Juicio contra Judá y Jerusalén
Ezequiel anunció la destrucción inminente de Jerusalén y del templo, describiendo la venida del castigo divino como una espada que recaería sobre la ciudad. Asimismo, profetizó la dispersión de los israelitas entre las naciones, señalando que la culpa de la idolatría provocaría la ruina del pueblo.
Visión del valle de los huesos secos
En el capítulo 37, el profeta vio un valle poblado de huesos secos que, tras su proclamación, se unieron, recibieron tendones, carne y piel, y finalmente el aliento del Espíritu los hizo vivir. Esta visión simboliza la restauración de Israel y, en la interpretación católica, la resurrección de los muertos y la acción vivificante del Espíritu Santo,.
Promesa de un corazón nuevo y del Espíritu
Ezequiel proclama que Dios dará al pueblo un corazón de carne y pondrá su Espíritu dentro de ellos, para que guarden sus estatutos. Los papas Juan Pablo II y Francisco resaltan esta promesa como anticipación de la gracia santificante y del nuevo nacimiento en Cristo,.
Visión del nuevo templo
En el capítulo 43, el profeta describe la gloria de Dios entrando por la puerta del este del templo, declarando que habitará para siempre entre su pueblo. La Iglesia interpreta esta visión como una prefiguración del templo celestial y de la presencia permanente del Espíritu en la comunidad de los fieles.