El Imperio romano y el incendio de Roma
En el año 64 Nerón, que había trasladado su residencia a Antium, fue informado del incendio que consumió gran parte de la ciudad — un suceso que, según la tradición, duró seis días y dejó a miles sin hogar1. Los historiadores romanos Tacitos y Suetonio, citados por la Enciclopedia Católica, afirman que el propio emperador habría ordenado el incendio y que la opinión pública lo culpó de la catástrofe1. Para desviar la responsabilidad, Nerón acusó a los cristianos, a quienes describió como una «nueva y mágica superstición» (superstitionis nova et magica)2.
La situación de los cristianos antes de 64
Hasta entonces, los cristianos eran percibidos como una secta judía y, aunque sufrían cierta hostilidad, no habían sido objeto de una persecución sistemática. La legislación romana no los había prohibido explícitamente, y la comunidad cristiana continuaba creciendo en número y en influencia dentro de la capital3.
