La palabra prostitución designa la práctica de relaciones sexuales indiscriminadas, generalmente a cambio de dinero u otra compensación. La realidad comprende situaciones diversas: puede haber quienes ejercen esta actividad por decisión propia, pero también personas sometidas a amenazas, engaño, extorsión o explotación. La prostitución puede afectar a mujeres y hombres; cuando implica a menores, concurre además el grave daño de su explotación y el escándalo que provoca.1,2
La prostitución y la trata de personas están relacionadas, pero no son términos idénticos. La trata incluye formas de explotación sexual y puede someter a las víctimas a control, compraventa y condiciones de esclavitud. Por ello, la lucha contra la prostitución no debe confundir a la persona explotada con quienes organizan, facilitan o aprovechan la explotación.3,5,6


