La Congregación del Santísimo Redentor surgió en un contexto de renovación espiritual en el sur de Italia durante el siglo XVIII. San Alfonso de Ligorio, tras una vida como abogado en Nápoles y un profundo retiro espiritual, sintió el llamado a dedicarse a la predicación entre los campesinos y los marginados. En noviembre de 1732, en la localidad de Scala, cerca de Amalfi, Alfonso estableció la primera comunidad en una pequeña casa adyacente al convento de las Redentoristas, unas religiosas inspiradas en una revelación de la hermana María Celeste Crostarosa.2
Inicialmente, el grupo contó con siete postulantes bajo la dirección informal de Monseñor Tommaso Falcoia, obispo de Castellamare. Sin embargo, pronto surgieron disensiones sobre la autoridad superior, lo que provocó un cisma temporal. Alfonso quedó casi solo con un hermano lego, pero la llegada de nuevos miembros permitió la expansión. En 1733, se iniciaron misiones exitosas en la diócesis de Amalfi, y en enero del año siguiente se fundó una segunda casa en Villa degli Schiavi.2
El santo insistió en un estilo de vida austero y misionero, caracterizado por la predicación itinerante, la confesión abundante y el seguimiento de las huellas de Cristo pobre y humilde. Este enfoque respondía a la necesidad de evangelizar las zonas rurales olvidadas del Reino de Nápoles.2,3

