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Qué es la Iglesia

La Iglesia es el pueblo que Dios reúne en todo el mundo mediante Jesucristo y en el Espíritu Santo. Es, a la vez, una comunidad visible de creyentes, una comunión con Dios y entre sus miembros, y el Cuerpo de Cristo, llamado a anunciar el Evangelio y a servir a la salvación de la humanidad. Su vida se expresa en las comunidades locales y, especialmente, en la celebración de la Eucaristía.1

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreQué es la Iglesia
CategoríaTérmino
DescripciónComunidad visible de creyentes, comunión con Dios y con los miembros, y Cuerpo de Cristo. El pueblo que Dios reúne en todo el mundo por medio de Jesucristo y en el Espíritu Santo. Convocatoria o asamblea
Referencias
AtributosUna, santa, católica y apostólica.
OrigenDesignio de Dios de reunir a la humanidad; fundada por las palabras y acciones de Jesucristo, con culminación en su muerte y resurrección, y manifestada en Pentecostés.
Personas RelacionadasJesucristo, Juan Pablo II, Benedicto XVI
TemaPueblo de Dios, Cuerpo de Cristo, Eucaristía, Reino de Dios, Santidad, Misión
TipoDoctrina

Tabla de contenido

Significado de la palabra

La palabra Iglesia procede del latín ecclesia, derivado del griego ekklesía, que significa convocatoria o asamblea. En la tradición bíblica griega, el término designaba también la asamblea del pueblo de Israel ante Dios. Los primeros cristianos adoptaron ese nombre para expresar que Dios reúne en Cristo a su pueblo de todos los lugares.1

En el uso cristiano, Iglesia puede referirse a tres realidades relacionadas: la asamblea litúrgica, la comunidad local de creyentes y la comunidad universal de quienes creen en Cristo. No son sentidos independientes: la Iglesia universal vive en las Iglesias locales, y estas se reúnen para celebrar la liturgia, especialmente la Eucaristía.1

La Iglesia no es solo una organización religiosa ni una asociación formada por decisión humana. La fe católica la entiende como una realidad humana y divina: una comunidad histórica que recibe su vida de Dios y participa de la obra de Cristo por la acción del Espíritu Santo.2,3

La Iglesia en el plan de Dios

La Iglesia nace del designio de Dios de reunir a la humanidad y hacerla partícipe de la vida divina. La elección de Israel preparó esa reunión: el pueblo elegido debía ser signo de la futura congregación de todas las naciones.1,4

Jesucristo dio comienzo a la Iglesia mediante su predicación del Reino de Dios y sus obras. La Iglesia quedó fundada por sus palabras y acciones, y la muerte y resurrección de Cristo culminaron su obra redentora. En Pentecostés, la venida del Espíritu Santo manifestó la Iglesia como comunidad de salvación.1,4

La Iglesia peregrina en la historia y espera su plenitud en la gloria. Su destino es la reunión de todos los redimidos; por eso, su vida presente apunta hacia una consumación que aún no ha alcanzado plenamente.4

Pueblo de Dios

La expresión pueblo de Dios muestra que la Iglesia no consiste en una suma de individuos aislados. Dios santifica y salva reuniendo a las personas en un pueblo unido por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.5

La incorporación a este pueblo llega por la fe en Cristo y el bautismo. Jesucristo es su cabeza; sus miembros reciben la dignidad y libertad propias de los hijos de Dios, y su ley fundamental es el mandamiento nuevo del amor. La misión de este pueblo consiste en ser sal de la tierra y luz del mundo, mientras su destino es el Reino de Dios, ya iniciado en la historia.6

La Iglesia es también un pueblo en camino. El Espíritu Santo la sostiene y orienta, y sus miembros necesitan una conversión constante. La peregrinación eclesial reúne, por tanto, una identidad recibida de Dios y una tarea histórica de crecimiento en la santidad.7

Cuerpo de Cristo y comunión

La imagen del Cuerpo de Cristo expresa que la Iglesia recibe su unidad y su vida de Jesucristo. Él es la cabeza; los bautizados forman los miembros de su cuerpo. La Iglesia no sustituye a Cristo, sino que vive unida a él y participa de su misión.1,6

La Iglesia es también una comunión: une a sus miembros con Dios y entre sí. Esta comunión tiene su fundamento en la vida trinitaria y se inicia mediante la fe y el bautismo. La Eucaristía la alimenta y fortalece: quienes participan del Cuerpo de Cristo quedan unidos como un solo cuerpo eclesial.8,2

Esta unidad no elimina la diversidad. En la Iglesia conviven vocaciones, ministerios y dones diferentes, ordenados al bien común y a una misma misión. La estructura eclesial combina, por ello, la igualdad fundamental de los fieles con la diversidad de servicios y responsabilidades.8,9

Imágenes bíblicas de la Iglesia

La tradición cristiana emplea diversas imágenes para expresar aspectos del misterio de la Iglesia. Ninguna imagen lo agota por sí sola; cada una ilumina una dimensión particular de su vida.1,2

Rebaño y campo

La Iglesia aparece como un rebaño bajo el cuidado de Dios. Cristo es su pastor y guía; los pastores humanos sirven dentro de la comunidad, pero Cristo conserva su papel de pastor principal.1

También se compara la Iglesia con un campo cultivado por Dios. Cristo es la vid que da vida y fecundidad a sus sarmientos: la comunidad cristiana solo puede dar fruto si permanece unida a él.1

Edificio y templo

La Iglesia es un edificio espiritual construido sobre Cristo, piedra angular, y sobre el fundamento apostólico. Sus miembros son piedras vivas que forman una morada para Dios. La imagen del templo expresa la presencia de Dios en la comunidad y la acción del Espíritu Santo en ella.1

Esposa y madre

La Escritura presenta también a la Iglesia como esposa de Cristo. La imagen expresa el vínculo de amor entre Cristo y su pueblo, y la entrega de Cristo por la Iglesia. La tradición la llama también madre, pues engendra y sostiene la vida cristiana de sus hijos.1,7

La misión de la Iglesia

La Iglesia existe para continuar la misión de Jesucristo en la historia. Su naturaleza es misionera: anuncia a Cristo a todos los pueblos y da testimonio del Evangelio con palabras y obras. Esta misión procede del designio del Padre y de la misión del Hijo y del Espíritu Santo.10

Como pueblo de Dios, la Iglesia participa en la misión de Cristo. Su tarea comprende el anuncio de la Palabra, la celebración de los sacramentos, el testimonio cristiano y el servicio a la unidad de la humanidad. La comunidad eclesial recibe de Dios los medios necesarios para formar a los fieles y guiarlos en la vida cristiana.7,3

La Iglesia no identifica el Reino de Dios con sus propias estructuras históricas. Lo hace presente de modo misterioso y trabaja al servicio de su crecimiento, mientras espera su plenitud.1

Una, santa, católica y apostólica

La profesión de fe reconoce a la Iglesia como una, santa, católica y apostólica. Estos atributos expresan rasgos esenciales de su identidad y están vinculados a la fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.1

La Iglesia es una porque Dios reúne a sus miembros en una misma comunión; santa porque pertenece a Dios y recibe de Cristo y del Espíritu la llamada y los medios para la santidad; católica porque su misión se dirige a todos los pueblos; y apostólica porque la fe cristiana se transmite en continuidad con el testimonio y la misión de los apóstoles. La catolicidad incluye, por tanto, una vocación universal de anuncio.1,10

La Iglesia visible y el misterio

La Iglesia posee una dimensión visible: está formada por comunidades concretas, celebra la liturgia y cuenta con ministerios y formas de organización. También posee una dimensión espiritual: su origen y su vida dependen de Dios, y su unidad más profunda consiste en la comunión con Cristo por el Espíritu Santo.1,7

Estas dimensiones no se oponen. La Iglesia visible sirve a una realidad que la supera: hace presente históricamente la comunión con Dios y la unidad entre las personas. Por eso, la teología católica la describe como signo e instrumento de la unión con Dios y de la unidad de la humanidad.3

Su condición histórica implica también la necesidad de renovación. El Espíritu sostiene la misión de la Iglesia, mientras sus miembros y sus estructuras cambiantes necesitan purificación y reforma continuas.7

Citas y referencias

  1. Capítulo tercero: Creo en el Espíritu Santo, Catecismo de la Iglesia Católica, 750 (1992). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15
  2. José R. Villar. El Misterio de la Iglesia en la Trilogía Trinitaria de Juan Pablo II, 4 (1988). 2 3
  3. José R. Villar. El Misterio de la Iglesia en la Trilogía Trinitaria de Juan Pablo II, 6 (1988). 2 3
  4. Primera parte: La profesión de fe. Capítulo tercero: Creo en el Espíritu Santo. La Iglesia en el plan de Dios, Promulgado por el papa Benedicto XVI. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 149 (2005). 2 3
  5. Primera parte: La profesión de fe. Capítulo tercero: Creo en el Espíritu Santo. La Iglesia: Pueblo de Dios, cuerpo de Cristo, templo del Espíritu, Promulgado por el papa Benedicto XVI. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 153 (2005).
  6. Primera parte: La profesión de fe. Capítulo tercero: Creo en el Espíritu Santo. La Iglesia: Pueblo de Dios, cuerpo de Cristo, templo del Espíritu, Promulgado por el papa Benedicto XVI. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 154 (2005). 2
  7. Tercera parte: El mensaje cristiano - Significado y propósito de esta parte - Capítulo II: Los elementos más sobresalientes del mensaje cristiano - La Iglesia, pueblo de Dios e institución salvífica, Sagrada Congregación para el Clero. Directorio Catequístico General, 65 (1971). 2 3 4 5
  8. A. Aranda. El misterio de Cristo en el misterio de la Iglesia, 7 (1992). 2
  9. P. Rodríguez. La identidad teológica del laico, 5 (1987).
  10. La Iglesia, papa Juan Pablo II. Audiencia general del 14 de junio de 2000, 4 (2000). 2
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