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Primera gran persecución (año 64)

La primera gran persecución contra los cristianos ocurrió en Roma durante el reinado del emperador Nerón, después del incendio que devastó buena parte de la ciudad en julio del año 64. La represión afectó principalmente a la comunidad cristiana de Roma y no constituyó una ley imperial general contra los cristianos de todo el Imperio. La tradición cristiana vincula con este episodio el martirio de los apóstoles Pedro y Pablo.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePrimera gran persecución (año 64)
CategoríaEvento
DescripciónTras el incendio de Roma en julio 64, Nerón culpó a los cristianos, arrestándolos y ejecutándolos, según Tácito, vinculando el martirio de Pedro y Pablo
ConsecuenciasMártires venerados, desarrollo de catacumbas y culto martirial; precedió posteriores persecuciones imperiales
Contexto históricoReinado de Nerón (54-68); incendio de Roma en julio de 64 provocó crisis política
Fecha de Inicio18 de julio de 64
Impacto HistóricoConsolidó la identidad cristiana romana y marcó el inicio de una era de conflictos entre Iglesia y Estado
ImportanciaPrimer gran ataque imperial contra la comunidad cristiana romana
Personas relacionadasNerón
Personas RelacionadasSan Pedro, San Pablo
TipoPersecución, Represión local contra cristianos en Roma bajo Nerón
UbicaciónRoma, Imperio Romano

Tabla de contenido

Contexto histórico

El reinado de Nerón

Nerón gobernó el Imperio romano desde el año 54 hasta el 68. Su reinado quedó marcado por conflictos políticos, violencia cortesana, gastos extraordinarios y una creciente impopularidad. En el año 64, un incendio de grandes proporciones destruyó por completo tres de los catorce distritos de Roma y dañó parcialmente otros siete. Las llamas se propagaron durante varios días en una ciudad densamente edificada y ocasionaron numerosas víctimas y pérdidas artísticas.1

El incendio comenzó durante la noche del 18 al 19 de julio del año 64. Nerón estaba en Antium cuando recibió la noticia y regresó a Roma. La tradición historiográfica antigua atribuyó al propio emperador la orden de provocar el incendio, aunque el testimonio más detallado sobre la persecución cristiana no presenta esa acusación como un hecho demostrado, sino como el rumor que circulaba entre la población.2

La búsqueda de un responsable

La magnitud de la catástrofe y la sospecha popular de que Nerón había provocado el fuego crearon una grave crisis política. Para desviar la acusación, el emperador dirigió la responsabilidad contra los cristianos, un grupo todavía reducido y mal conocido por la mayoría de la población romana. El procedimiento convirtió a los discípulos de Cristo en chivos expiatorios de una tragedia urbana y política.3

Tácito describe a los cristianos como personas ya despreciadas por la población a causa de los prejuicios y acusaciones que pesaban sobre su religión. El historiador afirma que primero apresaron a quienes reconocían su pertenencia al cristianismo y que, a partir de sus declaraciones, las autoridades detuvieron a una multitud mucho mayor. También afirma que el cargo de incendiar Roma no explicaba por completo la represión: la acusación llegó a formularse como odio hacia la humanidad.3

Alcance de la persecución

Una represión localizada en Roma

La persecución neroniana fue, ante todo, una operación represiva desarrollada en la ciudad de Roma. No existe en los testimonios conservados una base suficiente para describirla como un edicto de alcance universal ni como una política uniforme aplicada simultáneamente en todas las provincias del Imperio.

La tradición antigua identifica a Nerón como el primer emperador que persiguió a los cristianos, pero sitúa expresamente su acción en Roma. Tertuliano, citado por Eusebio de Cesarea, presenta a Nerón como el primero que atacó la doctrina cristiana y afirma que ejerció su crueldad contra los cristianos romanos.4,5

La diferencia entre esta persecución y las grandes campañas imperiales de los siglos III y IV resulta fundamental. Las persecuciones de Decio y Valeriano, por ejemplo, estuvieron vinculadas a disposiciones generales dirigidas a todo el Imperio; las de Decio exigieron actos de culto imperial a los ciudadanos, mientras que las medidas de Valeriano prohibieron el culto, las reuniones y los enterramientos cristianos.6

Por tanto, la persecución del año 64 no debe presentarse como el comienzo de una legislación imperial permanente contra la Iglesia. Constituyó una represión extraordinaria, localizada y ligada a una crisis concreta de la capital.

La situación jurídica

Los testimonios conservados no permiten reconstruir con plena precisión el fundamento jurídico de las condenas. La actuación de Nerón pudo apoyarse en la autoridad imperial y en las normas de orden público, pero las fuentes no transmiten un edicto general que declarase ilegal el cristianismo en todo el territorio romano.

Suetonio resume la actuación de Nerón afirmando que los cristianos recibieron castigos capitales por pertenecer a una superstición nueva y peligrosa. El autor presenta esta medida junto a otras disposiciones policiales, suntuarias y administrativas del emperador, sin ofrecer el contenido de una ley general contra todos los cristianos del Imperio.3

La posterior correspondencia entre Plinio el Joven y el emperador Trajano, redactada a comienzos del siglo II, muestra que las autoridades romanas todavía necesitaban consultar cómo proceder ante los cristianos. Esta circunstancia confirma que la relación entre cristianismo y derecho romano no quedó resuelta mediante una única norma universal promulgada por Nerón.3,2

El testimonio de Tácito

Un historiador pagano

El relato principal de la persecución procede de Publio Cornelio Tácito, historiador romano no cristiano, en el libro XV de sus Anales. Tácito escribe que Nerón, para acabar con el rumor que lo acusaba de haber provocado el incendio, imputó la culpa a los cristianos y los sometió a castigos extraordinariamente crueles.3,7

El historiador ofrece varios datos de gran valor:

  • Identifica a Cristo como el fundador del nombre cristiano.
  • Sitúa su ejecución bajo el gobierno de Tiberio y por decisión de Poncio Pilato.
  • Afirma que el cristianismo, reprimido temporalmente, volvió a propagarse.
  • Distingue entre los primeros arrestados y la multitud detenida después.
  • Describe el sufrimiento público de los condenados.
  • Reconoce que la compasión popular sustituyó parcialmente a la hostilidad inicial ante la crueldad de la represión.3

Tácito no escribe para defender a la Iglesia. Al contrario, conserva el desprecio habitual de ciertos sectores romanos hacia los cristianos. Precisamente por su condición de autor pagano, su testimonio ofrece una confirmación externa de varios elementos esenciales de la tradición cristiana: la existencia de la comunidad romana, la ejecución de Jesús bajo Poncio Pilato y la persecución de los cristianos bajo Nerón.

El valor y los límites del relato

Tácito proporciona el testimonio antiguo más completo sobre la persecución, pero su narración no responde a todas las cuestiones. No transmite el texto de una disposición legal, no ofrece una lista completa de víctimas y no permite calcular con exactitud la duración de la represión.

La expresión latina ingens multitudo, traducida habitualmente como «una gran multitud», comunica la impresión de una persecución numerosa, pero no constituye una cifra estadística. La tradición cristiana posterior conservó el recuerdo de numerosos mártires romanos, aunque el número exacto de los ejecutados durante la persecución neroniana permanece desconocido.8

Las penas y los martirios

Castigos públicos

Tácito describe una represión concebida también como espectáculo. Los cristianos padecieron tormentos y muertes públicas destinados a satisfacer la ira de la población y a reforzar la imagen de Nerón como defensor de Roma. El propio historiador considera que los condenados recibieron castigos desmedidos y afirma que, aunque los juzgaba culpables, terminaron provocando compasión porque la represión parecía responder más a la crueldad de un solo hombre que a una verdadera utilidad pública.3

La tradición literaria posterior recuerda formas particularmente crueles de ejecución, pero no todos los detalles transmitidos por la literatura hagiográfica poseen el mismo valor histórico. Las narraciones sobre mártires pueden contener recuerdos auténticos, elaboraciones piadosas o episodios literarios destinados a edificar a los fieles.

Pedro y Pablo

La tradición de la Iglesia de Roma vincula la persecución neroniana con el martirio de san Pedro y san Pablo. Eusebio de Cesarea, al narrar la persecución de Nerón, presenta a ambos apóstoles como mártires de la fe en Roma.4,5

La carta de san Clemente de Roma, escrita a finales del siglo I, recuerda los sufrimientos de Pedro y Pablo y habla de una multitud de elegidos que padecieron entre los romanos. La tradición romana posterior interpretó este pasaje en relación con la persecución de Nerón.9

Otros testimonios cristianos antiguos consolidan esta memoria. Ignacio de Antioquía, camino de Roma para sufrir el martirio a comienzos del siglo II, menciona conjuntamente a Pedro y Pablo en relación con la comunidad romana. En la segunda mitad del siglo II, Dionisio de Corinto afirma que ambos apóstoles evangelizaron y padecieron el martirio en Roma. Ireneo de Lyon, por su parte, presenta la Iglesia romana como fundada y organizada por Pedro y Pablo.9

Tertuliano relaciona también la sangre de ambos apóstoles con el nacimiento de la fe romana. En sus escritos, afirma que Pedro murió crucificado y que Pablo recibió una muerte semejante a la de Juan el Bautista, es decir, la decapitación.9

El martirio como testimonio cristiano

La palabra mártir procede del griego martys, «testigo». En la tradición cristiana, el mártir no busca la muerte por sí misma, sino que permanece fiel a Cristo cuando la autoridad exige renunciar a la fe. La Iglesia entendió los martirios de Roma como una participación en la pasión del Señor y como un testimonio público de la esperanza en la resurrección.

La memoria de los mártires no nació únicamente de relatos tardíos. Las Iglesias antiguas conservaron calendarios de celebraciones, listas de mártires y lugares de enterramiento. Con el tiempo, los martirologios reunieron esas tradiciones y añadieron detalles sobre las muertes.10

Tácito y la tradición hagiográfica

Dos tipos de testimonio

Conviene distinguir entre el relato de Tácito y las narraciones hagiográficas posteriores. Tácito ofrece una narración histórica breve, escrita desde una perspectiva pagana y política. Su interés principal recae en la conducta de Nerón y en el efecto de la persecución sobre la opinión pública romana.

La hagiografía, en cambio, nació para conservar la memoria de los santos, fortalecer la fe y presentar modelos de fidelidad cristiana. Sus relatos no siempre pretendían satisfacer los criterios de una crónica moderna. Algunas actas contienen datos históricos valiosos; otras incorporan discursos, milagros, nombres, parentescos o escenas de ejecución elaborados con finalidad edificante.10

El problema de las actas tardías

La literatura martirial incluye diversos géneros: actas judiciales, pasiones, vidas, leyendas, traslados de reliquias, calendarios y martirologios. La distancia cronológica entre el martirio y la redacción obliga a valorar cada documento según su antigüedad, su procedencia y su relación con tradiciones locales.

Las actas de san Nereo, san Aquiles y santa Flavia Domitila, por ejemplo, presentan un carácter legendario muy acusado y fueron redactadas varios siglos después de los acontecimientos que narran. No permiten establecer con seguridad la vida ni la fecha del martirio de esos personajes.11

La existencia de relatos legendarios no elimina la realidad histórica de la persecución neroniana. Exige distinguir entre el núcleo antiguo -la represión de los cristianos romanos después del incendio y la memoria del martirio de Pedro y Pablo- y los detalles añadidos por la devoción posterior.

La cronología patrística

La cronología de los testimonios cristianos resulta esencial. Clemente de Roma pertenece a la generación inmediatamente posterior a los apóstoles; Ignacio de Antioquía escribió a comienzos del siglo II; Tertuliano e Ireneo transmiten testimonios de finales del siglo II y comienzos del III; Eusebio redactó su Historia eclesiástica en el siglo IV.9,4,5

Estos autores no deben confundirse con las fuentes relativas a las persecuciones de los siglos III y IV. Los edictos de Decio, Valeriano y Diocleciano pertenecen a contextos políticos y jurídicos diferentes. Utilizarlos para reconstruir directamente la persecución del año 64 produciría un anacronismo.6,8

Consecuencias para la Iglesia de Roma

La persecución consolidó la identidad de la comunidad cristiana romana. El sufrimiento de sus miembros convirtió la fidelidad a Cristo en un testimonio público y vinculó la historia de la Iglesia de Roma con la memoria apostólica de Pedro y Pablo.

La comunidad no desapareció después de la represión. Durante el siglo II continuó desarrollándose y llegó a ser reconocida como una Iglesia de especial autoridad en la conservación de la tradición apostólica. Ireneo presentó a Roma como una Iglesia fundada por los dos apóstoles más ilustres y conocida por todas las comunidades cristianas.9

La persecución también dejó una huella duradera en la espiritualidad cristiana. El martirio pasó a ocupar un lugar central en la liturgia, en los calendarios y en la veneración de las tumbas. Las catacumbas y los lugares asociados a los apóstoles conservaron la memoria de una Iglesia que entendía la sangre de sus testigos como una confesión pública de la fe.

Interpretación histórica y eclesial

La persecución del año 64 reúne tres dimensiones inseparables:

  1. Una crisis política, provocada por el incendio de Roma y por la necesidad de Nerón de neutralizar la sospecha popular.
  2. Una crisis social y religiosa, alimentada por la hostilidad hacia un grupo minoritario cuya doctrina resultaba difícil de comprender para el mundo romano.
  3. Un acontecimiento fundacional para la memoria cristiana, por la asociación con el martirio de Pedro, Pablo y numerosos fieles romanos.

La Iglesia recuerda este episodio no como una guerra entre pueblos ni como una persecución universal desde el primer momento, sino como el primer gran ataque imperial contra una comunidad cristiana concreta. El alcance local de la represión no disminuye su importancia: Roma ocupaba el centro político del Imperio y su comunidad cristiana conservó para las generaciones posteriores la memoria de los primeros testigos.

Legado

La persecución neroniana inauguró una larga etapa de relaciones conflictivas entre el poder romano y el cristianismo. Sin embargo, las persecuciones posteriores no formaron una campaña continua ni uniforme. Hubo periodos de tolerancia, represiones locales y, más tarde, edictos generales dirigidos contra los cristianos. La persecución de Nerón pertenece a la primera de esas categorías: una represión localizada en Roma, vinculada a una crisis imperial y dirigida contra los cristianos como grupo identificado por su nombre religioso.2,6

Para la tradición católica, el año 64 quedó unido sobre todo a la confesión de fe de los mártires y al testimonio apostólico de Pedro y Pablo. La memoria de aquellos cristianos convirtió una tragedia provocada por la injusticia imperial en uno de los primeros capítulos de la historia martirial de la Iglesia.

Citas y referencias

  1. Nerón. Enciclopedia Católica, Nerón (1913).
  2. Á. D’Ors. Una nueva edición de la 'Historia de Roma': Bengston, 3 (1983). 2 3
  3. John Henry Newman. Un ensayo sobre el desarrollo de la doctrina cristiana, 220 (1878). 2 3 4 5 6 7
  4. Capítulo XXV. La persecución bajo Nerón en la que Pablo y Pedro fueron honrados en Roma con martirio en defensa de la fe, Eusebio de Cesarea. Historia de la Iglesia - Libro II, Capítulo XXV.4. 2 3
  5. La persecución bajo Nerón en la que Pablo y Pedro fueron honrados en Roma con martirio en defensa de la fe, Eusebio de Cesarea. Historia de la Iglesia (Eusebio de Cesarea), Libro II. Capítulo XXV.4 (325). 2 3
  6. Á. D’Ors. Una nueva edición de la 'Historia de Roma': Bengston, 4 (1983). 2 3
  7. Sagrada Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 1, enero de 1995, IV (1995).
  8. Mártir. Enciclopedia Católica, Mártir (1913). 2
  9. San Pedro, príncipe de los apóstoles. Enciclopedia Católica, San Pedro, Príncipe de los Apóstoles (1913). 2 3 4 5
  10. Actos de los mártires. Enciclopedia Católica, Actos de los Mártires (1913). 2
  11. Santos Nereus y Aquiles, Domitila y Pancracio. Enciclopedia Católica, Santos Nereus y Aquiles, Domitila y Pancracio (1913).
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