Cada uno de los Profetas Menores ofreció una perspectiva única sobre la relación de Dios con su pueblo, abordando las realidades políticas, sociales y religiosas de su tiempo.
Oseas
Oseas, cuyo nombre significa «Salvación», fue un profeta del Reino de Efraín (Israel). Su ministerio se sitúa aproximadamente entre 750 y 735 a.C., siendo contemporáneo de Amós y de los primeros años de Isaías. El libro de Oseas se divide en dos partes principales: los capítulos 1-3 y los capítulos 4-14. En la primera parte, Oseas se casa con Gomer, una «mujer de fornicaciones», y sus hijos reciben nombres simbólicos que representan la infidelidad de Israel hacia Yahvé. A pesar de la condena, el mensaje de Oseas concluye con una promesa de misericordia. Orígenes de Alejandría interpretó que «La Palabra del Señor» que llegó a Oseas se refiere a la venida del Hijo, la Palabra, enviado por el Padre, y que Oseas, etimológicamente «Salvado», se convierte en hijo de la sabiduría de Dios.
Joel
Joel, hijo de Fatuel, es el segundo en la lista de los Profetas Menores. La escena de su ministerio fue el Reino de Judá, probablemente Jerusalén, dada sus frecuentes referencias al templo y al altar. El libro de Joel, compuesto por setenta y tres versículos, presenta una estructura típica de discurso profético: advertencias sombrías del juicio de Yahvé para despertar al pueblo de la letargia moral, y noticias gozosas de la obra de salvación de Yahvé para mantener viva la fe en la venida del Reino de Dios. El libro describe la devastación de la tierra de las doce tribus por plagas y predice que el Espíritu Santo será derramado sobre los siervos y siervas de Dios después de la caída del pueblo anterior.
Amós
Amós, un pastor y recolector de higos sicómoros de Tekoa, profetizó entre los años 760-750 a.C., siendo quizás el más antiguo de los profetas escritores. A pesar de su origen humilde, Amós no puede ser explicado en pocas palabras, ya que sus profecías abarcan las transgresiones de Damasco, Gaza, Tiro, Idumea, Moab, los hijos de Amón, y especialmente Judá e Israel. Amós denuncia la opresión social y la idolatría, anunciando la caída de las casas grandes y pequeñas, y una «hambre en la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír las palabras del Señor».
Abdías
Abdías, cuyo nombre significa «siervo de Yahvé», es el autor del libro profético más corto del Antiguo Testamento, con solo veintiún versículos. Se le atribuye haber pertenecido al Reino de Judá. Su profecía se centra casi exclusivamente en el destino de Edom, condenándola por su conducta poco fraternal hacia Judá durante el saqueo de Jerusalén. Abdías predice la destrucción total de Edom, a pesar de su confianza en sus fortalezas rocosas.
Jonás
Jonás es el quinto de los Profetas Menores. Su nombre, que usualmente significa «paloma», podría también derivar de una raíz que significa «lamentarse» o «quejarse», una interpretación que se alinea con las palabras de queja del profeta en el capítulo 4 de su libro. Jonás es mencionado en 2 Reyes 14:25 como un profeta que predijo la restauración de las fronteras de Israel por Jeroboam II. San Jerónimo interpretó el naufragio de Jonás como una figura de la pasión del Señor, y su predicación a Nínive como el anuncio de la salvación a todos los gentiles.
Miqueas
Miqueas de Moréset, contemporáneo de Isaías, anuncia el despojo de la «hija del ladrón» y el asedio contra ella, porque ha golpeado la mandíbula del juez de Israel. Su mensaje se centra en la justicia social y la condena de la corrupción en Judá e Israel.
Nahúm
Nahúm, cuyo nombre hebreo significa «consolador» o «consuelo», es el séptimo en la lista tradicional de los Profetas Menores. Poco se sabe de su vida, y la información se extrae principalmente de su propio libro. Nahúm, el «consolador del mundo», reprende la ciudad sangrienta de Nínive y, cuando es derrocada, exclama: «¡He aquí sobre los montes los pies del que trae buenas nuevas!».
Habacuc
Habacuc, el octavo de los Profetas Menores, probablemente floreció hacia finales del siglo VII a.C.. Su nombre, que se asemeja al asirio «hambakûku» (nombre de una planta), se interpreta comúnmente como «abrazo» o «abrazo ardiente». Habacuc es descrito por San Jerónimo como un «luchador fuerte e inflexible» que se para en su puesto y en la torre para contemplar a Cristo en la cruz. Su profecía contiene una oración en el capítulo 3 que algunos estudiosos sugieren que podría indicar que fue miembro del coro del Templo.
Sofonías
Sofonías, el noveno de los Profetas Menores, predicó y escribió en la segunda mitad del siglo VII a.C., siendo contemporáneo y partidario de Jeremías. Su nombre hebreo, Zephanja, significa «el Señor oculta» o «el Señor protege». La actividad del profeta se sitúa durante el reinado del rey Josías (641-611 a.C.), y su libro es un documento importante para comprender esa era. Sofonías denunció la idolatría y la corrupción moral en Jerusalén, amenazando con destruir el «remanente de Baal». Su profecía anuncia un «gran día del Señor», un día de ira y angustia, donde la plata y el oro no podrán salvar a los pecadores.
Ageo
Ageo, el décimo de los Profetas Menores, cuyo nombre significa «el festivo» o «mi fiesta es Yahvé», profetizó durante el segundo año del reinado del rey persa Darío I (520 a.C.). Su libro es muy corto y no ofrece mucha información personal, aunque la tradición judía lo sitúa como nacido en Caldea durante el cautiverio babilónico y como uno de los exiliados que regresaron a Jerusalén. Ageo se ocupó de la reconstrucción del Templo, representando al Señor diciendo: «Todavía una vez, es un poco de tiempo, y yo sacudiré los cielos, y la tierra, y el mar, y la tierra seca; y sacudiré a todas las naciones, y vendrá el deseado de todas las naciones».
Zacarías
La profecía de Zacarías, en parte, se fecha entre 520 y 518 a.C.. Junto con Ageo, Zacarías fue fundamental en el impulso de la reconstrucción del Templo de Jerusalén tras el exilio babilónico. Sus visiones y oráculos ofrecen consuelo y esperanza, apuntando hacia un futuro mesiánico.
Malaquías
Malaquías, cuyo nombre hebreo Mál’akhî significa «mi mensajero» o «mi ángel», es el último de los doce Profetas Menores y el último de los profetas canónicos del Antiguo Testamento. Su ministerio se sitúa a mediados del siglo V a.C.. Las escuelas judías lo identificaron tempranamente con el escriba Esdras, una tradición sin valor histórico, pero que lo veía como un intermediario entre los profetas y la «gran sinagoga». Malaquías denuncia la infidelidad sacerdotal y la negligencia del pueblo en el cumplimiento de la ley. El profeta Malaquías predice la venida del Señor Todopoderoso y el día de su venida, describiéndolo como un fuego de horno y jabón de batanero, que refinará y purificará.