En lenguaje ordinario, «protocolo» suele aludir a un conjunto de procedimientos y pasos técnicos orientados a lograr un resultado (por ejemplo, la clonación reproductiva) o a obtener un recurso para la investigación (por ejemplo, la obtención de células embrionarias con fines biomédicos). En una «enciclopedia católica», el término debe entenderse además a la luz de un criterio moral: un protocolo no puede evaluarse como mera eficiencia técnica, sino como una acción humana que afecta a personas reales y vulnerables.
La Iglesia distingue entre la clonación propuesta con fines de reproducción y la presentada como terapéutica o investigación. En ambos casos, el juicio moral se centra en la relación que la técnica establece con la persona humana: si la persona es tratada como «alguien» con dignidad propia o como «algo» utilizable.1,3
