División del Jordán
Al recibir el manto de Elías, Eliseo cruzó el río Jordán, y el agua se dividió como señal del poder que había heredado.
Multiplicación del aceite
Una viuda desesperada por pagar a sus acreedores recibió de Eliseo la instrucción de recoger vasijas vacías y verter su pequeña reserva de aceite, que milagrosamente se multiplicó hasta llenar todas las vasijas, permitiendo a la mujer vender el aceite y salvar a su familia. Este milagro es citado por San Ambrosio como muestra de la providencia divina en los momentos de necesidad.
Resurrección del hijo de la mujer de Suném
Eliseo fue hospedado por una mujer rica de Suném, quien mostró gran hospitalidad. En agradecimiento, Eliseo prometió que tendría un hijo, y cuando el niño murió, el profeta lo revivió mediante oración y contacto físico, «poniendo su boca sobre la boca del niño, sus ojos sobre los ojos y sus manos sobre las manos». El Papa Juan Pablo II recordó este acto como ejemplo de la misericordia que Dios derrama a través de sus profetas.
Curación de Naamán
Aunque no se incluye en los documentos citados, la tradición católica reconoce la curación del general sirio Naamán como otro gran milagro de Eliseo, señalado por San Juan Enrique Newman como parte del «conjunto de milagros que reflejan la gracia del Espíritu».
Otros milagros
Entre los demás signos destacan: la transformación del agua en vino, la alimentación de cien hombres con poco pan, la cura de la lepra, y la conversión del hierro que se hundió en el Jordán para que flotara. Estos hechos son comparados por los escritos de los Padres con los milagros de Cristo, subrayando la tipología profética.