El purificador suele tener forma rectangular y está confeccionado tradicionalmente con lino blanco. La tradición litúrgica ha señalado también el cáñamo como material posible. Su tamaño no está fijado en las indicaciones recogidas por la enciclopedia católica de 1913; habitualmente adopta unas dimensiones que permiten doblarlo y colocarlo sobre el cáliz.4,5
Al prepararlo para la misa, suele doblarse longitudinalmente en varias capas. Así queda dispuesto para su uso sobre el cáliz sin confundirse con otros paños litúrgicos. Algunas costumbres añaden una pequeña cruz bordada en el centro, aunque no constituye un requisito.4,5
El purificador forma parte de los elementos que pueden prepararse en la credencia, la mesa auxiliar de la celebración. La Instrucción General del Misal Romano menciona junto al cáliz el corporal, el purificador y, cuando corresponda, la palia.2



