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Reconstrucción del Segundo Templo

La reconstrucción del Segundo Templo de Jerusalén fue el proceso por el que los judíos retornados del exilio en Babilonia restauraron el culto y levantaron un nuevo santuario en el lugar del primero. Iniciado bajo el liderazgo de Zorobabel y del sumo sacerdote Josué, el proyecto sufrió una larga interrupción y culminó en época persa, a comienzos del siglo VI a. C. Siglos después, Herodes el Grande emprendió una ampliación monumental del edificio; este templo, conocido en tiempos de Jesús, fue destruido por los romanos en el año 70 d. C.

Israel Museum 17311 (14262124886)
Ver información de la imagen17311 Museo de Israel, c. 2014. 17311, Sarah Murray de South Bend, IN, EE. UU., CC BY-SA 2.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreReconstrucción del Segundo Templo
CategoríaSuceso histórico
DescripciónProceso por el que los judíos retornados del exilio en Babilonia restauraron el culto y levantaron un nuevo santuario. 515 a. C. Siglo VI a. C
ConsecuenciasRestauró el centro del culto judío tras el exilio y marcó la vida religiosa de Jerusalén hasta su destrucción en el año 70 d. C.
HistoriaIniciado tras el exilio en Babilonia, completado en época persa (515 a. C.), purificado tras la revuelta macabea, ampliado por Herodes el Grande y destruido por los romanos en el año 70 d. C.
Importancia HistóricaRestauró el centro del culto judío después del exilio y marcó la vida religiosa de Jerusalén durante siglos.
Interpretación TradicionalLa tradición cristiana lee la historia del Templo a la luz de Jesucristo, viendo en su cuerpo y en la Iglesia la morada espiritual de Dios.
Personas relacionadasZorobabel y el sumo sacerdote Josué
TestigosZorobabel, Josué, Ageo, Zacarías, Antíoco IV Epífanes, Herodes el Grande
UbicaciónJerusalén

Tabla de contenido

Contexto: el exilio y la pérdida del Primer Templo

El Primer Templo de Jerusalén, vinculado a la tradición bíblica con el reinado de Salomón, había sido el centro del culto de Judá. La conquista de Jerusalén por los babilonios y la deportación de parte de su población pusieron fin a aquel santuario. Durante el exilio, la restauración del culto en Jerusalén quedó asociada al regreso a la tierra de los antepasados y a la reorganización de la comunidad judía.1,2

En 538 a. C., Ciro, rey de Persia, permitió el retorno de los deportados. Los repatriados estuvieron encabezados por Zorobabel, descendiente de la casa real de Judá, y por el sacerdote Josué, hijo de Josedec. Su primera tarea religiosa consistió en levantar de nuevo el altar y reanudar los sacrificios prescritos por la Ley.2,3

La reconstrucción del santuario no fue, por tanto, una obra arquitectónica aislada. Formó parte de la recuperación de la vida religiosa de una comunidad que, tras el exilio, se organizó bajo el dominio persa y concedió un lugar central al culto y a la observancia de la Ley.4,5

Primera fase de las obras

El altar y el comienzo del proyecto

El libro de Esdras sitúa la reanudación de los sacrificios en el séptimo mes, antes de que estuvieran colocados los cimientos del templo. La comunidad celebró las fiestas y mantuvo las ofrendas regulares; después, sus dirigentes contrataron canteros y carpinteros y organizaron el transporte de madera de cedro desde el Líbano, con ayuda de trabajadores de Sidón y Tiro.3

La colocación de los cimientos ocurrió en el segundo año tras la llegada de los repatriados a Jerusalén. Zorobabel y Josué supervisaron la obra junto con sacerdotes, levitas y otros miembros de la comunidad. La ceremonia incluyó trompetas, címbalos y cantos de alabanza. Mientras muchos celebraban, algunos ancianos que habían conocido el Primer Templo lloraron al comparar ambos edificios.3

Interrupción y reanudación

Las obras quedaron detenidas durante años. Las dificultades procedieron tanto de la oposición de vecinos de la región como del enfriamiento del entusiasmo de la propia comunidad. La tradición histórica católica relaciona la reanudación del proyecto con la predicación de los profetas Ageo y Zacarías, que exhortaron a los dirigentes y al pueblo a retomar la construcción.5,2

La reanudación tuvo lugar durante el reinado de Darío I, rey de Persia. El apoyo de las autoridades persas y la perseverancia de los trabajadores permitieron completar el santuario. La obra culminó en 515 a. C., según la cronología recogida por la Catholic Encyclopedia; otra referencia de la misma tradición enciclopédica sitúa su terminación en 516 a. C. La diferencia de un año refleja una discrepancia cronológica menor en la datación tradicional.4,2

El templo de época persa

El Segundo Templo se levantó sobre el emplazamiento del santuario anterior y restableció en Jerusalén el culto sacrificial. No alcanzó, en la memoria de quienes habían visto el edificio de Salomón, la magnificencia de aquel primer santuario. El contraste aparece ya en el relato de la colocación de los cimientos: los gritos de alegría de unos se mezclaron con el llanto de los ancianos.1,3

La reconstrucción fortaleció la identidad religiosa de la comunidad retornada. El templo, el altar y las celebraciones litúrgicas dieron continuidad pública al culto de Israel bajo el dominio persa, aunque el pueblo no restauró una monarquía propia.4

De la época persa a la revuelta macabea

Tras el periodo persa, Jerusalén pasó por sucesivas dominaciones. En el siglo II a. C., Antíoco IV Epífanes impuso medidas favorables al culto helenístico en el templo. La reacción contra esa política dio lugar a la revuelta de los Macabeos. Tras la victoria, los insurgentes purificaron y dedicaron de nuevo el santuario. La conmemoración de aquella purificación quedó vinculada a la fiesta judía de Janucá, celebrada el día 25 del mes de kislev.1,4

En época asmonea, Jerusalén recuperó importancia política y religiosa. Las obras de ampliación de la explanada del Templo formaron parte de la transformación de la ciudad durante ese periodo.6

La gran ampliación de Herodes

Herodes el Grande, rey de Judea bajo la autoridad romana, emprendió una renovación de gran escala para dotar al templo de mayor riqueza y esplendor. Las obras comenzaron alrededor del año 20 a. C. y continuaron durante décadas; en tiempos de Jesús, el conjunto estaba prácticamente terminado, aunque aún quedaban trabajos por rematar.7

Por esta razón, la expresión Segundo Templo puede designar tanto el santuario reconstruido tras el exilio como el conjunto monumental ampliado por Herodes. La obra herodiana no fue el comienzo de un tercer templo: transformó y engrandeció el edificio que pertenecía a la continuidad del santuario levantado en época persa.7,1

El Segundo Templo en el Nuevo Testamento

El templo ampliado por Herodes ocupaba un lugar central en la vida religiosa de Jerusalén en tiempos de Jesús. Los Evangelios presentan a Jesús en el recinto del Templo y recogen su anuncio de la destrucción de Jerusalén. Una obra teológica católica relaciona esa predicción con el llanto de Jesús ante la ciudad y con la ruina del santuario.7

La destrucción llegó en el año 70 d. C., durante la guerra judía contra Roma. El incendio y la ruina del edificio pusieron fin al culto sacrificial en el Templo de Jerusalén.7,8

Interpretación cristiana

La tradición cristiana lee la historia del Templo a la luz de Jesucristo. En el Evangelio según san Juan, Jesús relaciona el templo con su propio cuerpo; los autores cristianos antiguos interpretaron esta relación como una nueva comprensión de la presencia de Dios, centrada en Cristo. Orígenes, al comentar el pasaje de los cuarenta y seis años de construcción, distingue el templo material de la significación espiritual que los cristianos reconocen en Cristo.9

San Cirilo de Alejandría desarrolla una interpretación eclesial de la imagen del templo: la Iglesia, edificada sobre Cristo y formada por los creyentes, constituye una morada espiritual de Dios. Esta lectura no elimina la importancia histórica del santuario de Jerusalén, pero sitúa su significado en la historia de la salvación culminada en Cristo.8

Legado

La reconstrucción del Segundo Templo restauró el centro del culto judío después del exilio y marcó la vida religiosa de Jerusalén durante siglos. Su historia comprende varias etapas: la obra de Zorobabel y Josué, la purificación macabea y la ampliación herodiana. La destrucción romana del año 70 d. C. puso término al edificio, pero su recuerdo continuó ocupando un lugar central en la historia judía y en la interpretación cristiana de la Escritura.7,1,4

Citas y referencias

  1. Antonio García Moreno. Adorar al Padre en espíritu y verdad, 14 (1991). 2 3 4 5
  2. Historia de los judíos, Enciclopedia Católica, Historia de los judíos (1913). 2 3 4
  3. La Biblia, Nueva Versión Estándar Revisada, edición católica (NRSV-CE), Esdras 3 (1993). 2 3 4
  4. Israelitas, Enciclopedia Católica, Israelitas (1913). 2 3 4 5
  5. Cautividades de los israelitas, Enciclopedia Católica, Cautividades de los israelitas (1913). 2
  6. F. Varo. El marco histórico del Antiguo Testamento. Perspectivas actuales, 32 (1995).
  7. Antonio García Moreno. Adorar al Padre en espíritu y verdad, 15 (1991). 2 3 4 5
  8. Tomo I. Sobre el profeta Zacarías. Tomo segundo, Cirilo de Alejandría. Comentario al profeta Zacarías, 25 (1859). 2
  9. B22. El templo de Salomón no tardó cuarenta y seis años en edificarse. Respecto al de Esdras no podemos saber cuánto tardó. Significado del número cuarenta y seis, Orígenes de Alejandría. Comentario al Evangelio de Juan, 137.
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