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Protoevangelio

Protoevangelio
Protoevangelio de Jacobo. Manuscrito del siglo XVI. Biblioteca Británica. Original, Wlbw68, CC BY-SA 4.0 📄

El Protoevangelio de Santiago es un texto apócrifo cristiano del siglo II que narra la infancia de la Virgen María, su nacimiento milagroso de los padres Joacím y Ana, su dedicación al Templo, sus esponsales con San José y los primeros momentos de la vida de Jesucristo. Aunque no forma parte del canon bíblico, ha ejercido una profunda influencia en la devoción mariana católica, inspirando fiestas litúrgicas como la Natividad de la Virgen (8 de septiembre), la Presentación de María (21 de noviembre) y la Inmaculada Concepción (8 de diciembre), así como en la iconografía y la tradición litúrgica.1,2,3

Tabla de contenido

Origen y autoría

El Protoevangelio de Santiago, también conocido como Protoevangelium Jacobi, se atribuye pseudonímicamente al apóstol Santiago, hermano del Señor, aunque los estudiosos lo datan en el siglo II, posiblemente compuesto por un autor judeocristiano familiarizado con las costumbres judías. Origen lo cita ya en el siglo III bajo el nombre de Libro de Santiago, y hay indicios de que San Justino Mártir conocía tradiciones similares en el siglo II.2

Se considera un texto compuesto, posiblemente integrando dos o tres documentos previos, con recensiones antiguas en griego y siríaco, además de traducciones al armenio y latín. Su estructura narrativa busca llenar los silencios evangélicos sobre la vida de María, enfatizando su santidad desde la concepción.2

Contenido principal

El texto se divide en dos partes principales: la protoevangelización (infancia de María) y la narración del nacimiento de Jesús, con elementos milagrosos que resaltan la pureza virginal de María y la divinidad del Niño Dios.

Nacimiento y primeros años de María

La historia comienza con Joacím y Ana, un matrimonio piadoso pero estéril, humillado por su infertilidad. Joacím ayuna en el desierto, mientras Ana llora su esterilidad cerca de la piscina de Betsaida (o Betesda), asociada con curaciones milagrosas como la narrada en Juan 5,1-17. Tras un anuncio angélico paralelo al de Zacarías, Ana concibe milagrosamente a María.3

Nacida en Jerusalén, en la casa de Ana cerca de la piscina probática, María es criada en santidad. A los tres años, cumple el voto de sus padres y es presentada en el Templo, donde vive consagrada como una virgen santa, alimentada por ángeles.2,3

Vida en el Templo y esponsales con José

A los doce años, María desciende del Templo por motivos de impureza legal (inicio de la menstruación), según la tradición judía. El sumo sacerdote realiza un prodigio: de las varas de los solteros, una paloma sale de la vara de José, un viudo anciano, designándolo como custodio virginal de María.2

Anunciación, nacimiento de Jesús y huida a Egipto

El ángel anuncia a María su maternidad divina. José, perplejo, la encuentra encinta. El nacimiento ocurre en una cueva cerca de Belén, con detalles milagrosos: una partera testifica la virginidad perpetua de María, y animales adoran al Niño. Una narrativa posterior sobre la huida a Egipto incluye prodigios como bestias salvajes que se postran ante Jesús.2

Manuscritos y versiones

Existen recensiones griegas antiguas y siríacas del Protoevangelio. El papiro Bodmer V ofrece una versión temprana. Influenció el Evangelio del Pseudo-Mateo (siglos IV-V), una reelaboración latina que amplifica los milagros, como dragones y leones adorando al Niño en Egipto.1,2

Influencia en la tradición católica

Aunque apócrifo y no canónico, el Protoevangelio ha moldeado la piedad católica por su énfasis en la santidad de María.

En la liturgia y las fiestas marianas

Es fuente principal de varias solemnidades:

Proporcionó antífonas, responsorios y material litúrgico, especialmente en Oriente.1

En la iconografía y la devoción

Inspiró representaciones artísticas de la infancia de María en el Templo, su presentación y esponsales. En himnos marianos y devociones populares, sus detalles enriquecen la contemplación de la Theotokos (Madre de Dios).1,2

Estatus en la Iglesia Católica

La Iglesia Católica no lo incluye en el canon de la Escritura, considerándolo un apócrifo útil para la piedad pero no para la doctrina de fe. Su valor radica en la tradición devocional, no en revelación divina. Pío XII, en Munificentissimus Deus (1950), alude indirectamente a tales tradiciones para la Inmaculada Concepción, pero basa el dogma en Escritura y Magisterio.2

Teólogos destacan su rol en la «tradición viva», discerniendo elementos compatibles con la fe, como la virginidad perpetua, confirmada por concilios.1

Legado y estudios contemporáneos

El Protoevangelio ilustra cómo la piedad popular complementa la Escritura, fomentando la mariología católica. Ediciones críticas, como las de L. Moraldi (Apócrifos del Nuevo Testamento, 1994), facilitan su estudio.1 En la era moderna, se valora por conectar historia y teología en la figura de María.2

Citas

  1. Pontifical Liturgical Institute. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen V), § 250 (1999). 2 3 4 5 6 7

  2. Apócrifos, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §Apócrifos (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10

  3. Pontifical Liturgical Institute. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen V), § 271 (1999). 2 3 4