El Protoevangelio de Santiago se erige como uno de los textos apócrifos más antiguos y relevantes sobre la vida de la Santísima Virgen María. Escrito en griego koiné, este relato pseudepigráfico pretende ser la narración de Santiago, el hermano del Señor, y cubre desde el nacimiento milagroso de María hasta los primeros momentos de la vida de Jesús. Aunque la Iglesia católica lo considera no canónico y lo clasifica entre los apócrifos del Nuevo Testamento, su impacto en la tradición litúrgica y devocional ha sido innegable, inspirando doctrinas piadosas y celebraciones marianas universales.2
Este texto, datado en la segunda mitad del siglo II, refleja un contexto judío-cristiano y muestra familiaridad con costumbres hebreas. Fue conocido tempranamente por autores como Orígenes, quien lo cita como el Libro de Jacob, y posiblemente por San Justino Mártir. Su valor radica no en la historicidad literal, sino en cómo ha enriquecido la piedad popular y la liturgia, siempre subordinado a la Revelación divina contenida en los Evangelios canónicos.1,2

