El «secreto» que la Virgen confió a los niños el 13 de julio de 1917 se divide en tres partes distintas, reveladas y publicadas en diferentes momentos por la Iglesia.
Primera Parte: La Visión del Infierno
La primera parte del secreto fue una visión aterradora que se les concedió a los niños, en la que vieron el infierno y a dónde van las almas de los pobres pecadores.
El propósito de esta visión no fue simplemente infundir miedo, sino mostrar a los niños la realidad de la pérdida eterna de las almas para motivarles a la acción. Esta visión establece el tema central de todo el mensaje: la salvación de las almas.
Segunda Parte: La Devoción al Inmaculado Corazón de María y la Predicción de la Guerra
La segunda parte del secreto aborda las condiciones para la paz mundial y las consecuencias de no cesar de ofender a Dios.
Devoción al Inmaculado Corazón
Para salvar a las almas, Dios deseaba establecer en el mundo la devoción al Inmaculado Corazón de María. Ser devoto del Inmaculado Corazón de María significa abrazar una actitud de corazón que hace del fiat —"hágase tu voluntad"— el centro definitorio de toda la vida, imitando la perfecta unidad interior de la Virgen.
Advertencias y Profecías
La Virgen predijo que la Primera Guerra Mundial estaba a punto de terminar, pero advirtió que si la gente no dejaba de ofender a Dios, comenzaría una guerra peor durante el pontificado de Pío XI. Esta sería precedida por una noche iluminada por una luz desconocida, que sería la gran señal de que Dios estaba a punto de castigar al mundo por sus crímenes mediante la guerra, el hambre y las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre.
La Consagración de Rusia
Para prevenir estos males, la Virgen anunció que vendría a pedir la consagración de Rusia a su Inmaculado Corazón y la Comunión de reparación de los Primeros Sábados. Si estas peticiones se atendían, Rusia se convertiría y se concedería un período de paz; de lo contrario, Rusia esparciría sus errores por el mundo, causando guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serían martirizados, el Santo Padre sufriría mucho, y varias naciones serían aniquiladas.
La profecía concluye con la promesa de la victoria final: «Al final, mi Inmaculado Corazón triunfará»,. La caída de los regímenes comunistas ateos en la Unión Soviética y en varios países de Europa del Este en 1989 fue vista por la Iglesia como un cumplimiento de las peticiones de la Virgen y un motivo de agradecimiento a Ella,.
Tercera Parte: La Visión Profética y su Interpretación
La tercera parte del secreto, escrita por Sor Lucía en 1944, fue guardada bajo llave por la Santa Sede durante décadas y finalmente se hizo pública en el año 2000, acompañada de un comentario teológico del entonces Cardenal Joseph Ratzinger (futuro Papa Benedicto XVI).
El Contenido de la Visión
La visión describe a un «Obispo vestido de Blanco» (identificado por Sor Lucía como el Santo Padre) que camina con gran esfuerzo hacia una Cruz, pasando entre los cadáveres de mártires (obispos, sacerdotes, religiosos y laicos). El Papa, tras pasar por una gran ciudad medio en ruinas, cae al suelo, aparentemente muerto, bajo una ráfaga de disparos.
La Interpretación Oficial de la Iglesia
La Congregación para la Doctrina de la Fe, al publicar el texto, afirmó que la visión se refiere sobre todo a la lucha del comunismo ateo contra la Iglesia y los cristianos en el siglo XX, y describe los terribles sufrimientos de las víctimas de la fe.
El Cardenal Angelo Sodano declaró que los acontecimientos a los que se refiere la tercera parte del secreto parecen pertenecer ya al pasado,. La Iglesia interpretó la visión del «Obispo vestido de Blanco» siendo asesinado como una representación simbólica de los sufrimientos que ha padecido la Iglesia en el siglo pasado, especialmente bajo los regímenes totalitarios.
El Papa Juan Pablo II, en particular, relacionó la visión con el atentado contra su vida del 13 de mayo de 1981 (la fiesta de Nuestra Señora de Fátima). Él mismo reconoció que fue «una mano maternal la que guió la trayectoria de la bala,» permitiendo que el «Papa moribundo» se detuviera «en el umbral de la muerte». La bala extraída de su cuerpo fue posteriormente engarzada en la corona de la estatua de Nuestra Señora de Fátima, como testimonio de su convicción.