Orígenes y contexto histórico
El templo surgió como sustituto del tabernáculo móvil que los israelitas habían llevado durante el éxodo. Tras la conquista de Jerusalén bajo el rey David, se trasladó el arca a la ciudad, pero la edificación permanente quedó en manos de su hijo Salomón, quien, según el relato bíblico, recibió la orden divina para edificar «una casa para el nombre del Señor»1.
Salomón y la edificación del templo
Salomón reunió a los ancianos, jefes de tribus y sacerdotes para la solemnidad de la instalación del arca (1 Reyes 8:1‑5). La obra se completó en siete años, y la dedicación incluyó una oración que invocaba la presencia permanente de Dios y pedía perdón por los pecados del pueblo2. El templo constaba de tres áreas principales: el atrio o corte, el Santo Lugar y el Santo de los Santos, donde se guardaban el arca, una urna de maná y el bastón florecido de Aarón3.
Destrucción y legado posterior
El Primer Templo fue destruido por los babilonios en el 586 a.C., evento que la tradición judía consideró una catástrofe nacional y que, según la Comisión Bíblica Pontificia, simbolizó la «desolación total» y el fin del culto sacrificial como medio de gracia4. La pérdida del templo marcó el inicio de la diáspora y la esperanza de una futura restauración.

