Orígenes y cautiverio
Daniel pertenecía a la tribu de Judá y, según la tradición judía y la Iglesia, era de noble o incluso de linaje real1. Fue llevado cautivo a Babilonia en el cuarto año del reinado de Joaquín, cuando Nabucodonosor invadió Jerusalén (605 a.C.)1. Junto a sus compañeros Ananías, Misael y Azarías, fue entregado al cuidado del maestro de los eunucos del rey, donde recibió una educación en la lengua y la sabiduría de los caldeos1.
Servicio en la corte babilónica y persa
A pesar de su condición de prisionero, Daniel alcanzó alta posición en la administración de Nabucodonosor, destacándose por su integridad al rechazar la comida del rey para no contaminarse (capítulo 1)1. Fue el único que interpretó el sueño del rey sobre la estatua de metales, revelando la sucesión de imperios y la llegada del reino de Dios1. Más tarde, bajo el gobierno de Darío el Medo, Daniel continuó sirviendo como consejero principal; su práctica de orar tres veces al día provocó la conspiración que lo llevó a la fosa de los leones, de la cual salió milagrosamente indemne, lo que llevó al rey a proclamar la supremacía del Dios de Daniel1. Daniel permaneció en funciones durante el reinado de Ciro el Persa, manteniendo su influencia y testimonio de fe1.

