En el lenguaje de la religiosidad popular latinoamericana, el pueblo se dirige a María con nombres que expresan cercanía y afecto filial. En Bolivia, el Magisterio pontificio empleó el modo cariñoso del pueblo al mencionar a «la ‘mamita’ de Cotoca», al hablar de la veneración mariana bajo varios títulos que nacen de la experiencia espiritual y de la vida cotidiana.2
El mismo enfoque aparece en otra intervención pontificia en el marco de una celebración eucarística: el sucesor de Pedro dirige su saludo a la ciudad de Santa Cruz y confía el encuentro del Pueblo de Dios «a la protección materna de la Virgen de Cotoca».1
Esa formulación revela dos claves teológicas y pastorales de la devoción a Cotoca:
- María actúa como Madre y ofrece amparo en la historia concreta de las personas y comunidades.1
- La devoción mariana se integra en una religiosidad popular rica y variada, profundamente arraigada en la conciencia del pueblo, visible en celebraciones religiosas y sociales.2



