Qué es la Iglesia
La Iglesia católica se presenta como un misterio profundo que une lo divino y lo humano en una sola realidad compleja, siendo a la vez sacramento de salvación, Cuerpo de Cristo, Pueblo de Dios y comunión de fe. Según la enseñanza del Concilio Vaticano II, no es una mera institución humana, sino una realidad viva animada por el Espíritu Santo, llamada a perpetuar la revelación apostólica y a guiar a la humanidad hacia la unidad con Dios. Este artículo explora su naturaleza, origen, estructura y misión, destacando su unidad inseparable entre elementos visibles e invisibles, tal como se describe en documentos magisteriales como Lumen Gentium y Dei Verbum.1,2
Tabla de contenido
Etimología y origen del término
La palabra Iglesia proviene del griego ekklesía, que significa «asamblea convocada» o «reunión de los llamados». En el contexto bíblico, se refiere a la comunidad reunida por Dios para su alabanza y misión. En el Antiguo Testamento, equivale a la qahal hebrea, la asamblea del pueblo elegido.2
El Nuevo Testamento aplica este término a la comunidad cristiana fundada por Jesucristo. San Pablo lo usa para designar tanto las comunidades locales como la universal (Ef 1,22-23; Col 1,18). Cristo mismo promete edificar su Iglesia sobre Pedro (Mt 16,18), estableciéndola como columna y sustentáculo de la verdad (1 Tm 3,15). Esta noción de «convocación» subraya su dimensión vocacional: la Iglesia es el conjunto de quienes responden al llamado divino.3
La Iglesia en la Revelación divina
La Iglesia no es un invento humano, sino parte del plan salvífico revelado por Dios. En Dei Verbum, el Concilio Vaticano II explica que la revelación apostólica, transmitida por la predicación y los escritos inspirados, se preserva mediante una sucesión ininterrumpida de predicadores hasta el fin de los tiempos.1 Los Apóstoles, al entregar lo recibido, exhortan a aferrarse a las tradiciones orales y escritas (2 Ts 2,15), abarcando todo lo que contribuye a la santidad y al crecimiento en la fe.4
La tradición apostólica, que viene de los Apóstoles, progresa en la Iglesia con la ayuda del Espíritu Santo. Hay un crecimiento en la comprensión de las realidades y palabras transmitidas.1
Así, la Iglesia es el depósito vivo de la fe, donde Escritura y Tradición se unen en una sola fuente divina, fluyendo del mismo manantial y tendiendo al mismo fin.5 Sin esta Tradición, la Escritura sería incompleta, perdiendo su integridad plena.5
Naturaleza misteriosa de la Iglesia
El Concilio Vaticano II, en Lumen Gentium (§ 8), define la Iglesia como una realidad compleja que no se reduce a dos elementos separados —divino e humano—, sino que forma una sola realidad coalescente de ambos, similar a la unidad del ser humano compuesta de cuerpo y alma.6,2
Elementos divinos y humanos inseparables
La Iglesia es divina por su origen en Cristo y su animación por el Espíritu Santo, que la informa como alma del Cuerpo Místico.7 Es humana en su estructura visible, compuesta por fieles pecadores que forman una sociedad jerárquica.6 Esta dualidad no implica tensión dialéctica, sino una unidad sustancial donde lo institucional sostiene la comunión espiritual.2
Los diversos elementos que constituyen el misterio de la Iglesia […] forman una sola realidad compleja que proviene de una realidad divina y una humana.2
Teólogos como Charles Journet hablan de elementos «coextensivos», inseparables: la institución no existe sin la comunión, ni viceversa.2 Frente al dualismo protestante (Iglesia visible vs. invisible), el catolicismo afirma su visibilidad sacramental.6
La Iglesia como sacramento de salvación
Desde sus inicios, Lumen Gentium (§ 1) la presenta como sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y la unidad del género humano.7 Es «sacramento de unidad y salvación de los hombres», manifestándose en una realidad única interior y exterior.7
Esta sacramentalidad implica que la Iglesia no solo anuncia la salvación, sino que la hace presente mediante los sacramentos, la enseñanza y la vida litúrgica.6
La Iglesia como Cuerpo de Cristo y Pueblo de Dios
Cristo es la cabeza de la Iglesia, su Esposo y Pastor (Ef 5,23). Ella es su Cuerpo Místico, donde los miembros participan de su vida divina.3 Como Pueblo de Dios, congrega a todos los llamados a la santidad, con diversidad de carismas pero unidad en la fe.2
En Pastores Dabo Vobis, Juan Pablo II subraya que la Iglesia es un mysterium vocationis: su ser mismo es vocacional, una «convocación» para seguir a Cristo.3 El Espíritu Santo la anima, transfigurando a sus hijos en herederos de la gloria (Rm 8,15).7
Unidad y catolicidad de la Iglesia
La unidad es esencial: no hay Iglesia sin comunión plena bajo el sucesor de Pedro.5 Su catolicidad abarca todo tiempo, espacio y cultura, preservando la fe íntegra mediante la Tradición viva.1 El Magisterio, en sucesión episcopal, profundiza su comprensión con el paso de los siglos.4
Frente a interpretaciones binominales (institución vs. comunión), la teología tomista integra ambos en una unidad real.2
La Iglesia en el Magisterio contemporáneo
Vaticano II revitalizó la eclesiología, superando visiones estáticas. Pablo VI enfatizó su misión en el mundo como cuerpo social de Cristo.7 Juan Pablo II, en Pastores Dabo Vobis, llamó a un discernimiento evangélico ante los signos de los tiempos, formando sacerdotes para la nueva evangelización.8,9
La Iglesia enfrenta desafíos modernos —secularismo, divisiones— pero confía en la fidelidad de Cristo.8 Su misterio se actualiza en la liturgia, donde el Evangelio resuena vivo.1
Misión y estructura de la Iglesia
La Iglesia existe para evangelizar, santificar y servir. Su estructura jerárquica (papa, obispos, presbíteros) garantiza la unidad doctrinal.3 Como sociedad perfecta, posee todos los medios para su fin: unión con Dios.6
En la vida cotidiana, se manifiesta en parroquias, movimientos laicales y obras de caridad, siempre orientada a la nuevas evangelización.8
En resumen, la Iglesia católica es el misterio vivo de comunión divina-humana, llamada a perpetuar la salvación en Cristo hasta el fin de los tiempos. Su estudio invita a una fe más profunda y un compromiso renovado con su misión universal.
Citas
Dei Verbum, Concilio Vaticano II. Dei Verbum (1965). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5
La definición de la Iglesia, Benoît‑Dominique de La Soujeole, O.P. El Misterio de la Iglesia, § 2 (2010). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6 ↩7 ↩8
Capítulo IV – Vocación sacerdotal en la obra pastoral de la Iglesia – Busca, sigue, permanece, Papa Juan Pablo II. Pastores Dabo Vobis, § 34 (1992). ↩ ↩2 ↩3 ↩4
Capítulo II – Transmitiendo la revelación divina, Concilio Vaticano II. Dei Verbum, § 8 (1965). ↩ ↩2
Kevin Raedy. ¿Qué sucedió con la Vulgata? Un análisis de Divino Afflante Spiritu y Dei Verbum, § 9 (2013). ↩ ↩2 ↩3
Mark S. Kinzer, Gavin D’Costa, James Keating, et al. Reseñas de libros (Nova et Vetera, vol. 15, n.º 3), § 32 (2017). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5
Papa Pablo VI. A los participantes del Segundo Congreso Internacional de Derecho Canónico (17 de septiembre de 1973) – Discurso. ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5
Pastores dabo vobis, Papa Juan Pablo II. Pastores Dabo Vobis (1992). ↩ ↩2 ↩3
Capítulo I – Los desafíos que enfrenta la formación sacerdotal al concluir el segundo milenio – Discernimiento evangélico, Papa Juan Pablo II. Pastores Dabo Vobis, § 10 (1992). ↩
