La enciclopedia católica en español

Primer templo de Jerusalén

El Primer templo de Jerusalén, también llamado templo de Salomón, fue el santuario central del antiguo Israel y el lugar principal de la presencia cultual de Dios entre su pueblo. Construido en Jerusalén durante el reinado de Salomón, sustituyó al santuario móvil del desierto y acogió el Arca de la alianza. Su estructura expresaba una progresión de santidad: atrio, Santo Lugar y Santo de los Santos. Para la fe cristiana, sus sacrificios y su dedicación prefiguraron aspectos de la alianza nueva y del sacrificio redentor de Cristo, aunque no se identificaron con la Eucaristía.

Israel Museum 17311 (14262124886)
Ver información de la imagen17311 Israel Museum, c. 2014. 17311, Sarah Murray de South Bend, IN, EE. UU., CC BY-SA 2.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePrimer templo de Jerusalén
CategoríaLugar sagrado
Nombre CompletoTemplo de Salomón (Primer templo de Jerusalén)
DescripciónSantuario central del antiguo Israel construido por Salomón, albergó el Arca de la alianza. El Primer templo, también llamado templo de Salomón, fue erigido en Jerusalén durante el reinado de Salomón. Su arquitectura constaba de atrio, Santo Lugar y Santo de los Santos, y alojaba el Arca de la alianza, sirviendo como centro del culto sacrificial y símbolo de la alianza divina. Representó la presencia visible de Dios y el lugar elegido para la adoración y la alianza con el pueblo de Israel
Contexto HistóricoConstruido en el siglo X a.C. bajo el rey Salomón, sustituyó al Tabernáculo nómada y consolidó la identidad religiosa y nacional del antiguo Israel.
DuraciónObras de construcción duraron siete años y medio.
ImportanciaCentro del culto sacrificial, custodio del Arca, símbolo de la alianza y unidad nacional; prefiguró realidades cristianas como la presencia divina y el sacrificio redentor.
LugarJerusalén
PaísIsrael
TipoLugar sagrado, Templo, Templo de Salomón

Tabla de contenido

Denominación y significado

La expresión Primer templo distingue el santuario salomónico de los templos posteriores levantados en Jerusalén. La tradición bíblica también lo denomina casa del Señor o casa de Dios. El edificio no pretendía contener materialmente a Dios: Salomón reconoce que ni siquiera «el cielo y los cielos de los cielos» pueden contenerlo. El templo constituía, más bien, el lugar elegido para que Dios pusiera allí su nombre y recibiera el culto de Israel.

Su importancia comprendía varias dimensiones:

  • Religiosa: concentraba el culto sacrificial de Israel.
  • Covenantal: custodiaba el Arca de la alianza y recordaba las promesas hechas al pueblo.
  • Nacional: vinculaba Jerusalén, la dinastía de David y la unidad de las tribus.
  • Teológica: manifestaba la presencia de Dios en medio de Israel.
  • Tipológica: anticipaba realidades cumplidas en Cristo y en la Iglesia.

El templo sustituyó al santuario de la alianza, que había acompañado a Israel durante su peregrinación. El edificio salomónico mantuvo, sin embargo, la función esencial del santuario: ser signo visible de la presencia divina y lugar de los sacrificios prescritos por la Ley de Moisés.1

Antecedentes históricos y bíblicos

El santuario anterior

Antes de la construcción del templo, Israel rendía culto en el Tabernáculo de la reunión, santuario portátil asociado al éxodo y a la alianza del Sinaí. El Arca de la alianza constituía el centro de ese culto. Con la consolidación de la monarquía y la elección de Jerusalén como ciudad de David, surgió el proyecto de levantar una casa estable para el nombre del Señor.

David deseó construir el templo, pero la tradición bíblica atribuye a Salomón la realización de ese proyecto. El rey recibió la misión de edificar la casa de Dios y colocar en ella el Arca, memoria de la alianza establecida con Israel después de la salida de Egipto.2

Jerusalén y el monte del templo

El templo fue construido en Jerusalén, sobre el monte Moria según la tradición judía y cristiana antigua. El emplazamiento exigió crear una amplia plataforma mediante grandes muros de piedra cuidadosamente trabajada, porque la configuración del monte ofrecía un espacio reducido para el santuario, los atrios y las construcciones reales. La tradición vinculó aquel lugar con el sacrificio de Isaac, el altar levantado por David en la era de Ornán y el altar de los holocaustos del templo.3

La localización tradicional del altar de los holocaustos se relaciona con la roca conservada en el recinto actualmente conocido por la Cúpula de la Roca. Esta identificación pertenece a la tradición histórica y topográfica, no permite reconstruir por sí sola todos los detalles del edificio antiguo.3

Construcción del templo

Comienzo de las obras

El relato del Primer libro de los Reyes sitúa el comienzo de la construcción en el cuarto año del reinado de Salomón, cuatrocientos ochenta años después de la salida de Israel de Egipto. El edificio principal medía sesenta codos de longitud, veinte de anchura y treinta de altura. Delante de la sala principal había un vestíbulo de veinte codos de anchura y diez de profundidad.4

La construcción necesitó obreros especializados procedentes de Fenicia. Salomón recurrió a Jirán, rey de Tiro, para obtener maestros y artesanos expertos en piedra, bronce y madera de cedro y ciprés del Líbano. Las obras duraron siete años y medio antes de la dedicación solemne del santuario.3

Las piedras llegaban preparadas desde la cantera. El relato bíblico insiste en que durante la construcción no se escucharon en el templo martillos, hachas ni herramientas de hierro. Esta imagen literaria presenta el santuario como una obra ordenada y cuidadosamente preparada antes de entrar en el espacio sagrado.4

Materiales y ornamentación

El interior estaba revestido de madera de cedro, mientras el suelo utilizaba madera de ciprés. El cedro aparecía decorado con calabazas talladas y flores abiertas. El conjunto recibió un revestimiento de oro, incluido el altar situado ante el santuario interior.4

La decoración empleaba imágenes vegetales y figuras de querubines. En el Santo de los Santos, Salomón colocó dos querubines de madera de olivo, cada uno de diez codos de altura, cuyas alas extendidas cubrían el espacio del Arca.4

El oro no tenía una finalidad meramente ornamental. Expresaba el valor incomparable del ámbito sagrado y la dignidad del lugar reservado a la presencia de Dios. La riqueza del edificio también manifestaba la gloria real de Salomón, aunque la oración de dedicación recordaba que Dios no queda limitado por ninguna construcción humana.

Organización arquitectónica

La arquitectura del Primer templo seguía una progresión de santidad creciente. Desde el exterior hacia el centro, el culto avanzaba por espacios cada vez más restringidos:

  1. El atrio, donde se desarrollaban las principales acciones públicas del culto.
  2. El Santo Lugar, reservado a los sacerdotes.
  3. El Santo de los Santos, espacio interior y supremo, destinado al Arca de la alianza.

La tradición cristiana antigua interpretó esta distribución como una pedagogía sagrada. El acceso progresivo representaba el acercamiento ordenado a Dios y la diferencia entre el pueblo, el sacerdocio levítico y el sumo sacerdote.

El atrio

El atrio acogía el altar de los holocaustos, los sacerdotes, los levitas y la asamblea de Israel. Allí tenían lugar los sacrificios y las acciones cultuales vinculadas a la purificación y a la alianza. La tradición distinguía distintos espacios exteriores según la condición religiosa de quienes acudían al santuario.

Beda el Venerable describió los atrios como círculos concéntricos de patios y pórticos, ordenados según grados de proximidad al santuario. En su interpretación, el espacio exterior acogía a quienes llegaban al templo, mientras las zonas interiores quedaban reservadas a personas progresivamente más vinculadas al culto.5

El Santo Lugar

El Santo Lugar constituía la sala principal del templo, situada delante del santuario interior. Allí entraban los sacerdotes purificados para desempeñar sus funciones. La sala tenía cuarenta codos de longitud, mientras el Santo de los Santos ocupaba los veinte codos posteriores del edificio.4

En este ámbito se encontraban elementos propios del culto sacerdotal, como el altar del incienso y otros objetos sagrados. El acceso no correspondía a toda la asamblea, sino a los ministros del culto según las normas de pureza y servicio.

El Santo de los Santos

El Santo de los Santos era el espacio más sagrado del templo. Formaba una cámara cúbica de veinte codos de longitud, anchura y altura, revestida enteramente de oro. En su interior se depositó el Arca de la alianza bajo las alas de los querubines.4

El Arca contenía las tablas de piedra depositadas por Moisés en el Horeb, donde Dios había establecido su alianza con Israel. El templo, por tanto, no era únicamente un centro ritual: conservaba materialmente la memoria de la palabra divina y de la alianza fundadora del pueblo.2

El sumo sacerdote accedía al Santo de los Santos una vez al año con la sangre de las víctimas, mientras los sacerdotes purificados servían en el santuario y los levitas desempeñaban sus funciones en el atrio. Esta diferencia manifestaba la santidad suprema del lugar y la distancia existente entre la humanidad pecadora y Dios.6

Las columnas de bronce del pórtico

A la entrada del pórtico se levantaban dos grandes columnas de bronce, conocidas tradicionalmente como Jaquín y Boaz. Su presencia en el acceso del templo tenía una función arquitectónica y simbólica.

Sentido simbólico

El nombre Jaquín suele relacionarse con la idea de «él establece», mientras que Boaz evoca «en él hay fuerza». Juntas expresaban que la estabilidad y la fortaleza de Israel procedían de Dios, no únicamente de la autoridad del rey ni de la solidez material del edificio.

Las columnas marcaban el tránsito desde el espacio profano hacia el ámbito sagrado. No sostenían necesariamente el edificio principal como elementos estructurales ordinarios; actuaban también como signos visibles de la entrada en la casa del Señor. Su bronce, metal resistente y luminoso, podía evocar firmeza, juicio y poder.

La simbología debe entenderse dentro del conjunto arquitectónico. El templo avanzaba desde el atrio hacia el Santo Lugar y el Santo de los Santos; las columnas situadas en el pórtico señalaban el comienzo de ese itinerario de aproximación. El creyente entraba en un espacio cuya estabilidad dependía de la fidelidad de Dios a su alianza.

La dedicación del templo

Traslado del Arca

La dedicación culminó con el traslado solemne del Arca desde la ciudad de David hasta el templo. Los ancianos de Israel, los jefes de las tribus y los sacerdotes participaron en la ceremonia. Los sacerdotes llevaron el Arca al Santo de los Santos y la colocaron bajo las alas de los querubines.2

La ceremonia incluyó numerosos sacrificios de ovejas y bueyes. El sacrificio no constituía un acto aislado, sino una expresión cultual de comunión, alabanza y alianza entre Dios y el pueblo.2

La nube de la gloria

Cuando los sacerdotes salieron del santuario, una nube llenó la casa del Señor. La gloria divina ocupó el templo hasta el punto de impedir que los sacerdotes continuaran su servicio. La nube evocaba la presencia de Dios que había acompañado a Israel durante el éxodo y manifestaba que el nuevo templo quedaba incorporado a la historia de la alianza.2

El templo no convertía a Dios en una divinidad local encerrada en un edificio. La oración de Salomón reconoce que Dios trasciende el cielo y la tierra. El santuario era el lugar elegido para invocar su nombre, escuchar la oración y pedir perdón.7

La dedicación como acto de alianza

La dedicación fue un acto de alianza entre Dios y el pueblo de Israel. Salomón recordó las promesas hechas a David y presentó la construcción como cumplimiento de la palabra divina. El templo custodiaría el Arca, que contenía las tablas de la alianza realizada con los antepasados de Israel.7

La permanencia de esa relación no dependía de la magnificencia del edificio, sino de la obediencia del pueblo. En el relato de la construcción, Dios vincula la permanencia de su promesa a que Israel camine según sus mandamientos y conserve sus preceptos.4

La oración de Salomón pide que Dios escuche desde el cielo las súplicas dirigidas hacia el templo, juzgue con justicia, perdone al pecador arrepentido y atienda las necesidades del pueblo. El templo aparece así como lugar de oración, reconciliación y renovación de la alianza.7

El culto sacrificial levítico

El culto del Primer templo se organizaba según la Ley de Moisés y estaba confiado al sacerdocio levítico. Incluía holocaustos, sacrificios de comunión, ofrendas, ritos de expiación, incienso, purificaciones y celebraciones vinculadas a las fiestas de Israel.

El sacrificio animal poseía un significado religioso real dentro de la antigua alianza, pero no podía reducirse a una acción externa. Los profetas denunciaron los sacrificios ofrecidos sin conversión, justicia ni obediencia. El sacrificio material debía expresar la entrega interior del oferente y su voluntad de vivir conforme a Dios.3

La tradición bíblica relaciona el sacrificio con la alianza. La sangre, la ofrenda y la participación del pueblo manifestaban la comunión entre Dios e Israel. Sin embargo, el culto levítico permanecía orientado hacia una plenitud futura: necesitaba la obediencia sincera del corazón y esperaba una reconciliación definitiva.

Interpretación cristiana y prefiguración de Cristo

El templo como figura

La exégesis cristiana leyó el templo como una figura o prefiguración de realidades posteriores. El edificio no perdió su valor histórico, pero adquirió un sentido más amplio dentro de la historia de la salvación.

El Santo de los Santos evocaba la presencia divina; el altar recordaba la necesidad de la reconciliación; el sacerdocio y los sacrificios señalaban hacia Cristo, único mediador y sacerdote perfecto. La Epístola a los Hebreos radicaliza esta interpretación al presentar a Cristo como sacerdote y víctima de la nueva alianza.8

Diferencia entre el sacrificio levítico y la Eucaristía

El sacrificio levítico y la Eucaristía no son realidades idénticas. El culto del templo ofrecía animales y otros dones conforme a la Ley mosaica. La Eucaristía, en cambio, hace sacramentalmente presente el sacrificio único de Cristo, que se ofrece a sí mismo al Padre como víctima perfecta.

La tradición cristiana no interpretó la Eucaristía como una simple repetición de los holocaustos del templo. La contempló como el sacramento del sacrificio redentor de Cristo. Su fundamento está en la entrega personal del Hijo, no en la multiplicación de víctimas animales.9

La antigua liturgia conservaba, por tanto, un valor pedagógico y profético. Enseñaba que el pecado rompe la comunión, que la reconciliación exige una entrega y que la alianza reclama la respuesta obediente del pueblo. Cristo lleva esas realidades a su cumplimiento mediante su pasión, resurrección, ascensión y envío del Espíritu Santo.9

El sacrificio espiritual

La lectura cristiana también trasladó el centro del sacrificio desde la víctima externa hacia la entrega de la persona. San Pablo exhorta a ofrecer el propio cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. Esta ofrenda espiritual encuentra su modelo perfecto en Cristo, que entra en el mundo para cumplir la voluntad del Padre.10

La Eucaristía incorpora a los cristianos al sacrificio de Cristo y reclama una existencia coherente con esa participación. La liturgia no convierte automáticamente la vida en una ofrenda; exige que el creyente entregue su voluntad, practique la caridad y viva en obediencia a Dios.

Interpretación patrística de los espacios del templo

Los Padres y escritores cristianos utilizaron la arquitectura del templo como imagen de la vida espiritual y de la Iglesia. Beda interpretó los distintos atrios y niveles como representación de diversos grados de purificación, conocimiento y santidad. El acercamiento al santuario simbolizaba el crecimiento del alma en la virtud y en la doctrina.5

En esta lectura, el Santo de los Santos podía representar la perfección de quienes se acercan a Dios mediante una vida santa. El atrio expresaba el comienzo de la conversión; el Santo Lugar, la vida sacerdotal y contemplativa; el ámbito más interior, la comunión profunda con Dios.

Esta interpretación no confundía el sacerdocio levítico con el sacerdocio cristiano. La tradición distinguía el sacerdocio ministerial de la participación espiritual de todos los bautizados, aunque ambos encuentran su fundamento en el sacerdocio de Cristo.10

El templo en la teología católica

La teología católica considera el Primer templo como una etapa decisiva de la revelación bíblica. El santuario enseñó a Israel a reconocer la presencia de Dios, la gravedad del pecado, la necesidad de la expiación y el valor de la alianza.

Al mismo tiempo, la revelación cristiana afirma que la presencia divina alcanza su plenitud en Jesucristo. Cristo es el verdadero templo porque en él habita corporalmente la plenitud de Dios y porque su humanidad constituye el lugar definitivo del encuentro entre Dios y la humanidad.

La Iglesia también recibe una dimensión templaria. El nuevo pueblo de Dios forma una comunidad santa y ofrece un culto espiritual unido al sacrificio de Cristo. Los edificios cristianos remiten al templo antiguo, pero no reproducen su sistema sacrificial: la Iglesia celebra el misterio pascual del único sacrificio de Cristo.

Importancia histórica y religiosa

El Primer templo ocupó un lugar central en la identidad religiosa de Israel. Jerusalén quedó vinculada al culto nacional, a la casa de David y a la memoria de la alianza. El templo reunía en un mismo espacio la oración, el sacrificio, la realeza, la enseñanza y la esperanza de Israel.

Su estructura también ofrecía una catequesis visible. El tránsito desde el atrio hasta el Santo de los Santos mostraba que la santidad exige preparación, purificación y reverencia. Las columnas de bronce proclamaban la estabilidad y la fuerza de Dios; el Arca recordaba la alianza; el altar expresaba la necesidad de reconciliación; la nube manifestaba la gloria divina.

Para la fe cristiana, el templo de Salomón conserva así un doble valor: pertenece a la historia concreta del pueblo de Israel y, al mismo tiempo, anuncia a Cristo, la nueva alianza y el sacrificio eucarístico. El edificio era santo por su relación con la presencia y la alianza de Dios, pero la plenitud de esa presencia no quedó encerrada en sus muros. En Cristo, Dios establece su morada definitiva entre los hombres.

Citas y referencias

  1. Parte dos - La oración de la Iglesia - III. El tiempo y el espacio de la oración de la Iglesia - B. El edificio de la iglesia-el lugar de la oración de la comunidad, Sínodo de la Iglesia Católica Ucraniana. Catecismo de la Iglesia Católica Ucraniana: Cristo - Nuestro Pascha, 580 (2016).
  2. La Nueva Versión Revisada Estándar, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, 1 Reyes 8 (1993). 2 3 4 5
  3. Templo de Jerusalén. Catholic Encyclopedia, Templo de Jerusalén (1913). 2 3 4
  4. La Nueva Versión Revisada Estándar, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, 1 Reyes 6 (1993). 2 3 4 5 6 7
  5. Beda el Venerable. Liber de templo Salomonis (Libro sobre el Templo de Salomón), 21 (1862). 2
  6. Beda el Venerable. Quaestiones in libros Regum (Preguntas sobre los Libros de los Reyes), 7 (1862).
  7. La Nueva Versión Revisada Estándar, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, 2 Crónicas 6 (1993). 2 3
  8. A. Feuillet. La situación privilegiada de Israel en su rechazo de Cristo, según la epístola a los Romanos (Capítulos 9-11), 17 (1983).
  9. Scripta Theologica. Recensiones: Van Imschoot, Teología del Antiguo Testamento; Jacob, Teología del Antiguo Testamento, 41 (1970). 2
  10. A. Díez-Macho. Iglesia santa en la sagrada Escritura, 12 (1982). 2
Modificado el 12 de septiembre de 2026 • FideScore™ 8.91 • 55 visitas • Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/wzzms3828

Logo Wikitólica
Autor:
Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →