España en el siglo IV y la llegada de una enseñanza «gnóstico-maniquea»
Las fuentes antiguas presentan el priscilianismo como una forma de gnosticismo difundida en España desde el ámbito oriental. En particular, se atribuye a un maestro llamado Marcos (procedente de Egipto, según dichas narraciones) la introducción de esta enseñanza en Hispania, junto con su escuela. Entre sus discípulos se mencionan Agape (una mujer de origen distinguido) y un retórico llamado Helpidio. En esa línea, Prisciliano aparecería como el principal difusor en Occidente, habiendo recibido instrucción en esa doctrina y atrayendo posteriormente a numerosos seguidores.1
Prisciliano como figura de atracción y controversia
Sulpicio Severo describe a Prisciliano con rasgos que explican su capacidad de liderazgo: sería un hombre de noble nacimiento, con riqueza, dotado de elocuencia, capacidad de debate y un temperamento inquieto; además, se le atribuye una práctica ascética relevante (vigilias, ayunos, resistencia al hambre y la sed). Sin embargo, el mismo testimonio lo presenta como alguien que habría «arruinado» su entendimiento por «estudios perversos», y aun se llega a insinuar la sospecha de artes mágicas desde la juventud. Estas cualidades —reales o narradas— ayudarían a que su influencia alcanzara no solo a la gente culta, sino también a multitudes, incluidas mujeres y personas de rango.1
