El nombre hebreo de Oseas, Hôsheá‘, significa «salvación». El profeta era hijo de Beerí y pertenecía al Reino del Norte, también llamado Israel, Efraín o «la tierra» en su propia predicación. Conocía especialmente las ciudades, instituciones y problemas religiosos del territorio septentrional. En cambio, apenas habla de Judá y no menciona Jerusalén.1
El encabezamiento del libro sitúa su ministerio durante los reinados de Ozías, Jotán, Ajaz y Ezequías, reyes de Judá, y durante el reinado de Jeroboán II de Israel. La actividad profética de Oseas suele situarse, de manera aproximada, entre los años 750 y 735 a. C., aunque el propio libro refleja una época de rápida descomposición política posterior al largo reinado de Jeroboán II.1,2
Israel y Judá
Después de la división del reino unido de David y Salomón, la monarquía hebrea quedó separada en dos entidades políticas:
- El Reino del Norte, llamado Israel, con capital en Samaría y formado por la mayor parte de las tribus.
- El Reino del Sur, llamado Judá, con capital en Jerusalén y gobernado por la dinastía davídica.
Oseas dirigió principalmente su mensaje al Reino del Norte. Israel disfrutó de una notable expansión económica y territorial durante el reinado de Jeroboán II, pero aquella prosperidad ocultaba una profunda crisis religiosa, moral y política. Los santuarios de Betel y Dan conservaban símbolos taurinos asociados al culto nacional, mientras que los cultos cananeos a los baales introducían prácticas incompatibles con la fidelidad al Señor.3
La estabilidad exterior tampoco duró. Después de Jeroboán II, varios reyes ocuparon el trono mediante conspiraciones y asesinatos. Al mismo tiempo, Asiria se convirtió en la gran potencia militar de la región. La inestabilidad interna y la presión asiria prepararon la caída de Samaría, que ocurrió en el año 722 a. C. bajo el dominio asirio.1,3





