Defensa propia y «razón» del acto
Una analogía moralmente instructiva aparece al considerar la defensa: cuando una persona elige un acto letal solo en cuanto necesario para su defensa, puede no existir un «deseo independiente» de matar. El análisis lo expresa señalando que, si el defensor usa la fuerza «bajo la razón de la defensa» y no existe un menor grado de fuerza que logre el fin, entonces el acto se ordena formalmente a la defensa.
En cambio, si el nivel de fuerza empleado no era requerido para defenderse y se elige como fin o en sí mismo, entonces el suplemento de fuerza deja de estar moralmente justificado bajo el mismo criterio.
Este razonamiento es relevante para el principio del doble efecto porque muestra cómo el «para qué» (la razón del acto) puede cambiar el juicio moral.
Analgesia en cuidados al final de la vida
En el ámbito sanitario, un ejemplo clásico es la administración de analgésicos potentes (por ejemplo, opioides) para aliviar el dolor en un paciente en fase terminal. Un análisis moral argumenta que, en tal caso, la muerte puede ser un efecto previsto no deseado si la intención primaria es aliviar el dolor, y si la acción se administra de modo razonable (por ejemplo, ajustando la dosis).
El mismo texto subraya que la plausibilidad moral depende de la razonabilidad clínica y de la inteligibilidad de la intención: si la acción muestra la búsqueda real del alivio del sufrimiento, la distinción entre efecto querido y no querido se vuelve moralmente defendible.
Cirugía y separación entre acto y consecuencia
Otro ejemplo frecuentemente discutido es la cirugía que busca salvar a la madre cuando existe un problema grave en el embarazo. En un debate sobre la inteligibilidad de las intenciones, se examina el caso de extirpar el útero en circunstancias donde el feto muere. Se sostiene que, aunque la muerte ocurra y sea prevista, el cirujano puede razonablemente afirmar que pretende el primer acto (la intervención para salvar la vida) y que la muerte se sigue como consecuencia desde el punto de vista del desarrollo biológico.
El texto insiste además en una advertencia metodológica: la estructura causal no determina por sí misma el valor moral; más bien constriñe la razonabilidad de la intención y su inteligibilidad.
Cooperación material con el mal y doble efecto
El principio del doble efecto aparece también como criterio para analizar cuándo puede existir cooperación con un mal sin que por ello la cooperación se convierta en aceptación del mal como fin. En un análisis moral aplicado a situaciones complejas (incluida la discusión bioética), se indica que las condiciones para cooperar materialmente con un mal se alinean con los criterios del doble efecto, porque el esquema permite evaluar si el agente realiza un acto bueno, por un fin bueno, evitando que el mal sea el medio para el bien y aportando una razón proporcionada.