Latría: adoración debida solo a Dios
En el lenguaje teológico clásico, latría designa el culto supremo que se debe a Dios. Ya desde las antiguas definiciones, se subraya su carácter exclusivo: es el tipo de «servicio» (en sentido religioso) que pertenece al colerio del Dios verdadero, y que no se atribuye a ninguna criatura.
Esta distinción se formula con precisión al distinguir el honor divino del honor ofrecido a los santos: la Iglesia enseña que el culto de adoración corresponde solo a Dios.,
Dulía: veneración y culto a los santos
La dulía (del griego douleia) es el término teológico para el honor rendido a los santos. La Dulia se describe como un honor que, en el caso de los santos, incluye veneración e invocación: la veneración recae directamente en la persona del santo; la invocación mira principalmente al beneficio del que pide.
Además, se enseña que la diferencia entre latría y dulía no es solo cuantitativa («más o menos»), sino de género: son realidades tan distintas como lo es la relación de la criatura con el Creador.
Hiperdulía: veneración eminente a la Virgen María
La hiperdulía indica el grado más alto dentro de la veneración debida a los santos, pero reservando la latría para Dios. En este sentido, la Virgen recibe una veneración mayor «que cualquier otro de los santos» por su posición singular en la economía divina; esa forma peculiar se denomina hiperdulía.,
Este punto es importante para comprender la lógica interna: si existe un «máximo» para la Virgen (hiperdulía), entonces tiene sentido hablar de «eminencias» dentro del resto de la comunión de los santos (donde se ubicaría la protodulía), sin quebrar la separación esencial con la latría.,