La palabra probable tiene aquí un sentido técnico: no significa simplemente «lo que quizá ocurra» ni «lo que parece más verosímil». Una opinión moral es probable cuando cuenta con razones de peso suficientes para que una persona prudente pueda aceptarla; esas razones pueden proceder tanto de argumentos como de la autoridad de teólogos reconocidos. Por eso, una opinión probable no es una conjetura arbitraria ni una excusa para hacer lo que uno desea.2,3
Conviene distinguir dos usos del término. En sentido amplio, probabilismo puede designar la familia de sistemas que proponen criterios para resolver dudas morales; esa familia incluye también el probabiliorismo, el equiprobabilismo y el rigorismo. En sentido estricto, el probabilismo es una postura concreta dentro de esa familia: sostiene que, cuando la cuestión trata solo de si una acción está permitida o prohibida, cabe seguir una opinión sólida favorable a la libertad aunque la opinión contraria tenga mayor probabilidad.1
El problema que aborda no consiste en decidir si una obligación claramente conocida puede desobedecerse. Trata de discernir qué hacer cuando, pese a una investigación diligente, siguen existiendo razones serias tanto a favor como en contra de que una ley obligue en un caso concreto. La teología moral clásica entendía que la persona debía formar un juicio práctico que le permitiera actuar sin mantener una duda pendiente sobre la licitud de su conducta.2,4


