El término kerygma proviene del griego y significa «proclamación» o «anuncio». En el contexto cristiano, se refiere específicamente al acto de proclamar el mensaje central del Evangelio1. Desde los inicios de la Iglesia, como se narra en los Hechos de los Apóstoles, este anuncio ha sido fundamental. San Pedro, junto con los demás apóstoles, fue el primero en proclamar el kerygma en Pentecostés, dirigiéndose a los reunidos en Jerusalén y explicando los eventos que presenciaban a la luz de las profecías2.
El kerygma no es solo la transmisión de ideas o doctrinas, sino la comunicación de la vida y la convicción de la fe, realizada a través del Espíritu Santo3. Se distingue de la catequesis (enseñanza de la fe) en que el kerygma es el anuncio inicial que genera la fe, mientras que la catequesis profundiza en esa fe1,4. Sin embargo, el kerygma no se limita a ser una etapa inicial que luego se olvida; es un anuncio principal que debe ser escuchado y proclamado «una y otra vez de diferentes maneras» en cada nivel y momento de la formación cristiana3.
