En el vocabulario litúrgico, propio designa los textos y las celebraciones asignados específicamente a determinados días o santos, en contraste con los elementos comunes a varias celebraciones. La tradición distingue el propio del tiempo, formado por los textos correspondientes a los diversos periodos del año litúrgico, y el propio de los santos, que reúne las celebraciones con formularios particulares dedicados a ellos. Entre esos textos pueden figurar oraciones, lecturas, antífonas, respuestas e himnos.1
Un calendario propio puede incluir celebraciones vinculadas a una Iglesia concreta, además de las que pertenecen al calendario general. Entre los ejemplos de celebraciones propias figuran el aniversario de la dedicación de una iglesia y la fiesta de su titular; también puede haber otras fiestas particulares.2 Por ello, hablar del propio litúrgico de España puede aludir, en sentido amplio, al conjunto de celebraciones y formularios ligados a la vida litúrgica de las Iglesias españolas, sin implicar que todas empleen un rito distinto del romano.
Conviene distinguir, por tanto, entre el propio de un calendario y una familia ritual. El primero organiza celebraciones y textos particulares dentro de una estructura litúrgica; la segunda comprende una tradición de culto con libros, usos y formas celebrativas característicos. El rito hispano-mozárabe pertenece a esta segunda categoría.



