Antecedentes de la Reconquista
Desde la invasión musulmana de 711, la península se dividió entre dominios islámicos y enclaves cristianos que, pese a su debilidad, mantuvieron la esperanza de recuperar sus tierras. La Batalla de Las Navas de Tolosa (1212), promovida por el Papa Inocencio III, marcó un punto de inflexión al debilitar significativamente al poder almohade y abrir la ruta para posteriores conquistas cristianas1.
Papel de la Iglesia y los papas
Los papas concedieron bulas de indulgencia y bulas de cruzada que legitimaban la guerra contra los «infieles». El Bull of the Crusade de Urban II (1089) y posteriores concesiones durante el reinado de los Reyes Católicos otorgaron indulgencias a quienes lucharan por la fe, siguiendo la tradición de los primeros cruzados en la Península2. En 1455, el Papa Nicolás V, mediante la bula Romanus Pontifex, autorizó a los monarcas castellanos a «invadir, buscar, capturar y subyugar a todos los sarracenos y paganos», presentando la expansión territorial como una obra pía y noble al servicio de la salvación de almas3.

