La teología católica distingue diversas clases de gracia atendiendo a sus efectos, a su duración y a su relación con la misión de la Iglesia.
Gracia santificante
La gracia santificante es un don habitual y estable que transforma interiormente al ser humano y lo capacita para vivir con Dios y actuar por amor. No consiste solo en una ayuda pasajera, sino en una disposición permanente del alma.
También recibe los nombres de gracia habitual, gracia justificante y gracia deificante. Su efecto principal consiste en hacer justo al pecador, no solo mediante el perdón exterior de la culpa, sino mediante una verdadera renovación interior.
La gracia santificante:
- Incorpora a la persona a la vida de la Trinidad.
- Hace posible la amistad sobrenatural con Dios.
- Comunica la filiación adoptiva.
- Capacita para vivir mediante la caridad.
- Fundamenta la vida cristiana y el crecimiento en la santidad.
El bautismo concede la gracia santificante y limpia el pecado original. El pecado mortal destruye la vida sobrenatural en el alma, aunque Dios puede restaurarla mediante la conversión y el sacramento de la penitencia. El pecado venial no elimina la gracia santificante, pero debilita la caridad y desordena la relación con Dios.
Gracia actual
La gracia actual es una ayuda sobrenatural y transitoria que Dios concede para realizar un acto conducente a la salvación. Puede iluminar el entendimiento, fortalecer la voluntad, suscitar el arrepentimiento, impulsar a la oración o ayudar a resistir una tentación.
A diferencia de la gracia santificante, la gracia actual no constituye un estado permanente. Actúa en un momento concreto y orienta hacia una respuesta determinada. La distinción teológica entre ambas contrapone, por tanto, la ayuda pasajera para obrar y la disposición estable que configura un estado de santidad.
La gracia actual puede preceder a la conversión y acompañar después el camino de santificación. Una inspiración para pedir perdón, una luz interior que permite reconocer el mal, una fuerza inesperada para perdonar o un impulso para practicar una obra de misericordia pueden constituir manifestaciones de esta ayuda divina.
Gracia sacramental
La gracia sacramental es la ayuda propia de cada sacramento. Los sacramentos comunican la gracia de Cristo mediante signos visibles confiados a la Iglesia. Cada uno concede una gracia adecuada a su finalidad:
La gracia sacramental no actúa de manera mecánica ni convierte la vida cristiana en una realidad automática. Exige una recepción adecuada y una disposición conforme al sacramento. En los sacramentos de vivos, la recepción indigna no produce fruto espiritual y puede constituir un pecado grave.
Gracias de estado
Las gracias de estado son ayudas que Dios concede a una persona para cumplir fielmente la misión, responsabilidad o vocación que ha recibido. Alcanzan a los padres y madres de familia, a los ministros ordenados, a las personas consagradas, a quienes ejercen responsabilidades eclesiales y a todos los cristianos en sus deberes ordinarios.
Estas gracias no convierten automáticamente en santos a quienes reciben una responsabilidad. Ofrecen luz, fortaleza y prudencia para realizarla según el Evangelio. La persona debe acogerlas mediante la oración, la formación, la humildad y el esfuerzo cotidiano.