Los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas reciben el nombre de sinópticos porque permiten una lectura conjunta: comparten episodios, expresiones y, a menudo, un orden narrativo parecido. Las coincidencias y diferencias entre ellos forman el llamado problema sinóptico, es decir, la investigación de cómo se relacionan sus textos y qué materiales empleó cada evangelista.
La prioridad de Marcos sostiene que el segundo Evangelio en el orden habitual del Nuevo Testamento fue, en realidad, el primero de los tres sinópticos en alcanzar su forma escrita. Según la explicación más extendida, Mateo y Lucas incorporaron a sus obras una parte considerable del relato de Marcos, junto con otros materiales y tradiciones. La hipótesis no implica que los dos evangelistas se limitaran a copiarlo: cada uno organizó y presentó el material de acuerdo con el propósito propio de su Evangelio.1
La prioridad de Marcos suele asociarse a la hipótesis de las dos fuentes. Esta propone que Mateo y Lucas utilizaron Marcos y, además, una fuente común de dichos de Jesús que no ha llegado hasta nosotros y que la investigación suele llamar Q. La prioridad de Marcos y la existencia de Q son, sin embargo, afirmaciones distintas: un investigador puede aceptar la primera sin aceptar la segunda.2,3



