre ellos Entrada de la Madre de Dios en el templo y Presentación de la Santísima Virgen María. El nombre oriental expresa particularmente el movimiento de María hacia el espacio sagrado; el occidental pone el acento en la ofrenda que sus padres realizan a Dios.

La liturgia contempla en María a la criatura enteramente abierta a la voluntad divina. La fiesta no pretende afirmar que María recibiera en el templo una formación institucional cuya existencia pueda demostrarse históricamente, sino presentar su vida desde el comienzo como una respuesta de amor, disponibilidad y consagración.

Relato tradicional

Joaquín, Ana y el voto de los padres

Los relatos tradicionales cuentan que Joaquín y Ana, después de haber recibido a María, cumplieron un voto y la llevaron al templo cuando tenía aproximadamente tres años. Allí habría permanecido dedicada al servicio de Dios y habría recibido educación junto con otras niñas. Esta narración aparece en el Protoevangelio de Santiago y en otros escritos apócrifos relacionados con la infancia de María.2

El relato presenta a los padres de María como personas agradecidas. La niña no aparece solo como fruto de una alegría familiar, sino como un don que retorna a Dios. Esta estructura teológica -recibir, agradecer y ofrecer- anticipa el modo en que la tradición cristiana interpreta toda la existencia de María.

La subida al templo

La tradición describe a María subiendo los escalones del templo y entrando en el recinto sagrado con plena disposición interior. Algunas versiones presentan a sus padres acompañándola; otras concentran la atención en la iniciativa de la niña y en su acogida por las autoridades sacerdotales.

Los detalles narrativos poseen un carácter simbólico. La subida expresa el crecimiento espiritual; el templo representa la presencia de Dios; y la entrega de María manifiesta una consagración que alcanzará su plenitud en la Anunciación, cuando acepte convertirse en la madre del Mesías.

La permanencia en el recinto sagrado

Los apócrifos sostienen que María permaneció en el templo hasta la edad de la pubertad y que allí recibió una formación religiosa. Algunas versiones añaden elementos extraordinarios, como visiones y visitas de los ángeles. La tradición también relaciona su salida del templo con la búsqueda de un esposo y con el posterior desposorio con José.3

La Iglesia no considera estos pormenores como datos históricos pertenecientes a la revelación bíblica. Además, la tradición cristiana antigua no fue unánime sobre la residencia de María en el templo: san Ambrosio, al describir su vida anterior a la Anunciación, la situaba en la casa de sus padres.3

Fuentes literarias y valor histórico

El Protoevangelio de Santiago

El principal relato de la Presentación procede del Protoevangelio de Santiago, escrito apócrifo que amplía la información sobre Joaquín, Ana, el nacimiento de María y su infancia. La narración de la entrada de María en el templo constituye uno de los testimonios más influyentes para la iconografía, la predicación y la liturgia de esta fiesta.

Otros escritos, como el Evangelio del Pseudo-Mateo y el Evangelio de la Natividad de María, transmiten versiones semejantes o desarrollan algunos de sus motivos. Estos textos contribuyeron a configurar la memoria cristiana de la infancia de María, aunque no forman parte del canon bíblico.2

Ausencia de un relato bíblico

El Nuevo Testamento no narra la presentación de María en el templo. Los Evangelios comienzan su relato mariano con la Anunciación, el encuentro con Isabel y el nacimiento de Jesús. Por ello, la fiesta no descansa sobre un episodio evangélico explícito, sino sobre una tradición litúrgica y devocional posterior.

La ausencia del relato en la Escritura no impide que la Iglesia celebre su significado espiritual. La liturgia utiliza con frecuencia imágenes y temas procedentes de la tradición cristiana, siempre que su empleo no contradiga la fe y conduzca hacia el misterio de Cristo.

Precisión histórica sobre el templo de Jerusalén

La tradición no permite identificar con certeza el lugar exacto de la supuesta permanencia de María. Las descripciones históricas y arqueológicas conocidas del templo no proporcionan pruebas concluyentes de la existencia de dependencias destinadas a educar allí a niñas. Tampoco resulta suficiente comparar la tradición mariana con otros relatos bíblicos sobre personas que permanecieron en el templo por circunstancias excepcionales.3

Por ello, conviene distinguir entre Jerusalén como marco teológico de la tradición y una localización arqueológica demostrada. La antigua iglesia llamada Nea, levantada en Jerusalén bajo el emperador Justiniano y dedicada a la Virgen, recibió en la tradición una relación con la presencia de María en el entorno del templo; esa relación pertenece al ámbito de la memoria devocional y no constituye por sí misma una prueba histórica sobre el episodio.4

Hermenéutica de los textos apócrifos

Qué significa «apócrifo»

La palabra apócrifo designa, en este contexto, un escrito antiguo relacionado con personajes o acontecimientos bíblicos que no forma parte del canon de la Sagrada Escritura. La Iglesia distingue cuidadosamente entre inspiración bíblica, valor histórico, valor literario y valor espiritual.

Un texto apócrifo puede conservar tradiciones antiguas, expresar la piedad de una comunidad o transmitir símbolos teológicos, sin que cada episodio narrado posea garantía histórica. La lectura católica evita tanto el rechazo indiscriminado como la aceptación literal de todos sus detalles.

La lectura litúrgica

La Iglesia conserva la fiesta porque la liturgia no pretende convertir el relato apócrifo en una crónica verificable. Su finalidad consiste en celebrar el misterio de la vocación de María. El contenido litúrgico interpreta la tradición a la luz de la fe: María aparece como la mujer preparada para recibir al Verbo y como figura de la Iglesia consagrada al servicio de Dios.

La tradición litúrgica llegó a describir a María como el verdadero templo de Dios, porque llevó en su seno al Hijo eterno hecho hombre. Esta interpretación no depende de demostrar que una niña viviera físicamente en el recinto del templo, sino de reconocer en María una realidad espiritual que supera el edificio material.4

La relación con Cristo

Toda auténtica celebración mariana posee una orientación cristológica. La Presentación de María no constituye una fiesta aislada dedicada a la excelencia de una criatura, sino una celebración de la obra de Dios en aquella que sería la madre de Jesucristo.

La tradición litúrgica interpreta la entrada de María en el templo como una preparación simbólica para la Encarnación. María entra en el templo de Jerusalén; más tarde, el Hijo de Dios entra en la historia humana mediante ella. La imagen alcanza su culminación cuando María se convierte en la morada virginal del Verbo.

Historia de la celebración

Origen oriental

La fiesta nació en Oriente, probablemente en Siria, en un ambiente cristiano familiarizado con los relatos apócrifos sobre la infancia de María. Los testimonios litúrgicos más antiguos no ofrecen una fecha de origen completamente segura, pero la celebración aparece vinculada al desarrollo de la piedad mariana oriental.

La fiesta ya contaba con una tradición consolidada en Constantinopla durante la época del patriarca Germán, entre los siglos VII y VIII. Más tarde pasó a formar parte de los libros litúrgicos bizantinos y adquirió una difusión más amplia.4

Algunos documentos litúrgicos del siglo XI la registran con claridad, y una disposición imperial de Manuel Comneno, en 1166, la reconoce como una celebración plenamente establecida.2

Llegada a Occidente

La fiesta alcanzó la Iglesia latina durante la Edad Media. En Aviñón, durante el pontificado de Gregorio XI, recibió una celebración pública en 1372 con participación de numerosos cardenales. Al año siguiente, la capilla real de París incorporó la fiesta, y otras ciudades europeas la adoptaron progresivamente.5

Durante el siglo XV circularon en Occidente varios oficios litúrgicos propios. La celebración se extendió de manera gradual por diócesis y órdenes religiosas, aunque todavía no figuraba en todos los calendarios al final de la Edad Media.2

Sixto IV autorizó en 1472 que las iglesias y comunidades religiosas que lo desearan celebrasen la fiesta. Posteriormente, Sixto V la incorporó al calendario romano en 1585.5

Significado teológico

María, morada de Dios

La imagen central de la fiesta presenta a María como templo espiritual. El edificio de Jerusalén simboliza la presencia divina en medio de Israel; María, en cambio, llegará a ser la morada viva del Hijo de Dios.

Esta interpretación enlaza la Presentación con el misterio de la Encarnación. La santidad de María no procede de un mérito autónomo, sino de la gracia de Dios, que la prepara para su misión y la conduce hacia la maternidad divina.

Consagración y libertad

La presentación expresa una entrega total, pero no una anulación de la libertad. María aparece como una persona que responde a Dios con disponibilidad consciente. La devoción mariana presenta así la consagración no como una huida del mundo, sino como una forma plena de vivir para Dios y para el servicio de la salvación.

La fiesta invita a contemplar la vocación cristiana como una respuesta progresiva. La vida espiritual comienza con un don recibido y madura mediante decisiones concretas de fidelidad, oración y caridad.

Figura de la Iglesia

María representa también a la Iglesia. Del mismo modo que ella pertenece enteramente a Dios, la Iglesia existe para acoger su Palabra, custodiarla y ofrecerla al mundo. La Presentación anticipa esta dimensión eclesial: la comunidad cristiana encuentra en María el modelo de una respuesta dócil, perseverante y fecunda.

La tradición litúrgica interpreta la presencia de María en el templo como preparación para su misión de madre del Salvador. Un oficio occidental de la fiesta desarrollaba precisamente la idea de que María era preparada para su papel como Madre de Dios.5

La fiesta en la liturgia

La celebración tiene lugar el 21 de noviembre. En la tradición bizantina recibe una solemnidad particular y prolonga su celebración durante varios días. En la tradición romana forma parte del calendario litúrgico como memoria mariana.2

Los textos litúrgicos suelen presentar a María como la joven que entra en el templo, como la morada santa del Señor y como aquella que prepara en sí misma la llegada del Salvador. El lenguaje litúrgico no pretende reconstruir con precisión arquitectónica el templo de Jerusalén, sino expresar mediante símbolos la acción de la gracia.

La liturgia también relaciona la Presentación con la vida consagrada. La contemplación de María entregada a Dios ofrece un modelo para quienes reciben una vocación de especial consagración, pero su significado alcanza a todos los bautizados: cada cristiano está llamado a convertirse en morada del Espíritu Santo y a orientar su vida hacia Dios.

Diferencia con la Presentación del Señor

La confusión entre ambas fiestas resulta frecuente porque las dos utilizan la palabra presentación y tienen como escenario el templo de Jerusalén.

Presentación de María

  • Tiene lugar el 21 de noviembre.
  • Conmemora la dedicación de María a Dios durante su infancia.
  • Su tradición narrativa procede principalmente de escritos apócrifos.
  • Presenta a María como templo espiritual y figura de la Iglesia.

Presentación del Señor

  • Tiene lugar el 2 de febrero.
  • Conmemora la presentación de Jesús en el templo cuarenta días después de su nacimiento.
  • Su fundamento evangélico aparece en Lucas 2,22-35.
  • Incluye el encuentro con Simeón y Ana y la profecía sobre Cristo, luz de las naciones.6

La Presentación del Señor también recibe en Occidente el nombre tradicional de Purificación de la Virgen María, porque el rito estaba relacionado con las prescripciones de la Ley de Moisés. La reforma litúrgica moderna recuperó como título principal la referencia a Cristo presentado en el templo.1

Iconografía

La iconografía de la Presentación de María suele representar a Joaquín y Ana llevando a la niña hacia el templo. María aparece a menudo subiendo una escalinata, mientras un sacerdote la recibe en lo alto. La escena puede incluir el edificio del templo, doncellas, ángeles o elementos arquitectónicos que evocan Jerusalén.

La escalinata posee un valor simbólico: representa el ascenso espiritual y la progresiva orientación de María hacia Dios. El sacerdote simboliza la acogida de la niña en el espacio sagrado, aunque la imagen artística no pretende aportar una prueba histórica sobre la organización concreta del templo.

En el arte oriental, la escena forma parte de los grandes ciclos dedicados a la vida de la Virgen. Su composición suele subrayar el movimiento solemne de la procesión y la dimensión litúrgica del acontecimiento. En el arte occidental, la escena adquirió también un tono narrativo y afectivo, con especial atención a la relación entre los padres y la niña.

Espiritualidad de la celebración

La Presentación de María invita a vivir tres actitudes fundamentales:

  1. La gratitud, porque toda vocación comienza con un don recibido.
  2. La disponibilidad, porque María entrega su vida al proyecto de Dios.
  3. La perseverancia, porque la consagración no consiste en un gesto aislado, sino en una fidelidad sostenida.

La fiesta también recuerda que la santidad crece en lo cotidiano. La tradición presenta a María en los primeros años de su vida, antes de la Anunciación y de la vida pública de Jesús. La Iglesia contempla así la importancia de la preparación silenciosa, de la oración y de las decisiones ocultas que disponen el corazón para responder a Dios.

Proyección hacia el misterio pascual

Aunque la fiesta se refiere a la infancia de María, su sentido último conduce a Cristo y a su Pascua. María es presentada como la mujer que pertenece enteramente a Dios y que, por ello, podrá cooperar con libertad en la misión redentora de su Hijo.

La tradición mariana posterior vinculó la ofrenda de María y la ofrenda de Cristo. Esta relación alcanza su plenitud en el Calvario, donde María permanece junto a la cruz y participa maternalmente en el sufrimiento de su Hijo. Pablo VI explicó que la unión de la Madre con el sacrificio de Cristo culmina en la cruz, donde María consiente con amor la entrega del Salvador.7

La Presentación de María anticipa, por tanto, una lógica de entrega que recorre todo el Evangelio: María recibe una vocación, la acoge y la vive hasta el final. Su presentación en el templo encuentra su plenitud en la presentación de Cristo al mundo y en la participación de la Madre en la obra de la salvación.

Citas y referencias

  1. Segunda parte: Directrices para la armonización de la piedad popular con la liturgia - Capítulo cuatro: El año litúrgico y la piedad popular - Tiempo de Navidad - La fiesta de la presentación de nuestro Señor, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la piedad popular y la liturgia: Principios y orientaciones, 120 (2002). 2
  2. Fiesta de la presentación de la bienaventurada virgen María, Enciclopedia Católica, Fiesta de la Presentación de la Bienaventurada Virgen María (1913). 2 3 4 5
  3. La bienaventurada virgen María, Enciclopedia Católica, La Bienaventurada Virgen María (1913). 2 3
  4. Instituto Litúrgico Pontificio. Manual de estudios litúrgicos: La Eucaristía (Volumen V), 272 (1999). 2 3
  5. Instituto Litúrgico Pontificio. Manual de estudios litúrgicos: La Eucaristía (Volumen V), 313 (1999). 2 3
  6. Papa Juan Pablo II. VII Jornada Mundial de la Vida Consagrada, 2 (2003).
  7. Primera parte - Sección segunda - La bienaventurada Virgen como modelo de la Iglesia en el culto divino, Papa Pablo VI. Marialis Cultus, 20 (1974).
Modificado el 19 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.63 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/2rpjhkhp3

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