Fe: acoger la palabra de Dios y cuidar la inteligencia creyente
El Catecismo enseña que el primer mandamiento abraza una tríada esencial: fe, esperanza y caridad. Por «Dios» el creyente confiesa un ser constante, fiel y justo; por ello acepta su palabra y reconoce su autoridad.
La fe, como virtud teologal, impulsa la vida moral: el hombre se apoya en una «obediencia de fe» ante la revelación. El Catecismo indica que la ignorancia de Dios explica desviaciones morales, y que el deber hacia Dios exige creer y dar testimonio.
El Catecismo describe también modos de ofender la fe:
- Duda voluntaria que rechaza sostener como verdadero lo revelado por Dios y propuesto por la Iglesia.
- Duda involuntaria que nace de la dificultad o de la ansiedad ante la oscuridad de la fe.
- Incredulidad, que expresa negligencia ante la verdad revelada o negativa deliberada a asentir.
Asimismo, el Catecismo define expresamente realidades eclesiales graves relacionadas con la fe: la herejía, la apostasía y el cisma, diferenciando su contenido y su dimensión de obstinación o rechazo.
Esperanza: confiar en la salvación y evitar el desorden del cálculo propio
El Catecismo presenta la esperanza como respuesta necesaria: el hombre no puede contestar plenamente al amor divino con sus propias fuerzas. La esperanza consiste en esperar que Dios concede la capacidad de amar y actuar según los mandamientos del amor.
El Catecismo precisa el contenido: la esperanza aguarda la bendición divina y la visión beatífica, y también teme ofender el amor de Dios y caer en castigo.
El primer mandamiento incluye, por tanto, rechazo de pecados contra la esperanza: desesperación (desvincula la salvación personal y la misericordia) y presunción en dos formas: confianza en la capacidad humana para salvarse sin ayuda de lo alto, o confianza en obtener perdón sin conversión.
Caridad: responder con amor verdadero y evitar el endurecimiento interior
El Catecismo enseña que la fe en el amor de Dios llama a responder con amor sincero. El primer mandamiento ordena amar a Dios por encima de todo y amar a las criaturas por Dios y en Dios.
A partir de ahí, el Catecismo describe pecados contra el amor de Dios:
- Indiferencia, que descuida la caridad divina.
- Ingratitud, que rehúsa reconocer y devolver amor.
- Tibieza o negligencia en la respuesta al amor de Dios.
- Acedia o pereza espiritual, que rechaza la alegría procedente de Dios.
- Odio de Dios, que nace de la soberbia y contradice el amor, porque niega su bondad y lo trata como obstáculo.