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Quas Primas

Quas Primas es una encíclica de Pío XI (1925) dedicada a la Realeza de Jesucristo y a la recuperación pública de su reinado. El documento relaciona la misión redentora de Cristo, el sentido espiritual de su reino y sus exigencias para la vida personal y social, culminando en la institución litúrgica de una fiesta anual en honor de Cristo Rey.1,2,3

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreQuas Primas
CategoríaObra
DescripciónEncíclica de Pío XI (1925) que trata sobre la realeza de Cristo y la instauración de una fiesta litúrgica anual en honor a Cristo Rey
AutorPío XI
Contexto HistóricoPontificado de Pío XI, crisis social y moral del mundo, centenario del Concilio de Nicea
Fecha de Publicación1925
FestividadFiesta litúrgica anual de Cristo Rey
ImportanciaInstituye la celebración del Cristo Rey para promover la paz y la obediencia al gobierno de Cristo.
TemaRealeza de Jesucristo, paz social y establecimiento de la fiesta anual de Cristo Rey
TipoEncíclica
Uso LitúrgicoFiesta anual dedicada a Cristo Rey
Enlace oficialQuas Primas

Tabla de contenido

Presentación del documento

Pío XI inicia Quas Primas describiendo el horizonte del pontificado y el estado espiritual del mundo: la crisis social y moral nace de un alejamiento práctico de Jesucristo y de su ley. El Papa conecta esa fractura con la pérdida de una base sólida para la convivencia y la paz.1

A partir de ese diagnóstico, Pío XI anuncia una línea central: la paz duradera entre las naciones depende de la sumisión efectiva al gobierno del Salvador, es decir, de la restauración del «Reino de Cristo» en la vida personal y en la vida pública.1

Contexto histórico y finalidad apostólica

El pontificado, las dificultades del mundo y la «paz de Cristo»

Pío XI afirma que los males del mundo provienen de que la mayoría de los hombres han expulsado a Jesucristo y a su ley de su vida, ya sea en el ámbito privado o en el político. El Papa vincula esa exclusión con la imposibilidad de una esperanza real de paz estable mientras individuos y Estados rechacen el dominio del Rey.1

En ese marco, Quas Primas presenta la tesis: los hombres deben buscar la paz de Cristo en el Reino de Cristo; el documento pretende ayudar a concretar esa restauración.1

El Año Santo y la gloria del Reino

Pío XI señala que los acontecimientos del Año Santo atribuyen honor y gloria al Señor como Rey y fundador de la Iglesia. El Papa menciona la actividad misionera, la promoción del Reino de Cristo por la labor y el sacrificio de los misioneros, y el compromiso de los fieles que, al participar en Roma, orientan su peregrinación a expiar los pecados y prometer lealtad al gobierno de Cristo.1

La conmemoración de Nicea y el «reinado sin fin»

La encíclica sitúa su intervención también dentro de la celebración del decimosexto centenario del Concilio de Nicea. Pío XI relaciona ese concilio con el dogma de la consubstancialidad del Hijo con el Padre y con la confesión del Credo: «de cuyo reino no habrá fin», una afirmación que sostiene la dignidad real de Cristo.4

La institución de una fiesta litúrgica: Cristo Rey

Pío XI declara que acuerda, por deseo de cardenales, obispos y fieles, incorporar al culto sagrado una fiesta especial dedicada a la Realeza de Jesucristo para cerrar el Año Santo. El Papa pide a los pastores que expliquen el sentido del reinado de Cristo para que la celebración anual produzca frutos abundantes en el porvenir.2

Este gesto no se reduce a una concesión devocional: el documento busca que la liturgia forme la mente y el juicio cristiano y traduzca la fe en una referencia pública estable para la vida de los pueblos.3

La Realeza de Cristo: título, fundamento y alcance

Cristo reina en sentido propio: Dios y hombre

Pío XI inicia una enseñanza que rompe el planteamiento meramente simbólico del «rey». El Papa reconoce un uso antiguo del título de «Rey» aplicado a Cristo de modo figurado por su excelencia, su reinado en los corazones mediante la verdad, y su gobierno en las voluntades por la obediencia perfecta del hombre Jesús a la voluntad divina, además de la caridad y la misericordia que atraen a los hombres.5

Sin embargo, Pío XI conduce el argumento más lejos: el título y el poder de Rey pertenecen a Cristo como hombre en sentido estricto. El Papa afirma que Cristo, como hombre, recibió del Padre poder, gloria y reino; y explica que el Verbo, consustancial al Padre, comparte con Él el dominio supremo sobre las criaturas, por la unidad hipostática.5

Fundamento trinitario y unión hipostática

La encíclica apoya el fundamento del reinado en la doctrina de la unión hipostática: Cristo posee dominio sobre las criaturas no por violencia ni por usurpación, sino por su esencia y naturaleza. La realeza nace de lo que Cristo es y de lo que permanece unido en Él, y conduce a una consecuencia práctica: el mundo debe reconocer su imperio y rendirle adoración.1

Cristo Rey por la redención

Pío XI afirma que Cristo no solo reina por derecho natural, sino también «por adquirido», porque redime. El Papa recuerda el precio de esa redención: la sangre preciosa del Cordero sin mancha. Con ese vínculo, el creyente entiende que no pertenece ya a sí mismo; Cristo compra al hombre con un precio grande, y el cuerpo del fiel se integra como miembro de Cristo.1

El testimonio bíblico del Reino

Pío XI presenta la enseñanza bíblica de manera panorámica, uniendo Antiguo Testamento y Evangelios.

Profecías y promesa de un reino eterno

La encíclica recorre textos proféticos que anuncian un gobierno mesiánico caracterizado por justicia, paz y extensión universal. El Papa menciona la promesa de que el Mesías gobernará desde el mar hasta el mar y hasta los confines de la tierra, y afirma la multiplicación del imperio con «no fin» para la paz.1

Cumplimiento en el anuncio y la misión de Cristo

Pío XI remite al anuncio del ángel a la Virgen: el Señor dará al Hijo el trono de David y su reino no tendrá fin. El Papa también señala que la predicación y el comportamiento de Cristo confirman su realeza: Cristo muestra autoridad, ejerce juicio y recibe de Dios el dominio.1

Naturaleza del Reino: espiritual y ordenado a la salvación

No confundirse con la realeza política

Pío XI enseña que el Reino de Cristo es espiritual y se orienta a realidades espirituales. El documento recuerda que, cuando algunos esperaban una restauración política de Israel, Cristo rechaza esa interpretación; cuando una multitud quiere proclamarle rey por admiración, Cristo evita la aclamación y busca seguridad. El Papa concluye: Cristo afirma ante el poder romano que su reino no pertenece a este mundo.1

Entrada al Reino por la fe y el bautismo

La encíclica describe el modo de entrar en el Reino: los hombres disponen el acceso por la penitencia y solo entran realmente por la fe y el bautismo, que, aunque incluye un rito exterior, produce una regeneración interior.1

Oposición al Reino de las tinieblas

Pío XI afirma que el Reino de Cristo se enfrenta al de Satanás y al poder de las tinieblas. Sus súbditos cultivan desprendimiento de las riquezas, mansedumbre, hambre y sed de justicia, y el seguimiento que incluye la negación de sí y el cargar con la cruz.1

Rey y sacerdote: unidad del misterio redentor

Pío XI vincula la dignidad real de Cristo con su obra redentora y sacerdotal. Cristo compra la Iglesia con su sangre; Cristo se ofrece como sacerdote y continúa ofreciéndose como víctima por los pecados. De ese modo, la encíclica afirma que su realeza participa de un doble aspecto: el precio de la redención y el ministerio sacrificial.6

Cristo y el orden civil: autoridad real sin usurpación

La refutación de un error

La encíclica advierte contra una conclusión frecuente: negar toda autoridad de Cristo en asuntos civiles. Pío XI rechaza esa postura afirmando que Cristo tiene poder sobre todas las cosas por su imperio absoluto sobre las criaturas confiado por el Padre. El Papa también recuerda el modo de proceder de Cristo durante su vida: Cristo evitó ejercer autoridad en el plano temporal; se mantuvo al margen de la gestión de bienes terrestres; no interfería ni interfiere con quienes los poseen. La encíclica expresa esta idea con el principio: «Non eripit mortalia qui regna dat caelestia» (quien da el reino celestial no arrebata los bienes terrenales).7

Universalidad del dominio: personas, familias y Estados

Pío XI enseña que el imperio del Redentor abarca a todos los hombres. La encíclica cita la doctrina de León XIII: el imperio de Cristo incluye no solo naciones católicas y bautizados en comunión, sino también a quienes se apartaron por error o cisma, y alcanza a quienes no pertenecen a la fe cristiana, de modo que toda la humanidad queda bajo el poder de Jesucristo.8

El Papa remarca que el alcance no distingue entre individuo, familia y Estado: todos permanecen bajo el dominio de Cristo. En Él reside la salvación personal y la salvación social, con referencia a la enseñanza apostólica sobre la necesidad de un solo nombre para salvar.8

Pío XI añade un argumento de bien común: Cristo es autor de la felicidad y de la verdadera prosperidad para cada hombre y cada nación, y una nación mejora cuando sus ciudadanos viven en concordia. Por eso, el gobierno que desea preservar su autoridad y promover prosperidad debe cumplir un deber público de reverencia y obediencia a la regla de Cristo.8

El Papa enlaza esa exigencia con su diagnóstico sobre la degradación de la autoridad pública cuando los gobernantes excluyen a Dios y a Jesucristo del espacio político y derivan la autoridad únicamente de los hombres: en ese punto, la sociedad pierde una base segura y cae hacia su ruina.8

La realeza en la liturgia: «la ley de la fe y la ley del culto»

Pío XI sostiene un criterio teológico de gran relevancia para comprender el valor de la fiesta: la Iglesia, presentada como Reino de Cristo en la tierra, honra a su Autor en la liturgia anual como Rey y Señor, y como Rey de Reyes. La encíclica observa que la Iglesia utiliza esos títulos en una variedad de expresiones, tanto en la antigua salmodia como en los libros litúrgicos.9

El Papa subraya además la continuidad oriental y occidental en la alabanza constante a Cristo Rey, y formula el principio clásico: «Legem credendi lex statuit supplicandi» (la ley de la fe determina la ley de la oración). Pío XI presenta ese principio como clave para leer el culto: la oración pública traduce y consolida la fe.9

Obligaciones públicas del Estado según la fiesta de Cristo Rey

Pío XI describe el efecto pedagógico-político de la celebración anual. El Papa afirma que la fiesta recordará a naciones y gobernantes un deber exigente: los príncipes y dirigentes deben dar a Cristo honor y obediencia públicos. La memoria litúrgica conduce al juicio final, donde Cristo, despreciado e ignorado en la esfera pública, reivindica su dignidad con severidad.3

La encíclica concreta el contenido del deber estatal: el Estado debe tener en cuenta los mandamientos de Dios y los principios cristianos al crear leyes y al administrar justicia, y debe cuidar una educación moral sana para la juventud.3

Frutos esperados: paz, justicia y obediencia

Pío XI relaciona el reinado de Cristo con la esperanza de paz que Cristo trae. El Papa describe a Cristo como Rey de la paz, reconciliador y servidor, que ofrece un modelo de humildad y une la ley principal con el mandamiento de la caridad. Añade la promesa de un yugo suave y una carga ligera.6

Si las personas, las familias y las naciones aceptan ser gobernadas por Cristo, el Papa prevé que los males disminuyen, la ley recupera su autoridad, y vuelve la paz con sus bienes. La encíclica imagina un desenlace concreto: los hombres deponen las armas cuando reconocen y obedecen libremente la autoridad de Cristo, y confiesan a Jesucristo como Señor para gloria del Padre.6

Síntesis final

Quas Primas presenta a Cristo Rey como centro de la esperanza moral y social: Cristo reina en los corazones y en las voluntades, reina como hombre en virtud de la unión hipostática, y funda su reinado en la redención. El Reino mantiene una naturaleza espiritual, pero exige consecuencias públicas: el gobierno civil debe reconocer los mandamientos de Dios al legislar, al juzgar y al educar la juventud. El Papa institucionaliza una fiesta litúrgica anual para que la fe cristiana inspire la vida pública y sostenga la paz verdadera entre los pueblos.5,7,3,6

Citas y referencias

  1. Quas primas, Papa Pío XI. Quas Primas (1925). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13
  2. Papa Pío XI. Quas Primas, 6 (1925). 2
  3. Papa Pío XI. Quas Primas, 32 (1925). 2 3 4 5
  4. Papa Pío XI. Quas Primas, 5 (1925).
  5. Papa Pío XI. Quas Primas, 7 (1925). 2 3
  6. Papa Pío XI. Quas Primas, 20 (1925). 2 3 4
  7. Papa Pío XI. Quas Primas, 17 (1925). 2
  8. Papa Pío XI. Quas Primas, 18 (1925). 2 3 4
  9. Papa Pío XI. Quas Primas, 12 (1925). 2
Modificado el 22 de julio de 2026 • FideScore™ 8.78Citar este artículo

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