La dignidad del ser humano
San Juan Pablo II declara que el ser humano es «imagen viva de Dios» y que su dignidad es inseparable de la redención en Cristo. La encíclica insiste en que la Iglesia tiene la misión primordial de defender la dignidad de cada persona, desde su concepción hasta su muerte.
Cristo como Redentor y vía de la Iglesia
El Papa afirma que «el hombre es la primera y fundamental vía de la Iglesia» y que la misión eclesial se dirige a «apuntar la mirada de la humanidad al misterio de Cristo». La unión de Cristo con cada hombre se presenta como la base de toda evangelización y pastoral.
La misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo
Redemptor Hominis subraya que la Iglesia debe ser «el camino del hombre» y, por tanto, estar siempre atenta a su dignidad y a sus necesidades concretas. El documento llama a la Iglesia a ser «signo y salvaguardia de la trascendencia de la persona humana» y a responder a los «materialismos» de la época con el Espíritu Santo.
La centralidad de la Eucaristía y la penitencia
En el capítulo 20, la encíclica vincula la vida eclesial con la celebración eucarística y la necesidad de una penitencia viva: «la Iglesia del nuevo Advento debe ser la Iglesia de la Eucaristía y de la Penitencia». El Papa recuerda que la Eucaristía es «fuente y cumbre de toda vida cristiana» y que la reconciliación sacramental es indispensable para la plena participación en la comunión eucarística.