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Profeta Joel

Joel es uno de los llamados profetas menores y da nombre al segundo libro del conjunto de los Doce Profetas en la Biblia hebrea. Su breve escrito interpreta una devastadora plaga de langostas como signo del día del Señor, convoca a Israel a la conversión y anuncia una restauración abundante, la efusión universal del Espíritu y el juicio definitivo de las naciones. La tradición cristiana, especialmente a partir del discurso de san Pedro en Pentecostés, reconoce en sus palabras una profecía cumplida en la venida del Espíritu Santo sobre la Iglesia.

Prophet Joel
Ver información de la imagenpintado por Miguel Ángel y sus asistentes para la Capilla Sixtina en el Vaticano entre 1508 y 1512. c. 1508. Autoescaneado, Miguel Ángel, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreProfeta Joel
CategoríaPersona
DescripciónProfeta menor que anuncia la restauración de la tierra, el derramamiento universal del Espíritu y el juicio definitivo de las naciones
TítuloProfeta
ReferenciasJoel 1-3
Contexto históricoJudá, probable período preexílico o postexílico, durante una plaga de langostas
ImportanciaInfluye en la teología católica; su profecía se interpreta como cumplimiento en Pentecostés
LugarJudá (Jerusalén)
Tema
TipoFigura bíblica, Profeta menor, Profeta
Uso LitúrgicoCuaresma; Pentecostés

Tabla de contenido

Identidad y nombre

El libro comienza con una fórmula de vocación profética: «La palabra del Señor que llegó a Joel, hijo de Fatuel» (Jl 1,1). El nombre hebreo Yo’el significa «el Señor es Dios» o «Yahvé es Dios». El significado del nombre armoniza con el núcleo teológico de la obra: Israel debe reconocer que el Señor es el único Dios, que gobierna la historia y que permanece en medio de su pueblo.

La Biblia no ofrece datos biográficos precisos sobre Joel. No conocemos con seguridad la fecha de su nacimiento, su oficio ni las circunstancias concretas de su ministerio. La atención que presta al templo, al altar y a los sacerdotes ha llevado a algunos intérpretes a relacionarlo con el ambiente cultual de Jerusalén e incluso a proponer un origen sacerdotal, aunque el libro no permite convertir esa hipótesis en una certeza.1

Joel dirige sus palabras a los ancianos, a los habitantes del país, a los agricultores, a los sacerdotes y a toda la comunidad. El escenario principal parece situarse en Judá, con Jerusalén y el templo como centro religioso. La ausencia de referencias explícitas a un rey, a una dinastía concreta o a un acontecimiento político fácilmente identificable dificulta la reconstrucción histórica del profeta.

El libro de Joel

Lugar dentro de los Profetas Menores

Joel ocupa el segundo lugar en la colección de los Doce Profetas Menores. La expresión «menores» no alude a una inferioridad doctrinal o espiritual, sino a la reducida extensión de sus escritos en comparación con Isaías, Jeremías o Ezequiel. El libro contiene pocos capítulos, pero concentra algunos de los grandes temas de la profecía bíblica: el pecado y la conversión, el juicio divino, la misericordia, la restauración de Israel, la universalidad de la acción de Dios y la esperanza escatológica.

La tradición textual presenta una diferencia de división de capítulos. El texto masorético distribuye el libro en cuatro capítulos, mientras que la Septuaginta y la Vulgata lo organizan en tres; en estas últimas, la segunda y la tercera secciones del texto hebreo forman un único capítulo.1

Estructura literaria

El libro puede organizarse en cuatro grandes movimientos:

  1. La plaga y el lamento nacional (Jl 1,2-20).
  2. El día del Señor y la llamada a la conversión (Jl 2,1-17).
  3. La restauración de la tierra y la efusión del Espíritu (Jl 2,18-32).
  4. El juicio de las naciones y la salvación de Judá (Jl 3,1-21).

La obra avanza desde la devastación hacia la restauración. La calamidad agrícola no constituye el punto final de la historia. El ayuno, la penitencia y la súplica abren el camino a la compasión divina; la abundancia de la tierra conduce a la promesa del Espíritu; y la restauración de Israel culmina en el juicio de las naciones opresoras.1

Datación del libro

La fecha de composición de Joel constituye uno de los problemas más discutidos de la exégesis. El libro no ofrece una referencia histórica inequívoca que permita fijar su redacción con seguridad. Las distintas propuestas dependen sobre todo de la interpretación de las alusiones a las naciones, del papel de Jerusalén, de la situación de la monarquía y de la relación literaria con otros profetas.

Propuesta de una fecha anterior al exilio

Algunos autores sitúan la actividad de Joel antes de la destrucción de Jerusalén y del templo por Babilonia, en el período monárquico. Dentro de esta perspectiva, el libro podría proceder de los siglos IX, VIII o VII antes de Cristo.

Una datación temprana encuentra apoyo en varios rasgos del escrito: el protagonismo de los sacerdotes y del templo, la aparente existencia de una comunidad reunida en torno al culto y la ausencia de una mención directa del exilio babilónico. Algunos intérpretes han relacionado el tema del «día del Señor» con la predicación de Sofonías, profeta de época anterior al exilio, y han considerado posible una composición durante el reinado de Josías. Sin embargo, incluso quienes defienden una fecha preexílica discrepan acerca del rey concreto bajo cuyo gobierno habría profetizado Joel.1

También existe una antigua tradición cronológica que coloca a Joel en el período de los reyes de Judá, junto a otros profetas de la época. Clemente de Alejandría lo vincula con el tiempo de Jotán y lo enumera entre los profetas de Judá. Esta referencia pertenece a la recepción antigua del libro y no resuelve por sí misma el debate histórico moderno.2

Propuesta de una fecha posterior al exilio

Otros estudiosos sitúan la redacción después del exilio babilónico, probablemente durante el período persa o incluso en una etapa posterior. Esta propuesta considera especialmente significativas las referencias a la dispersión de los judíos entre las naciones y la forma desarrollada que adopta la esperanza escatológica.

El libro habla de pueblos extranjeros que han dispersado a Israel, han dividido su tierra y han tratado a sus habitantes como mercancía. Este horizonte puede encajar con la experiencia histórica de la deportación, la pérdida de Jerusalén y la dominación extranjera. Además, la ausencia de un rey y la importancia concedida al templo y a los sacerdotes pueden reflejar una comunidad postexílica organizada en torno al culto, sin una monarquía davídica efectiva.

La antigua Enciclopedia Católica ya reconocía que muchos comentaristas preferían una fecha posterior al exilio porque el capítulo tercero parece presuponer la dispersión de los judíos y porque la escatología de Joel presenta rasgos propios de una etapa más avanzada de la reflexión teológica de Israel. Al mismo tiempo, advertía que ninguna de las hipótesis cronológicas podía considerarse demostrada de manera concluyente.1

Propuestas intermedias y composición del libro

Algunos investigadores distinguen entre el núcleo más antiguo del libro y una redacción posterior que habría reunido, reinterpretado y actualizado materiales proféticos. Desde esta perspectiva, la experiencia de una plaga real de langostas podría pertenecer a un contexto histórico concreto, mientras que su transformación en imagen del juicio universal reflejaría una elaboración literaria posterior.

La unidad compacta del libro favorece, sin embargo, la lectura de Joel como una obra cuidadosamente estructurada. La transición entre calamidad, conversión, restauración y juicio no parece una simple yuxtaposición de fragmentos, sino un itinerario teológico coherente. La cuestión de la redacción final permanece abierta dentro de la investigación bíblica, pero la incertidumbre cronológica no afecta al sentido doctrinal fundamental de la obra.

Contexto histórico y religioso

La catástrofe agrícola

El punto de partida del libro es una devastación extraordinaria. Una sucesión de plagas de langostas ha consumido los cultivos, las viñas, las higueras y los árboles del país. El grano, el vino y el aceite han desaparecido; los animales carecen de pastos y las corrientes de agua se han secado. La calamidad afecta simultáneamente a la economía, a la vida familiar, al culto y a la alegría colectiva.3

Joel no contempla la plaga como un simple fenómeno natural aislado. El desastre adquiere un valor religioso porque ha interrumpido las ofrendas del templo. La falta de cereal y de vino impide presentar las ofrendas de alimento y bebida, de modo que la catástrofe alcanza el corazón de la relación cultual de Israel con Dios.

El profeta invita a los ancianos y a los habitantes del país a conservar la memoria de lo ocurrido y a transmitirla a las generaciones futuras. La calamidad debe convertirse en enseñanza: Israel ha de reconocer su fragilidad y aprender a leer la historia delante de Dios.4

El templo y la asamblea

Los sacerdotes reciben una responsabilidad central. Joel les pide que vistan de saco, lloren, convoquen un ayuno y reúnan a toda la comunidad ante el Señor. La respuesta adecuada a la crisis no consiste en el aislamiento individual, sino en una penitencia comunitaria.

El profeta convoca a todos: ancianos, niños, recién casados, sacerdotes y pueblo entero. La comunidad completa debe presentarse ante Dios. La oración sacerdotal, pronunciada entre el vestíbulo y el altar, pide al Señor que perdone a su pueblo y que no permita que Israel se convierta en motivo de burla entre las naciones.3

Mensaje teológico

El día del Señor

La expresión «día del Señor» constituye uno de los ejes del libro. En la tradición profética, designa una intervención decisiva de Dios en la historia. Puede manifestarse como juicio contra el pecado, como liberación del pueblo fiel o como ambas realidades a la vez.

En Joel, la plaga de langostas funciona como anticipación del día del Señor. La invasión aparece descrita mediante imágenes militares: el ejército avanza ordenadamente, escala las murallas, entra por las ventanas y provoca temblor en la tierra y oscurecimiento de los astros. El lenguaje no obliga a identificar literalmente las langostas con un ejército humano; la comparación transforma la catástrofe agrícola en una escena de alcance cósmico.3

El día del Señor posee un carácter terrible, pero no conduce automáticamente a la desesperación. La pregunta «¿quién podrá resistirlo?» prepara la respuesta central del profeta: todavía existe un camino de regreso a Dios.

La conversión del corazón

Joel transmite una de las llamadas más conocidas de la profecía bíblica: «Convertíos a mí de todo corazón, con ayuno, con llanto y con luto». La conversión verdadera no consiste en una apariencia externa, sino en la transformación interior: «Rasgad vuestros corazones y no vuestros vestidos».3

El gesto exterior conserva su valor cuando expresa una disposición interior auténtica. El ayuno, la asamblea y el lamento no pretenden manipular a Dios, sino despertar al pueblo a la verdad de su situación y abrirlo a la misericordia.

La razón última de la esperanza no reside en los méritos de Israel, sino en el carácter de Dios: «clemente y misericordioso, lento a la ira y rico en amor». La amenaza del juicio nunca cancela la posibilidad del perdón. La conversión se apoya en la confianza de que Dios puede compadecerse, restaurar la tierra y devolver al culto sus ofrendas.3

La restauración de la tierra

Después del arrepentimiento, Dios promete devolver el grano, el vino y el aceite. La tierra deja de ser un espacio de muerte y vuelve a producir con abundancia. Las lluvias tempranas y tardías garantizan la fertilidad, los graneros se llenan y las eras rebosan de cereal.3

La promesa de «restituir los años que devoró la langosta» expresa una restauración que supera la mera recuperación económica. Dios no se limita a detener la plaga; transforma el tiempo de pérdida en ocasión de alabanza. El pueblo recupera la seguridad de que Dios habita en medio de Israel y de que no existe otro Dios fuera de él.5

La efusión universal del Espíritu

El pasaje más célebre de Joel anuncia:

«Derramaré mi espíritu sobre toda carne: vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros ancianos tendrán sueños y vuestros jóvenes verán visiones. Incluso sobre los siervos y las siervas derramaré mi espíritu».5

La promesa posee una dimensión universal dentro de Israel. El Espíritu no queda reservado a reyes, sacerdotes o profetas profesionales. Alcanza a hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, libres y esclavos. La edad, el sexo y la posición social dejan de constituir barreras para recibir el don profético.

El anuncio enlaza con el deseo expresado por Moisés: «¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor!» Joel convierte aquel deseo en una promesa escatológica. En Pentecostés, san Pedro interpreta la efusión del Espíritu como el cumplimiento de esa promesa y proclama que han comenzado «los últimos días».6

La Comisión Teológica Internacional resume esta continuidad afirmando que el deseo de Moisés se convirtió, mediante Joel, en una promesa escatológica cumplida en Pentecostés, cuando el Espíritu permitió a los creyentes anunciar las grandes obras de Dios.7

Lenguaje apocalíptico de Joel

Qué significa «apocalíptico»

La palabra apocalíptico procede del griego apokálypsis, «revelación» o «descubrimiento». Designa una forma literaria que presenta realidades ocultas mediante visiones, símbolos cósmicos, imágenes de juicio y anuncios del triunfo final de Dios. Este género alcanzó un desarrollo particular en el judaísmo entre los siglos II antes de Cristo y II después de Cristo, aunque sus raíces aparecen ya en tradiciones proféticas más antiguas.8

Joel no es un libro apocalíptico en el mismo sentido que Daniel o el Apocalipsis de san Juan. Su forma principal sigue siendo la de una profecía dirigida a una comunidad concreta. Sin embargo, incorpora un lenguaje de alcance cósmico: terremotos, oscuridad del sol, sangre, fuego, columnas de humo y signos en el cielo. Estos elementos amplían una crisis histórica hasta convertirla en imagen del juicio universal.

Las visiones apocalípticas buscan revelar el sentido profundo de la historia, mostrar la derrota final del mal y anunciar la intervención soberana de Dios. El género nació, en buena medida, para sostener la esperanza de comunidades heridas u oprimidas, recordándoles que el mal no tiene la última palabra.9

Joel y los demás profetas menores

Joel comparte con Amós la preocupación por la justicia y por el día del Señor. Amós denuncia que la religiosidad no puede separarse de la rectitud social; Joel, aunque concentra su atención en la penitencia cultual y en la restauración de Israel, vincula la salvación con el juicio contra quienes han explotado y dispersado al pueblo.

Con Sofonías, Joel comparte la expresión y el horizonte del «día del Señor». En ambos profetas, aquel día comporta oscuridad, juicio y conmoción, pero también abre un camino de purificación y esperanza.

La relación con Abdías resulta especialmente significativa. Joel 3,5 -según la numeración hebrea, Jl 2,32- emplea una fórmula que parece relacionarse con Abd 17: «En el monte Sión habrá supervivientes». La semejanza ha llevado a algunos especialistas a proponer una dependencia literaria de Joel respecto de Abdías, mientras que otros han defendido la prioridad de Joel o una tradición profética común.10

Joel también anticipa rasgos que alcanzarán una elaboración más desarrollada en Zacarías, especialmente en las visiones sobre Jerusalén, el juicio de las naciones y la restauración final. La investigación bíblica ha situado a Joel dentro de un conjunto de textos que comparten la imagen del día del Señor, la reunión de los pueblos, la intervención divina sobre la historia y la esperanza de una renovación de Sión.10

En Miqueas, la perspectiva escatológica adquiere un alcance universal mediante la peregrinación de las naciones hacia Jerusalén y la difusión de la ley desde Sión. Joel, por su parte, acentúa la efusión del Espíritu sobre toda carne y el juicio de las naciones en el valle de Josafat. Ambos profetas presentan a Jerusalén como lugar de la acción salvadora de Dios, aunque Joel insiste más directamente en la experiencia del Espíritu y en la separación final entre el pueblo de Dios y sus opresores.11

Diferencia entre profecía histórica y apocalipsis

El lenguaje cósmico de Joel no debe emplearse como un calendario para calcular el fin del mundo. El profeta parte de una catástrofe concreta, llama a una conversión real y utiliza imágenes poderosas para revelar su significado teológico. La oscuridad del sol y la luna, el fuego y la sangre expresan la magnitud del juicio divino; no constituyen necesariamente una descripción periodística de fenómenos astronómicos.

La Iglesia lee estas imágenes a la luz de Cristo y de su Pascua. El sentido cristiano no elimina el contexto original del libro, sino que lo lleva a una plenitud nueva: la intervención definitiva de Dios comienza con la muerte y resurrección de Jesucristo, continúa mediante la acción del Espíritu Santo y alcanzará su consumación al final de los tiempos.

Interpretación cristiana y litúrgica

Joel en Pentecostés

Los Hechos de los Apóstoles presentan el acontecimiento de Pentecostés como cumplimiento de la profecía de Joel. Ante la manifestación pública del Espíritu Santo, san Pedro cita el pasaje sobre la efusión del Espíritu y lo aplica a la comunidad reunida en Jerusalén.

Pedro modifica la expresión temporal de Joel. Allí aparece «después»; en Hechos, Pedro habla de «los últimos días». Con este cambio, interpreta Pentecostés como el comienzo de la etapa decisiva de la historia de la salvación. El Espíritu prometido ya no actúa únicamente sobre determinadas figuras con una misión especial, sino que alcanza a toda la comunidad creyente.6

La Iglesia no entiende esta aplicación como una simple repetición literal del acontecimiento histórico anunciado por Joel. La lectura apostólica descubre una plenitud tipológica: un hecho del Antiguo Testamento adquiere su significado completo en Cristo y en la vida de la Iglesia. La plaga, el retorno, la restauración y la efusión del Espíritu forman una secuencia que encuentra su centro en la Pascua y en Pentecostés.

El sentido tipológico

La interpretación tipológica reconoce una correspondencia providencial entre realidades de la antigua alianza y su cumplimiento en la nueva. Joel habló a una comunidad concreta afectada por una calamidad y necesitada de conversión. La Iglesia recibe ese mensaje como palabra viva: el pecado destruye, la penitencia abre el corazón a la gracia y Dios restaura a su pueblo mediante el Espíritu.

Esta lectura no obliga a afirmar que Joel conociera explícitamente todos los detalles de Pentecostés. La profecía posee un sentido histórico inmediato y, al mismo tiempo, una profundidad que el Espíritu Santo permite reconocer plenamente después de Cristo.

San Agustín relaciona directamente la profecía de Joel con la venida del Espíritu Santo sobre los creyentes reunidos, y considera que el pasaje pertenece a Cristo y a la Iglesia.11 San Cirilo de Jerusalén interpreta la efusión del Espíritu como un don abundante, ofrecido sin distinción de rango social, porque el Espíritu Santo no busca privilegios humanos, sino la piedad del corazón.12

Uso litúrgico

La liturgia cristiana proclama especialmente el mensaje de Joel durante los tiempos de penitencia y conversión. La llamada a volver a Dios con todo el corazón, mediante el ayuno, el llanto y el luto, expresa la actitud propia de la Cuaresma. La Iglesia escucha esas palabras no como una invitación al formalismo, sino como una llamada a la conversión interior.

El lenguaje de Joel también ilumina Pentecostés. La promesa del Espíritu sobre hijos e hijas, jóvenes y ancianos, siervos y siervas, manifiesta la universalidad de la gracia. La liturgia interpreta el don del Espíritu como cumplimiento de las promesas proféticas y como fuente de la misión de la Iglesia.

El papa Francisco ha aplicado el texto de Joel a la relación entre generaciones. Los ancianos aportan memoria y sueños; los jóvenes aportan visión, energía y apertura al futuro. Cuando ambos permanecen disponibles al Espíritu Santo, la comunidad cristiana recibe una riqueza que ninguna generación puede producir por sí sola.13

Temas principales del libro

Conversión personal y comunitaria

Joel no reduce el pecado a decisiones individuales ni la conversión a una experiencia privada. Convoca a toda la comunidad. La crisis alcanza a la tierra, al culto, a las familias, a los animales y a la economía; por eso la respuesta también debe incluir a todo el pueblo.

Misericordia divina

El juicio aparece subordinado a la misericordia. Dios amenaza con el día terrible, pero ofrece todavía la posibilidad de regresar. La severidad profética no contradice la bondad divina: pretende despertar al pueblo antes de que la injusticia y la infidelidad destruyan su comunión con Dios.

Unidad entre culto y vida

La interrupción de las ofrendas revela que el culto no está separado de la vida concreta. El hambre, la sequía y la pérdida de las cosechas afectan directamente a la oración de Israel. Al mismo tiempo, el culto auténtico exige una conversión del corazón y una solidaridad efectiva con quienes sufren.

Universalidad del Espíritu

La promesa de Joel alcanza una amplitud extraordinaria. Dios derrama su Espíritu sobre «toda carne» y convierte a la comunidad en un pueblo profético. La profecía ya no queda vinculada exclusivamente a una élite religiosa. La Iglesia ve en Pentecostés la realización de esta universalización del don espiritual.7

Juicio de las naciones

El último capítulo presenta a las naciones ante el tribunal divino. Joel acusa a los pueblos de haber dispersado a Israel, dividido su territorio y convertido a personas vulnerables en objeto de comercio. El juicio no nace de un nacionalismo arbitrario, sino de la defensa de las víctimas y de la afirmación de que Dios no permanece indiferente ante la violencia histórica.

La imagen del valle de Josafat simboliza el lugar del juicio del Señor. El nombre puede entenderse como «el Señor juzga» y funciona teológicamente como una representación del tribunal definitivo de Dios, más que como una localización geográfica identificable con absoluta certeza.

Recepción en la tradición cristiana

Los Padres de la Iglesia leyeron Joel principalmente desde la pneumatología, es decir, desde la doctrina sobre el Espíritu Santo. San Cirilo de Jerusalén lo presenta como testigo profético de la acción del Espíritu en Pentecostés.14 San Gregorio de Nacianzo lo considera uno de los primeros profetas que anunciaron la efusión del Espíritu sobre todos los creyentes.15

La tradición patrística también vinculó el libro con la esperanza escatológica. El apocaliptismo cristiano conserva la convicción de que la historia se dirige hacia el triunfo definitivo de Dios, aunque la Iglesia interpreta esa esperanza a la luz de la muerte, resurrección y glorificación de Cristo. Las imágenes del juicio pueden recibir una lectura futura, pero también una aplicación espiritual y eclesial en el presente.16

Importancia para la teología católica

Joel aporta cuatro afirmaciones de especial importancia para la teología católica:

  • Dios actúa en la historia, incluso en medio de crisis naturales, sociales y políticas.
  • La conversión exige el corazón entero, no únicamente gestos externos.
  • El Espíritu Santo es don universal, ofrecido a todo el pueblo de Dios sin distinción de edad, sexo o condición social.
  • La historia culminará en el juicio de Dios, que hará justicia a las víctimas y manifestará la soberanía divina.

La interpretación católica mantiene unidos el sentido histórico y el sentido espiritual. El profeta habló a Judá en una situación concreta, probablemente marcada por una calamidad agrícola y por la necesidad de restaurar la vida comunitaria. La Iglesia, guiada por el Nuevo Testamento y por la liturgia, reconoce además en Joel una anticipación de Pentecostés y una palabra permanente sobre la conversión, la esperanza y la misión profética de todos los bautizados.

Valoración final

El libro de Joel es breve, pero presenta una arquitectura teológica de gran densidad. La devastación de la tierra conduce al ayuno; el ayuno conduce a la conversión; la conversión abre paso a la restauración; la restauración culmina en la efusión del Espíritu y en el juicio de las naciones.

La incertidumbre acerca de la fecha exacta del profeta no disminuye la fuerza de su mensaje. Joel permanece como testigo de que toda crisis puede convertirse en ocasión de retorno a Dios, de que la misericordia supera el castigo y de que el Espíritu Santo no pertenece a una minoría privilegiada. En la lectura cristiana, su promesa alcanza su cumplimiento decisivo en Pentecostés, cuando Dios derrama su Espíritu sobre la Iglesia y la convierte en comunidad llamada a anunciar sus maravillas.

Citas y referencias

  1. Joel, . Enciclopedia católica, Joel (1913). 2 3 4 5
  2. Capítulo XXI. Las instituciones y leyes judías de mucho mayor antigüedad que la filosofía de los griegos, Clemente de Alejandría. Los Stromata, 1.21.
  3. La Santa Biblia, The New Revised Standard Version, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Joel (1993). 2 3 4 5 6
  4. The New Revised Standard Version, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Joel 1 (1993).
  5. The New Revised Standard Version, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Joel 2 (1993). 2
  6. Mary Healy. Interpretación bíblica como carisma profético en la Iglesia, 11 (2015). 2
  7. Capítulo 1: El sensus fidei en la escritura y la tradición - 1. Enseñanza bíblica - C) la capacidad de los creyentes para conocer y dar testimonio de la verdad, Comisión Teológica Internacional. Sensus fidei en la vida de la Iglesia, 15 (2014). 2
  8. Apocalipsis, Edward G. Farrugia. Diccionario enciclopédico del Oriente cristiano, Apocalipsis (2015).
  9. Parte III - Lectura del Antiguo Testamento tus palabras se convirtieron en una alegría y el deleite de mi corazón. (Jeremías 15:16), Conferencias episcopales católicas de Inglaterra y Gales, y de Escocia. El regalo de la Escritura, 40 (2005).
  10. Abdías, . Enciclopedia católica, Abdías (1913). 2
  11. Capítulo XXX, Agustín de Hipona. La Ciudad de Dios, 18.30 (426). 2
  12. Conferencia catequética: Continuación del discurso sobre el Espíritu Santo, Cirilo de Jerusalén. Conferencias catequéticas - Conferencia 17, 19 (350).
  13. Capítulo VI - Jóvenes con raíces - Sueños y visiones, Papa Francisco. Christus vivit, 192 (2019).
  14. Conferencia catequética: Sobre el artículo, y en un solo Espíritu Santo, el consolador, que habló en los profetas, Cirilo de Jerusalén. Conferencias catequéticas - Conferencia 16, 29 (350).
  15. Sobre Pentecostés, Gregorio de Nacianzo. Oración 41, XIII.
  16. Bernard McGinn. El ataque de Agustín al apocaliptismo, 6 (2018).
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