La crítica bíblica identifica cuatro poemas o cantos del Siervo que delinean progresivamente su vocación, misión, sufrimiento y exaltación. Cada uno presenta rasgos únicos, pero forman un conjunto coherente.
Primer canto: La elección y misión profética (Isaías 42,1-9)
Este canto introduce al Siervo como el elegido de Dios, ungido con el Espíritu para instaurar justicia con mansedumbre:
He aquí que mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien se complace mi alma. He puesto en él mi espíritu; él promulgará el derecho a las naciones. No gritará ni alzará la voz, ni se oirá su voz en las plazas. La caña quebrada no quebrará, ni apagará el linterna que apenas arde; promulgará fielmente el derecho.
El Siervo actúa con delicadeza hacia los débiles («caña quebrada», «linterna que apenas arde»), extendiendo su luz a las naciones como pacto para el pueblo y liberador de cautivos. En el Evangelio, se aplica directamente a Jesús en su bautismo (Mt 3,17; 12,18-21).
Segundo canto: El Siervo como luz de las naciones (Isaías 49,1-6)
Aquí, el Siervo habla en primera persona, lamentando un aparente fracaso inicial pero recibiendo una misión ampliada:
Escuchad, islas, escuchadme; prestad atención, pueblos lejanos. Yahvé me llamó desde el seno materno, desde las entrañas de mi madre pronunció mi nombre. […] Es demasiado poco que seas mi siervo para restaurar las tribus de Jacob y devolver los supervivientes de Israel; te he puesto como luz de las naciones para que sea mi salvación hasta el confín de la tierra.
Formado en el seno materno, el Siervo es un instrumento afilado de Dios, destinado no solo a Israel sino a toda la humanidad. Su vindicación vendrá de reyes y príncipes que se postrarán ante él.
Tercer canto: El Siervo obediente en el sufrimiento (Isaías 50,4-11)
El Siervo muestra obediencia radical ante la persecución:
El Señor Yahvé me ha dado lengua de discípulo para saber decir una palabra a tiempo al abatido. […] He puesto mi rostro como pedernal, pues sé que no seré confundido. Cerca está el que me hace justicia; ¿quién se litiga conmigo? […] Quien teme a Yahvé y obedece la voz de su siervo.
Ofrece su espalda a los azotes y su rostro a los insultos, confiando en la ayuda divina. Contrasta con los que confían en sus propias fuerzas.
Cuarto canto: El Siervo Sufriente y glorificado (Isaías 52,13-53,12)
El clímax profético describe el sufrimiento vicario, muerte y resurrección del Siervo:
Ved, mi siervo será próspero, será engrandecido y ensalzado […] Despreciado y rechazado entre los hombres, varón de dolores, experto en sufrimiento […] Él soportó nuestros sufrimientos y cargó con nuestros dolores […] Por sus llagas hemos sido curados. Todos como ovejas nos habíamos extraviado […] Fue maltratado, y no abrió su boca; como cordero fue llevado al degüello […] Por su conocimiento, el Justo, siervo mío, justificará a muchos y tomará sobre sí sus culpas.,
Los espectadores confiesan que el rechazo del Siervo era por sus pecados, y Dios lo exalta con una porción entre los grandes. Este canto es el más citado en el Nuevo Testamento para explicar la Cruz.