Pentecostés y la venida del Espíritu Santo
El día de Pentecostés, cincuenta días después de la Resurrección, el Espíritu Santo se derramó sobre los apóstoles, cumpliendo la profecía de Joel 2,17‑18 y anunciando el inicio de la era del Espíritu (Act 2, 14‑17)1. Esta efusión no solo confirmó la promesa hecha por Cristo, sino que también capacitó a los apóstoles para proclamar con valentía la buena nueva a todas las naciones (Doc 2)2.
La asamblea en Jerusalén
En la plaza de Jerusalén se reunieron judíos de todas partes, «hombres y mujeres devotos de todas las naciones bajo el cielo» (Act 2, 5)1. La diversidad del público subraya la dimensión universal del mensaje que Pedro estaba a punto de anunciar (Doc 2)2.
