Imposición por un ministro autorizado
La incorporación a la devoción del escapulario debe realizarse mediante el rito propio de la Iglesia. La imposición no debe improvisarse: requiere una preparación que ayude al fiel a comprender la naturaleza de la asociación, sus fines y los compromisos de vida que asume.
La primera imposición corresponde ordinariamente a un sacerdote o diácono, conforme al rito aprobado por la Iglesia. Después, el fiel puede sustituir el escapulario deteriorado por otro sin necesidad de una nueva imposición, manteniendo la misma disposición de fe y devoción.
Uso habitual
La tradición recomienda llevarlo habitualmente. Sin embargo, la eficacia espiritual de la devoción no depende de la perfección material del tejido, del color exacto o de una imagen determinada, sino de la relación de fe que el signo expresa.
El escapulario carmelitano tradicional consta de dos piezas de tela unidas por cordones y suele llevarse sobre los hombros, una parte delante y otra detrás. La antigua descripción de la devoción admitía el color marrón y, en determinados contextos, el negro; tampoco consideraba obligatoria una imagen concreta.
Vida cristiana coherente
La devoción exige una vida conforme al Evangelio. San Juan Pablo II afirmó que la devoción a María no puede quedar reducida a oraciones o actos de homenaje ocasionales, sino que debe convertirse en una orientación permanente de la conducta cristiana, formada por la oración, la vida interior, la participación frecuente en los sacramentos y las obras de misericordia corporales y espirituales.
Quien lleva el escapulario está llamado, por tanto, a:
- Participar en la vida litúrgica de la Iglesia.
- Recibir dignamente los sacramentos.
- Acudir al sacramento de la Penitencia cuando exista pecado grave.
- Cultivar la oración diaria.
- Practicar la caridad con el prójimo.
- Luchar contra el pecado y procurar la conversión.
- Confiar en María sin apartarse jamás de Cristo.