El reinado de Nerón
Nerón gobernó el Imperio romano desde el año 54 hasta el 68. Su reinado quedó marcado por conflictos políticos, violencia cortesana, gastos extraordinarios y una creciente impopularidad. En el año 64, un incendio de grandes proporciones destruyó por completo tres de los catorce distritos de Roma y dañó parcialmente otros siete. Las llamas se propagaron durante varios días en una ciudad densamente edificada y ocasionaron numerosas víctimas y pérdidas artísticas.1
El incendio comenzó durante la noche del 18 al 19 de julio del año 64. Nerón estaba en Antium cuando recibió la noticia y regresó a Roma. La tradición historiográfica antigua atribuyó al propio emperador la orden de provocar el incendio, aunque el testimonio más detallado sobre la persecución cristiana no presenta esa acusación como un hecho demostrado, sino como el rumor que circulaba entre la población.2
La búsqueda de un responsable
La magnitud de la catástrofe y la sospecha popular de que Nerón había provocado el fuego crearon una grave crisis política. Para desviar la acusación, el emperador dirigió la responsabilidad contra los cristianos, un grupo todavía reducido y mal conocido por la mayoría de la población romana. El procedimiento convirtió a los discípulos de Cristo en chivos expiatorios de una tragedia urbana y política.3
Tácito describe a los cristianos como personas ya despreciadas por la población a causa de los prejuicios y acusaciones que pesaban sobre su religión. El historiador afirma que primero apresaron a quienes reconocían su pertenencia al cristianismo y que, a partir de sus declaraciones, las autoridades detuvieron a una multitud mucho mayor. También afirma que el cargo de incendiar Roma no explicaba por completo la represión: la acusación llegó a formularse como odio hacia la humanidad.3




