La carta se organiza en 16 capítulos, con un saludo inicial (1,1-9), cuerpo exhortatorio (1,10-15) y despedida (16). No sigue un esquema rígido, sino que responde temáticamente a los problemas reportados.
Saludo y acción de gracias (1,1-9)
Pablo inicia con una bendición trinitaria: «Gracia y paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo». Da gracias por los dones espirituales recibidos, como el habla y el conocimiento, asegurando que Dios los confirmará hasta el fin para ser irreprochables en el día de Cristo. Este prólogo establece la fidelidad de Dios y la esperanza escatológica.
Divisiones y la sabiduría de la cruz (1,10-4,21)
Pablo urge a la unidad: «Que no haya divisiones entre vosotros, sino que estéis perfectamente unidos en un mismo sentir y en un mismo parecer». Critica las facciones y exalta la cruz como «locura» para los griegos y «escándalo» para los judíos, pero poder y sabiduría de Dios (1,18-25). Enfatiza que la predicación no se basa en palabras elocuentes, sino en el Espíritu (2,1-5). Tomás de Aquino comenta que estas divisiones surgen de la soberbia humana, opuesta a la humildad de la cruz.
Escándalos morales y disciplina eclesial (5-6)
Aborda el caso de un hombre que vive con la mujer de su padre, exhortando a la purificación: «Expulsad de entre vosotros al malo» (5,13). Condena los pleitos ante tribunales paganos, recordando que los santos juzgarán el mundo (6,1-11). En 6,12-20, advierte contra la fornicación, declarando el cuerpo como templo del Espíritu Santo.
Matrimonio, celibato y idolatría (7-10)
El capítulo 7 responde consultas sobre el matrimonio: «A cada uno se le conceda su gracia según Dios la ha repartido» (7,17), permitiendo el matrimonio pero valorando el celibato por el Reino (7,32-35). En capítulos 8-10, discute la comida sacrificada a ídolos, promoviendo la caridad sobre el conocimiento: «El conocimiento hincha, pero el amor edifica» (8,1). Usa el ejemplo de Israel en el desierto y la figura de Cristo como «nuestra pascua» (5,7; 10,16-17).
Orden en la liturgia y los dones espirituales (11-14)
En 11,2-16, regula el velo de las mujeres en la asamblea. El 11,23-26 instituye la Eucaristía: «Esto es mi cuerpo… Haced esto en memoria mía», base de la doctrina católica sobre la Misa. Los capítulos 12-14 describen los carismas como miembros del cuerpo de Cristo (12,12-27), culminando en el himno al amor: «Si no tengo amor, nada soy» (13,1-13). Regula el uso profético y lingüístico para la edificación común (14).
La resurrección de los muertos (15)
Pablo defiende la resurrección contra escépticos: «Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana también nuestra fe» (15,14). Describe el cuerpo resucitado como espiritual, semilla que muere para fructificar (15,35-50). Termina con la victoria sobre la muerte: «¡Dónde está, oh muerte, tu victoria?» (15,55).
Conclusión y saludos (16)
Incluye instrucciones sobre la colecta para Jerusalén (16,1-4), planes de viaje y exhortaciones: «Manteneos alerta, estad firmes en la fe, portaos virilmente, sed fuertes. Todo lo que hagáis, hacedlo con amor» (16,13-14).