La Iglesia Católica enseña que cuando las Sagradas Escrituras son leídas en la liturgia, es Dios mismo quien habla a su pueblo, y Cristo, presente en su propia palabra, proclama el Evangelio1. Esta presencia de Cristo en la proclamación del Evangelio es el motivo de la especial veneración que se le otorga2. El Evangelio no se lee simplemente para conocer hechos pasados, sino para escuchar la palabra viva de Jesús que resuena y toca el corazón de los fieles2. San Agustín lo expresó diciendo: «El Evangelio es la boca de Cristo. Él está sentado en el cielo, pero no ha dejado de hablar en la tierra»2.
Centralidad en la Liturgia de la Palabra
La lectura del Evangelio es el punto culminante de la Liturgia de la Palabra3,2,4. En la estructura de la Misa, el Evangelio ilumina el significado de los textos bíblicos que lo preceden, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, porque Cristo mismo es el centro y la plenitud de toda la Escritura2. La Liturgia de la Palabra es una parte integral de las celebraciones sacramentales, y el significado de la celebración se expresa a través de la Palabra de Dios proclamada y la respuesta de fe a ella5.

