La formulación: «No matarás»
El mandamiento recibe su forma clásica en el Decálogo: «No matarás».1,3
La Iglesia entiende este mandato como una frontera moral que no admite excepciones cuando el acto mira directamente a la destrucción de una vida humana inocente.4,5
La vida humana: sagrada e inviolable
El corazón teológico del quinto mandamiento afirma que la vida humana posee una dignidad propia porque implica la acción creadora de Dios y permanece en una relación singular con el Creador. Dios solo gobierna la vida desde su inicio hasta su término; ningún ser humano puede reclamar el derecho de destruir directamente a una persona inocente, «en cualquier circunstancia».6,7
Juan Pablo II formula el núcleo con una fuerza categórica: el precepto «No matarás» tiene valor absoluto cuando se refiere al inocente.5
Relación entre el mandamiento y el amor al prójimo
El quinto mandamiento no se reduce a un «límite negativo». Impulsa una actitud positiva de respeto absoluto por la vida, promueve la defensa de la vida y guía hacia un amor que «da, recibe y sirve».4
Cristo enlaza la ética del prójimo con la caridad: amar al prójimo resume la ley, y el mandamiento «No matarás» queda integrado en esa cumbre.4
