El santuario bajo la autoridad de Elí
Silo era uno de los centros religiosos principales de Israel. Allí se encontraba el arca de la alianza y allí ejercía su ministerio el sacerdote Elí. Samuel creció en ese ambiente, «ministrando al Señor bajo Elí», mientras la presencia del arca vinculaba el santuario con la identidad religiosa del pueblo.
El relato presenta, sin embargo, una situación de decadencia. Los hijos de Elí, Ofní y Fineés, abusaban de su posición sacerdotal y despreciaban las ofrendas del pueblo. Elí conocía su conducta, pero no logró corregirlos con la firmeza necesaria. La tradición cristiana antigua interpreta su culpa como una tolerancia culpable ante la corrupción de sus hijos, que habían convertido el sacerdocio en ocasión de provecho personal.
La crisis no afectaba solamente a dos individuos. La conducta de los hijos de Elí comprometía la credibilidad del culto y mostraba el agotamiento de una autoridad religiosa incapaz de proteger la santidad del santuario. En ese contexto, Samuel aparece como una figura nueva: vive dentro del santuario, pero no pertenece al grupo que ha corrompido el ejercicio del sacerdocio.
La escasez de la palabra profética
El libro de Samuel describe aquellos días con una fórmula de gran fuerza teológica: la palabra del Señor era rara y las visiones no abundaban. La crisis de Silo coincidía, por tanto, con una crisis de comunicación entre Dios y su pueblo.
El problema no consistía en que Dios hubiese abandonado definitivamente a Israel. El relato muestra más bien que Dios preparaba una renovación mediante la llamada de un niño. La lámpara del santuario todavía no se había apagado cuando el Señor llamó a Samuel. Esta imagen une dos realidades: la oscuridad espiritual del momento y la esperanza de una luz que todavía permanece.
El juicio sobre la casa de Elí
Dios llamó a Samuel durante la noche. Al principio, el muchacho creyó que Elí lo llamaba y acudió tres veces junto al sacerdote. Finalmente, Elí comprendió que la voz procedía del Señor y enseñó a Samuel la disposición correcta: escuchar como siervo y responder a Dios.
La primera revelación recibida por Samuel anunció el juicio contra la casa de Elí. Dios reprochaba a Elí que hubiese conocido la impiedad de sus hijos sin impedirla. Samuel tuvo miedo de comunicar el mensaje, pero no ocultó nada cuando el sacerdote le pidió que hablara. Elí aceptó entonces el juicio divino.
Este episodio contiene un principio esencial de la vocación profética: el profeta no escoge libremente un mensaje acomodado a sus intereses. Samuel recibe primero una palabra difícil, dirigida contra la autoridad religiosa que lo había formado. Su fidelidad exige hablar con verdad incluso cuando el mensaje afecta a su protector y maestro.