El Primer libro de los Macabeos se sitúa en un período turbulento de la historia judía, tras la conquista de Alejandro Magno y la división de su imperio. Tras la muerte de Alejandro en el 323 a. C., sus generales se repartieron el territorio, y Judea quedó bajo el control de los Ptolomeos de Egipto inicialmente, para pasar luego al dominio de los Seléucidas de Siria. El libro comienza con una breve introducción sobre el ascenso de Alejandro y la fragmentación de su reino1, lo que establece el telón de fondo para la opresión seléucida.
En el año 175 a. C., Antíoco IV Epífanes ascendió al trono seléucida y promovió una política de helenización forzada en Judea. Esta incluía la prohibición de prácticas judías como la circuncisión, el sabbat y los sacrificios en el Templo, culminando en la profanación del santuario con un altar pagano en el 167 a. C., conocido como la «abominación desoladora»2. Muchos judíos, influenciados por la cultura helenística, apostataron, pero un grupo de fieles, liderados por Matatías, un sacerdote de Modín, inició la rebelión. Este levantamiento, que duró desde el 167 hasta el 134 a. C., no solo buscaba la independencia política, sino también la restauración de la observancia de la Torá.
El contexto refleja tensiones entre la identidad judía y la asimilación cultural, un tema recurrente en la literatura sapiencial y profética del período postexílico. La revuelta macabea resultó en la fiesta de Janucá, que conmemora la rededicación del Templo en el 164 a. C., y en la eventual independencia hasmonea bajo los sucesores de Judas.

