Providentissimus Deus ofrece una serie de orientaciones prácticas para el estudio de la Biblia, enfatizando la necesidad de un enfoque que combine la erudición con la piedad:
La Necesidad de un Guía
La encíclica subraya que las Escrituras Sagradas están envueltas en una «cierta oscuridad religiosa» y que nadie puede penetrar en su interior «sin un guía». Este guía es la Iglesia, a quien Dios ha entregado las Sagradas Escrituras. Por lo tanto, al leer y utilizar la Palabra de Dios, los fieles deben seguir a la Iglesia como su guía y maestra.
El Papel de la Teología y la Interpretación
León XIII instruye a los profesores de teología a considerar el uso de la Escritura en materias teológicas. Reconoce que el lenguaje bíblico, bajo la inspiración del Espíritu Santo, expresa muchas cosas que están más allá del alcance de la razón humana, como los misterios divinos. A veces, hay una plenitud y una profundidad de significado que la letra apenas expresa. Además, el sentido literal a menudo admite otros sentidos que ilustran el dogma o confirman la moralidad.
Requisitos para los Exégetas
Los estudiosos de la Biblia deben poseer no solo docilidad y atención, sino también piedad y una vida inocente. Para comprender y explicar las cosas más profundas y oscuras de la Escritura, se requiere la «venida» del Espíritu Santo, es decir, su luz y su gracia, las cuales deben buscarse mediante la oración humilde y guardarse con santidad de vida.
La Colaboración entre Disciplinas
El Papa León XIII anima a la cooperación de todos los católicos que han adquirido reputación en cualquier rama del saber para la defensa de la Santa Biblia. Expresa el deseo de que la verdad encuentre defensores más poderosos y numerosos que sus enemigos, y que los hombres de ciencia eminentes muestren el más marcado honor y respeto por la fe, silenciando así las objeciones de quienes insisten en que la fe es enemiga de la ciencia.
La Resolución de Dificultades
Ante aparentes contradicciones entre la ciencia y la Escritura, los estudiosos deben esforzarse por removerlas. Se debe consultar a teólogos y comentaristas juiciosos para determinar el verdadero o más probable significado del pasaje en discusión. Si la dificultad persiste, se debe suspender el juicio, recordando que la verdad no puede contradecir a la verdad. La historia ha demostrado que muchas objeciones contra la Escritura han resultado ser fútiles, y que las interpretaciones erróneas han sido corregidas por investigaciones más cuidadosas.